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Ganas de todo3.- Tenía veintiocho años, un negocio y por otra parte muchas ganas de divertirme. Recuerdo que estaba en una discoteca cuando le comenté a mi “amigo” de entonces que mi cuerpo no resistía más trabajar durante dieciséis horas y no poder disfrutar de la “magia” que podía tener aquel verano. Después de muchos años sólo dedicados al trabajo necesitaba pasarlo bien. No había sido fácil atender el negocio familiar que habíamos creado, he incluso consideraba que el esfuerzo que durante varios años me había motivado o estimulado no tenía ningún valor si mi vida solo iba a ser trabajo y un poco más de trabajo. Prácticamente de la nada había conseguido tener hasta tres restaurantes. Con grades sacrificios, mucha ilusión, grandes expectativas y también mucho cansancio. Si algo echaba de menos era un fin de semana. ¿Cómo?... Era indiferente… Salir y disfrutar de dos días de vacaciones se convertía para mí, un sueño difícil de cumplir. Aunque tenía buenas ideas y ganas de trabajar me faltó cabeza para otras cosas. Eso lo deduzco ahora, no es fácil escribir un pasado con la cabeza fría, pues cada letra que intento enlazar con otra e de reflexionarla y sobretodo recordarla lo que complica más las cosas. El otoño anterior la sociedad que formábamos por un lado mis padres y por otro yo decidimos deshacernos de uno de los tres negocios de restauración que regentábamos. El hecho es que aún teniendo algo más de respiro. Mi situación no había cambiado mucho. Confieso que para mis padres tampoco. ¿Cómo es posible que después de ejecutar un bar que trabajaba sólo...? No dejábamos de hacer horas y más horas Si que es cierto que podíamos comer sentados y con una mesa por delante, para sostener los platos y los cubiertos más que nada. Comer de pié detrás de un mostrador cuando la clientela daba su permiso se “había acabado”. Eso si fue verdad, sentados… y cuando la clientela daba su permiso. He de decir que los lunes… bueno durante una buena época fueron los martes… y en otra si no recuerdo mal los miércoles. Pero al final se quedó en lunes y así quedará. … He de decir que, los lunes teníamos “descanso”. Los aprovechábamos para hacer aquellas compras que necesitaríamos durante el resto de la semana, después, comer y la tarde libre. Una siesta de veinticuatro horas era, mi mayor deseo. Me identificaba con un Alfredo Landa intentando como fuere dormir y descansar, en una de sus divertidas películas. Eso es lo que hacía, pero allá a las diez de la noche, cansado de dormir necesitaba cenar algo, salir y comunicarme con más gente. Esta rutina traía como consecuencia volver a trasnochar y levantarte, vuelta de nuevo al trabajo con el mismo sueño que luego tendría durante toda la semana. Tampoco me quejaba, pues sabiendo que realmente solo disponía de una tarde para poder hacer lo que se me antojase, consideraba que no lo aprovechaba mal del todo, pues después de descansar un buen rato extra, salía cuando realmente había algo de ambiente… Sobre todo en invierno. Realmente lo duro no era trasnochar, lo peor era levantarme, centrar la cabeza, lavarme la cara y con un fuerte suspiro comenzar un día francamente agotador. 28/11/2005 01:23 Autor: Tamarix. Enlace permanente. Tema: El día en el que la oscuridad, me iluminó. Comentarios » Ir a formulario |