Blogia
tamarix

Primera despedida e instrucción

7

Claro está que el día de la despedida ... mejor dicho la jornada anterior la pasé con los amigos y algunos nuevos familiares, esas cosas que tanto me gustan... cuando realmente estaba en la estación de “Sans” para la auténtica separación sólo estaban mis Padres y Carolina, tampoco necesitaba nada ni a nadie más. Fue dura pero que muy dura, hasta ese momento, en el andén de la estación, no había reflexionado sobre mi partida y mucho menos hacia dónde me dirigía y no me refiero ni al nombre del pueblo ni del “C.I.R.” como se conocía al centro de instrucción de reclutas, si no precisamente en el tiempo que pasaría hasta que los volviese ver y que realmente estaba en filas estaba incorporado al ejército.

Cuando partió el tren , las lágrimas nos invadieron y las palabras se ahogaron en un tenso silencio entre miradas tristes... Fue duro muy duro. Desaparecidos de vista cuando una vez ya sentados y casi acomodados comenzaron a venirme imágenes del anden y sobre todo de la cara de Carolina quien tampoco pudo mantener el llanto. Sólo la veía a ella llorando, hasta que mis párpados venidos a bajo me proporcionaron el descanso que en esos momentos necesitaba.

Un par de horas de siesta fueron suficientes para relajarme y conseguir pensar en el trayecto tanto del tren, como de mi futura vida como militar. Como todas las madres la mía para no ser menos, preparó una bolsa con comida, con abundante comida y hasta una botellita con vino y otra de agua para poder pasar las viandas. De todas formas había coche bar, eso significaba que para estirar los pies tenías la excusa perfecta para caminar hasta allá. Entre paseo y paseo pasábamos el tiempo, los compañeros de viaje que también iban a Camposoto –Cádiz, y claro yo. Después de unas veinte horas de ferrocarril incluído un transbordo en Sevilla, llegamos a Cádiz y después al campamento de instrucción. Nos había venido a recibir dos soldados, éstos al menos eran simpáticos, subimos al camión y nos dejaron en la entrada del cuerpo de guardia. Un suboficial nos acompañó a nuestras respectivas compañías. Los de Ceuta a unos barracones de ladrillo nuevos y bien acondicionados, para los de Melilla grupo en el que me encontraba, nos reservaban unos muy encalados y con techo de “uralita”. Empecé a pensar que todo lo del ejército era viejo, además de alto. Unas grandes vigas de madera servían de corredores para que las ratas pudieran desplazarse con inmune libertad.

Como no llegué con mi reemplazo que ya había marchado a su destino final y antes del reemplazo siguiente, no hacía nada durante todo el día pues en mi compañía estaba sólo, bueno con unos seis soldados que ejercían de instructores, cuando habían reclutas claro. Una semana pasé vestido de paisano, matando el tiempo como podía. Hablaba con los soldados y en realidad me vino muy bien esa semana, pues cuando llegó el reemplazo con el que tenía que hacer la instrucción tuve algunas prioridades a la hora de hacer trabajos tales como limpieza de cocina o barrer cualquier cosa, tenían mucha manía con eso de que se barriese, aunque no de un corte de pelo al uno. Normalmente el cabo furrier me reclamaba como ayudante y pasaba el rato con él, jugando a las cartas o simplemente hablando y tomando algún que otro refresco. Los viernes a la hora del paseo salíamos de fin de semana, unas veces íbamos a Cádiz, otras al Puerto de Santa Maria donde por cierto tenían unos cocederos de marisco que quitaban el sueño bueno y el dinero, pero no se podía resistir.

Pasó el mes y medio de instrucción con muchos sudores y menos agua, pues estaba racionada. La noche anterior a la jura de bandera, me costó mucho coger el sueño pensando que por la mañana me reuniría con mi mujer y también con mis padres. Según mis cálculos estarían en algún hotel de Cádiz o rodalías. Y yo sobre un colchón lleno de chinches esperando la actuación del día siguiente. Al toque de diana la estampida fue general: lavarte, pasar lista y corriendo a preparar los petates y a desayunar que haría falta pues nos quedaba una mañana agotadora, además de un suculento desayuno que nos habían prometido por la noche durante la retreta . No nos mintieron croïsans de verdad y café con leche también autentico .Después de dos horas de estar formados en pleno mes de agosto con una temperatura ciertamente elevada. Los reclutas caían como moscas a causa de lipotimias, eran recogidos por los mismos soldados que nos dieron la instrucción y llevados a una tienda convertida en hospital de campaña, allí jurarían bandera y dejaban de sufrir. Después de una larguísima misa militar con el arma para arriba luego de rodillas después otra vez de pie y el sol que no dejaba de calentar y deshidratar. Pensaba sólo en tres cosas, la primera localizar a mi familia fue imposible y desistí, la segunda en que yo también me desmayase y así solidarizarme con mis compañeros, pero tampoco hubo suerte, y la tercera en una fuente, que tuviera agua pues no todas tenían.

Acabó la misa , los discursos de los altos mandos a los que no habíamos visto en la vida. Desfilamos jurando bandera nos volvimos a reagrupar y a la voz del capitán, ya conocía los galones, salimos a paso ligero hasta el fondo de la pista donde debíamos desfilar delante de la bandera, después de un corto sermón dio la orden del desfile, la pista era más larga de lo que creía y además las ganas de salir eran infinitas y no sólo por la familia era porque teníamos catorce días de permiso y eso si que importaba.

0 comentarios