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tamarix

Entre el matrimonio y el ejército

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La luna de miel no fue muy destacada no sé si por la juventud o bien por estar escasos de dinero, o por qué no, a causa de mi actitud ante ocasiones. El hecho es que aunque no lo pasé mal no tengo un especial recuerdo de aquellos días. Y aclaro no es mal recuerdo.

Pero la realidad se acercaba y el tiempo apremiaba. ¿Por qué?. Pues... ... es sencillo y a la vez complicado, recién casados y además con una criatura que venía de camino. Pero no se acababa ahí la cosa pues en mayo mi menda cumpliendo con el deber patriótico debía partir nada más y nada menos dirección Cádiz y más concretamente en un pueblo agradable y acogedor como es San Fernando. De allí sería trasladado a Melilla “África” para terminar mi instrucción militar, para defender a la patria, que por imperiosas necesidades no podía permitir que un ciudadano honrado, y entonces lo era , pudiera cumplir con la patria cerca de su nueva familia y compaginar el servicio a la patria con una recién inaugurada vida familiar ...

Pues la cuestión es que con las esperanzas de que un gobierno socialista podía
entrar a gobernar una España democrática que después del intento golpe de estado había recogido numerosos simpatizantes. Y el ejército. Del ejército español no tenía ni puñetera idea. Eso sí con esperanzas, de una reforma de los reemplazos, de la situación de los casados que era lo que realmente me importaba y de muchísimos rumores que circulaban por aquella época de estrenada democracia.

Después de rellenar una cantidad de papeles: Certificado de residencia, de pobreza , penales, matrimonio, de convivencia, etc. etc. . Era ridículo ... señor funcionario puede usted hacerme un certificado de que soy pobre... Será un certificado de pobreza ¿no?, pues será!!... contestaba yo... Aunque después pensaba, ¿será lo mismo?...

Con el ejército comenzó toda la movida y la realidad. ... y ... hasta creo que mi futuro.

A causa de mi esqueleto, que me recuerda a veces la radiografía de Don Quijote, tengo una desviación ligera de columna y... como era la única manera de intentar retrasar la entrada en nuestro glorioso ejército, me agarré a un clavo ardiendo y alegué mi desviación, para suerte mía aceptaron a realizarme unas pruebas para comprobar si era o no apto para el servicio. La noticia fue muy bien acogida por parte de las dos familias, bueno de las tres, pues claro yo tenía la misma aunque no sé si con aquel espacio de tiempo era consciente de mi situación. Los mozos estábamos convocados frente a cuartel de intendencia de Barcelona. Con un megáfono en mano un suboficial, lo supe después, iba llamando uno por uno para recoger los papeles de embarque cada cual a su punto de destino. Estaba nervioso, a la hora de recoger el embarque, yo debía alegar incapacidad para el servicio militar . Si ¿Pero luego? ¿qué?... Sería aceptada mi súplica o por el contrario me darían los billetes como al resto de los mozos aptos y tuviese que incorporarme esa tarde o al día siguiente según los trayectos y horarios a filas.

Haciendo cábalas estaba cuándo oí mi nombre, me acerqué a una mesa de madera vieja, como toda la fachada del cuartel. Después de contestar a las preguntas de rutina: Nombre, dirección, etc., escuché las palabras que estaba deseando oír toda la puñetera mañana. Tiene algo que alegar? Me preguntó un soldado con cara de “a ver cuándo se acaba esto”. Pues sí contesté de manera ingenua como esperando una respuesta de broma como.... “y a mí qué me importa” o algo parecido. Pero no, el pobre soldado no creo que estuviese para muchas bromas después de repetir la pregunta unas quinientas o seiscientas veces. Me dijo que esperase en una fila apartada donde otros mozos en la misma situación que yo aguardaban sin saber qué pasaría más tarde y con la incertidumbre de saber si que pasaría cuando acabasen con los últimos mozos y esas preguntas sistemáticas.

Después de unas dos largas horas de espera, y sin más “quintos” que preguntar, nos hicieron formar en fila de a uno y por orden de lista. Fuimos pasando todos, exponiendo cada cual su problema de la forma más exagerada posible, como si aquellos soldados fuesen médicos experimentados. Lo cierto es que se limitaban a escribir las dolencias de forma simplificada, como dolor de espalda, brazo roto, pies planos y así con todos. Por lo cual cuando me tocó a mí disertar mi problema la explicación fue sencilla, dolor de espalda. El soldado me miró con gesto de... ¿me está tomando el pelo? Y es que en este país las cosas funcionan así, si explicas, qué pesado y si eres escueto es que les tomas el pelo. Después de esa mirada de admiración o confusión según se mire, anotó “ dolor de espalda”, me dio un papel diciendo que el lunes por la mañana a las 8 am., como un reloj me presentase en ese mismo cuartel para comenzar el proceso de visitas médicas etc...

Me dirigía al coche con sensación de inseguridad e incertidumbre, pensando qué “leches” harían el lunes con nosotros. Una vez dentro del coche la cosa cambió, aquel habitáculo para mí era como estar en casa protegido de cualquier peligro y mi mente se puso a pensar en ese fin de semana que tenía por delante y no sabría si sería el último de esa primavera que pasase con mi recién inaugurada familia.
Me dirigí directo a Girona con alto grado de satisfacción y con extremas ganas de contar mi pequeña “aventura”. La hora y media que duró el viaje pasó asombrosamente larga, como si a cada kilómetro que recorría le añadiesen otros más, (de hecho en la carretera había una señalización que marcaba más kilómetro que otra posterior, lo cual no sabías si ibas o venías).

Ya en Palafrugell mi estrenada mujer y mis padres saltaban de alegría por el acontecimiento. No era para menos pues mientras otros ya estaban camino de sus respectivos destinos, yo disfrutaba del fin de semana en casita.
Pero como la vida no se detiene y menos por mí, llegó el domingo noche con las despedidas, por si acaso. Regresé a Rubí para pasar esa noche previa a la intrigante presentación.

1 comentario

Lucero -

Eres muy bueno escribiendo ¿sabes? Tienes estilo, me gusta.. simple más no común. Simpático, ameno, interesante y con muy buenos hilos conductores. Capítulos cortos y ágiles.. si, en definitiva me gusta.
Quiero leer más!!!