Año nuevo, destacamento nuevo
19
Nos trasladaron en un camión a los dos o tres días de haberme reincorporado. El destacamento al que tenia un cierto rechazo, sin conocerlo siquiera , estaba ocupado por unos trescientos soldados , que durante el día intentaban hacer aunque solo fuera una vez, un blanco a una canasta que era arrastrada por un avión de transporte del tipo hércules. Jamás durante el tiempo que permanecí hicieron un solo blanco y eso que el hércules es un avión lento... Pues cuando nos atacaban aviones a reacción los radares y el soldado que estaba sentado y encargado de utilizar la ametralladora antiaérea no paraba de dar vuelta en busca de un blanco que ni el radar era capaz de seguir con esos aparatos. Se comentaba que hacia uno o dos años un artillero hizo blanco y a todo el destacamento , además de la comida de lujo les dieron fiesta todo el día, con paseo incluido nada más comer, al artillero que acertó (yo creo que fue casualidad y se equivocó, por eso dio en el blanco) le dieron un mes de permiso, que era la mejor recompensa que se podía dar a un soldado al menos por aquellos tiempos.
Al segundo día de estar en mi nuevo hogar, me colocaron en la unidad de radar, pero la suerte había cambiado para mí , la misma mañana de mi estreno con un radar, un soldado con ordenes de un teniente del cual ni me acuerdo como se llamaba y la verdad ahora tampoco voy a intentar recordar. Dicho teniente era amigo del señor de Melilla que yo conocía y él me había recomendado como persona seria y responsable.( Constancia quede de que el buen señor no mentía).
Después de mi riguroso saludo militar, el teniente con la mano apoyada en mi hombro, como si hiciera tiempo que nos conociésemos, me comentó lo que he dicho antes y se ofreció a ayudarme si estaba de su mano. Yo ni corto ni perezoso le comenté mi estado de casado con hija y que la verdadera ayuda era si podía agilizar los trámites para mi licenciamiento y si también era posible cuando quedase una plaza libre en cocina, por el dinero, podía trasladarme a ese puesto de trabajo.
Aquella misma tarde mi suboficial me comunicó que a la mañana siguiente me incorporase a cocina, ordenes del teniente.
Cocina tenía sus ventajas e inconvenientes, aunque yo personalmente siempre le encontré más incentivo que estar como simple soldado o en oficinas aguantando los caprichos de oficiales y suboficiales. Además de poderte llevar un paquete en oficinas por una metedura de pata incluso de algún mando , y( como el ejercito es el ejercito) alguien tenia que cargárselas. Como soldado otro tanto de lo mismo, guardias, retenes, patrullas, marchas de cuarenta kilómetros, maniobras cada día con las piezas y otras cosa como pintar etc..., no me apetecía nada. En cambio en cocina; que tampoco se podía calificar de un puesto excepcional pero...; Aparte de tener que levantarte a las cinco de la mañana para preparar los desayunos o no poder salir de paseo los días que tenías guardia de cocina o trabajar de lunes a viernes de siete a cinco. Al contrario como antes dije, al estar rebajado de rancho cobraba algo más que el resto de la tropa y eso me permitía tener más de autonomía a la hora de mis gastos. Por otro lado la comida la tenía asegurada y además de la buena, que eso era primordial, pues aparte de recibir ordenes todo el día solo quedaba, comer y beber y cuanto más mejor. Eso estaba asegurado .Otra de las ventajas que le encontré al nuevo destino era la libertad que se tenia dentro del trabajo, siempre y cuando todo saliese bien y a la hora. Haciendo tu trabajo parecía más la vida civil, que la militar, claro siempre con las reservas que separaban una de otra, pero sí, era lo que más se parecía.
También estábamos rebajados de diana y retreta. Al suboficial de cocina solo se le veía media hora por la mañana y alguna vez se acercaban a la hora del rancho para dar su visto bueno, El oficial responsable, no se acercaba ni al rancho ; a menos que hubiese una revista del destacamento. Entonces la cosa cambiaba radicalmente, no solo en cocina también en el resto del destacamento.
En esos días previos el movimiento era trepidante, me recordaba el día de mi boda, todos para arriba, todos para abajo, pero... no. Estábamos en el ejercito y en esas ocasiones todavía era mayor el desorden que en mi familia.
Como; para pintar ,arreglar las calles, lavar la cara al interior de la batería, engrasar y desengrasar las armas para pasar la revista correspondiente etc... . Se necesitaba más personal del que... en aquel pequeño destacamento podíamos ofrecer. En aquellas circunstancias las soluciones que tiene y por ello dispone el ejercito es doblar el número de horas para acabar las obras. ¿cómo se hace?..., es muy sencillo, una pequeña arruga en las sábanas supone uno o dos días de arresto en batería y claro como estás arrestado has de obedecer las ordenes y ; pintar, arreglar, engrasar y desengrasar. Eres un preso.
