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tamarix

Una comida decente

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Aunque el tren no saldría hasta por la tarde preferíamos estar cerca de la estación. Sabíamos que de ahí no se movería pero era igual tampoco estábamos como para hacer una visita turística. Como tiempo nos sobraba fuimos buscando un bar que diesen comidas lo más barato posibles. Pasamos por delante de un cuchitril y nos paramos ipso facto a causa de un olor que alimentaba por sí solo y que no nos dejó indiferentes. Este era nuestro bar, no sabíamos el precio pero si como olía la comida. Entramos a tomar unas cervezas mientras esperábamos que abriesen el comedor.
Si lo que estaban cocinando olía bien las tapas que ponían con la consumición sabían mejor. Las cervezas iban cayendo, no sé si por sed o bien por hambre, llegó la hora esperada y cuando fuimos acabando las bebidas pasamos en busca de una mesa, pues como por arte de magia el comedor se había llenado de trabajadores. ¡Como comimos! Eso si era un manjar, unas patatas guisadas con carné, en estos momentos las estoy viendo, “¡si no es por que acabo de desayunar, haría unas!”. Después de un segundo plato, postre y un buen café nos acercamos otra vez a la estación en busca de un banco en condiciones donde reposar el estómago.
Una tarde preciosa de primavera nos relajó al extremo de perder la realidad por unos minutos y buscar entre las nubes y los jardines verdes, aquellas fantasías que cada uno llevaba dentro. El rato que nos quedaba para montarnos en el tren pasó con bastante agilidad. Pasamos el rato agenciándonos con provisiones para la noche y vaciar de cervezas el bar de la estación.

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