El primer día de aquel loco movimiento, cuando regresé de mi turno de cocina, con la intención de descansar un rato en mi camareta para desconectar, como solía hacer cada día, tuve la sorpresa que yo también estaba arrestado. ¡pero si no había estado en todo el día!.
Aproveché mis influencias! como cocinero, me dirigí primero a mi amigo el ranchero mayor y luego a mi suboficial de batería.
No puede arrestarme señor; Estoy arrestado ya en cocina y dentro de dos horas vuelvo al trabajo hasta que acabemos con los preparativos del banquete y la limpieza correspondiente, le dije. Su expresión era más o menos la que me esperaba de mucha mala leche, pero... las prioridades eran las prioridades, y el comandante del destacamento si de algo presumía con los suyos era de la cocina y precisamente el banquete era en honor del capitán general de Melilla junto con todos los secuaces de la máxima graduación. Contra semejante peso un simple sargento e incluso un oficial, eran palabras mayores , todas escritas en mayúsculas.
Estos tipos de mentiras eran frecuentes en cocina, sobretodo cuando de acuerdo con la cantina nos reuníamos para cenar, claro está con nuestros respectivos suboficiales. Curiosamente en esos eventos la casualidad hacía que ninguno de nosotros tuviera servicio alguno. Esos eran prácticamente los únicos momentos buenos, en los que al menos durante un par de horas nos trasladábamos a otro plano de una realidad ficticia pero que muy reconfortable. La amnesia era prácticamente total y se respiraba cierta libertad y sobretodo era totalmente eficaz en el momento de querer dormir, aunque el despertar fuera algo doloroso.
Pasados esos días de locura colectiva y de una revista que ni siquiera se podía catalogar de vistazo, todo volvía a la normalidad, junto con las felicitaciones de rigor para aumentar el buen espíritu de la tropa, La cual mirábamos con cierto escepticismo.
Del orgullo que hablaba antes respecto a la cocina , era bastante lógico pues con toda sinceridad las comidas eran de una calidad y preparación más que aceptables, y no porque yo esté incluido, era superior. Como ejemplo diré en mi (nuestro) favor que los famosos boquerones los rebozábamos sin espinas. Casi nada para el ejercito.
Nos trasladaron en un camión a los dos o tres días de haberme reincorporado. El destacamento al que tenia un cierto rechazo, sin conocerlo siquiera , estaba ocupado por unos trescientos soldados , que durante el día intentaban hacer aunque solo fuera una vez, un blanco a una canasta que era arrastrada por un avión de transporte del tipo hércules. Jamás durante el tiempo que permanecí hicieron un solo blanco y eso que el hércules es un avión lento... Pues cuando nos atacaban aviones a reacción los radares y el soldado que estaba sentado y encargado de utilizar la ametralladora antiaérea no paraba de dar vuelta en busca de un blanco que ni el radar era capaz de seguir con esos aparatos. Se comentaba que hacia uno o dos años un artillero hizo blanco y a todo el destacamento , además de la comida de lujo les dieron fiesta todo el día, con paseo incluido nada más comer, al artillero que acertó (yo creo que fue casualidad y se equivocó, por eso dio en el blanco) le dieron un mes de permiso, que era la mejor recompensa que se podía dar a un soldado al menos por aquellos tiempos.
Al segundo día de estar en mi nuevo hogar, me colocaron en la unidad de radar, pero la suerte había cambiado para mí , la misma mañana de mi estreno con un radar, un soldado con ordenes de un teniente del cual ni me acuerdo como se llamaba y la verdad ahora tampoco voy a intentar recordar. Dicho teniente era amigo del señor de Melilla que yo conocía y él me había recomendado como persona seria y responsable.( Constancia quede de que el buen señor no mentía).
Después de mi riguroso saludo militar, el teniente con la mano apoyada en mi hombro, como si hiciera tiempo que nos conociésemos, me comentó lo que he dicho antes y se ofreció a ayudarme si estaba de su mano. Yo ni corto ni perezoso le comenté mi estado de casado con hija y que la verdadera ayuda era si podía agilizar los trámites para mi licenciamiento y si también era posible cuando quedase una plaza libre en cocina, por el dinero, podía trasladarme a ese puesto de trabajo.
Aquella misma tarde mi suboficial me comunicó que a la mañana siguiente me incorporase a cocina, ordenes del teniente.
Cocina tenía sus ventajas e inconvenientes, aunque yo personalmente siempre le encontré más incentivo que estar como simple soldado o en oficinas aguantando los caprichos de oficiales y suboficiales. Además de poderte llevar un paquete en oficinas por una metedura de pata incluso de algún mando , y( como el ejercito es el ejercito) alguien tenia que cargárselas. Como soldado otro tanto de lo mismo, guardias, retenes, patrullas, marchas de cuarenta kilómetros, maniobras cada día con las piezas y otras cosa como pintar etc..., no me apetecía nada. En cambio en cocina; que tampoco se podía calificar de un puesto excepcional pero...; Aparte de tener que levantarte a las cinco de la mañana para preparar los desayunos o no poder salir de paseo los días que tenías guardia de cocina o trabajar de lunes a viernes de siete a cinco. Al contrario como antes dije, al estar rebajado de rancho cobraba algo más que el resto de la tropa y eso me permitía tener más de autonomía a la hora de mis gastos. Por otro lado la comida la tenía asegurada y además de la buena, que eso era primordial, pues aparte de recibir ordenes todo el día solo quedaba, comer y beber y cuanto más mejor. Eso estaba asegurado .Otra de las ventajas que le encontré al nuevo destino era la libertad que se tenia dentro del trabajo, siempre y cuando todo saliese bien y a la hora. Haciendo tu trabajo parecía más la vida civil, que la militar, claro siempre con las reservas que separaban una de otra, pero sí, era lo que más se parecía.
También estábamos rebajados de diana y retreta. Al suboficial de cocina solo se le veía media hora por la mañana y alguna vez se acercaban a la hora del rancho para dar su visto bueno, El oficial responsable, no se acercaba ni al rancho ; a menos que hubiese una revista del destacamento. Entonces la cosa cambiaba radicalmente, no solo en cocina también en el resto del destacamento.
En esos días previos el movimiento era trepidante, me recordaba el día de mi boda, todos para arriba, todos para abajo, pero... no. Estábamos en el ejercito y en esas ocasiones todavía era mayor el desorden que en mi familia.
Como; para pintar ,arreglar las calles, lavar la cara al interior de la batería, engrasar y desengrasar las armas para pasar la revista correspondiente etc... . Se necesitaba más personal del que... en aquel pequeño destacamento podíamos ofrecer. En aquellas circunstancias las soluciones que tiene y por ello dispone el ejercito es doblar el número de horas para acabar las obras. ¿cómo se hace?..., es muy sencillo, una pequeña arruga en las sábanas supone uno o dos días de arresto en batería y claro como estás arrestado has de obedecer las ordenes y ; pintar, arreglar, engrasar y desengrasar. Eres un preso.
El primer día de aquel loco movimiento, cuando regresé de mi turno de cocina, con la intención de descansar un rato en mi camareta para desconectar, como solía hacer cada día, tuve la sorpresa que yo también estaba arrestado. ¡pero si no había estado en todo el día!.
Aproveché mis influencias! como cocinero, me dirigí primero a mi amigo el ranchero mayor y luego a mi suboficial de batería.
No puede arrestarme señor; Estoy arrestado ya en cocina y dentro de dos horas vuelvo al trabajo hasta que acabemos con los preparativos del banquete y la limpieza correspondiente, le dije. Su expresión era más o menos la que me esperaba de mucha mala leche, pero... las prioridades eran las prioridades, y el comandante del destacamento si de algo presumía con los suyos era de la cocina y precisamente el banquete era en honor del capitán general de Melilla junto con todos los secuaces de la máxima graduación. Contra semejante peso un simple sargento e incluso un oficial, eran palabras mayores , todas escritas en mayúsculas.
Estos tipos de mentiras eran frecuentes en cocina, sobretodo cuando de acuerdo con la cantina nos reuníamos para cenar, claro está con nuestros respectivos suboficiales. Curiosamente en esos eventos la casualidad hacía que ninguno de nosotros tuviera servicio alguno. Esos eran prácticamente los únicos momentos buenos, en los que al menos durante un par de horas nos trasladábamos a otro plano de una realidad ficticia pero que muy reconfortable. La amnesia era prácticamente total y se respiraba cierta libertad y sobretodo era totalmente eficaz en el momento de querer dormir, aunque el despertar fuera algo doloroso.
Pasados esos días de locura colectiva y de una revista que ni siquiera se podía catalogar de vistazo, todo volvía a la normalidad, junto con las felicitaciones de rigor para aumentar el buen espíritu de la tropa, La cual mirábamos con cierto escepticismo.
Del orgullo que hablaba antes respecto a la cocina , era bastante lógico pues con toda sinceridad las comidas eran de una calidad y preparación más que aceptables, y no porque yo esté incluido, era superior. Como ejemplo diré en mi (nuestro) favor que los famosos boquerones los rebozábamos sin espinas. Casi nada para el ejercito.
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