De Málaga a casa. Vacaciones
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Compré billetes de avión hasta Málaga, creyendo que si iba en avión llegaría antes que en barco, pero me equivoqué, cuando mis compañeros salieron el día tres de diciembre en barco, yo dormí en mi camareta, no pasé diana, desayuné y después un conocido de Melilla (su hijo era guardia civil en Begur y además cliente nuestro pues compró los muebles de toda su casa) me esperaba en el cuerpo de guardia hablando con el coronel que según parece eran buenos amigos. Cuando me acerqué pensé ¡¿habrá algún problema?!. Me presenté como buen militar rápidamente el coronel hizo que bajase la mano y descansase, después de un breve diálogo de cómo me iba por el cuartel, si había algún problema, etc. , a lo que yo contestaba lo que él quería oír, al fin y al cabo no era amigo mío y los militares eran los militares.
Me dejó en el aeropuerto, otro soldado que como yo había optado por el avión estaba mirando los vuelos con destino Málaga, nos pusimos a hablar al menos para pasar el rato de espera hasta la partida. El avión salió a la hora, dirección a la península, "entre amigos" "la Peni", el vuelo muy movido y más con esas avionetas que parecen de papel e incluso dudas que eso vuele, al menos con relativa seguridad. Pero llegamos que era lo único que me importaba.
Otra vez en Málaga después de tres meses. Tres meses llenos de innovaciones en todos los aspectos. Mi compañero de viaje se lo montó mejor que yo, pues él hacía trasbordo dirección Barcelona. Como no podía permitirme ese lujo, salí del aeropuerto hasta la estación de tren, por si encontraba a algún compañero para hacer más entretenido el viaje a casa. Una vez en la estación de trenes no fue difícil encontrar colegas, sólo tuve que acercarme a la cantina y donde más jaleo se oía allá estaban, etílicamente felices, desahogándose de lo que supone la vida militar. Después de unos cinco meses sin tener prácticamente noticias de la familia y amigos, pues las cartas tardaban días y además desaparecían con facilidad, pues muchas se abrían accidentalmente por si casualidad contenían dinero. El teléfono salía caro, la economía de un soldado estaba normalmente bajo mínimos, pero muy bajos, todas esas cosa además de recibir órdenes, muchas estúpidas y sin ningún sentido e incluso contradictorias . Pero eso era el ejército catorce meses ilógicos y contradictorios que solo servían para alimentar el corazón patriótico en una gran farsa y una cruel pérdida de tiempo. Esa era la causa de aquel simpático y desordenado albedrío.
Mis objetivos hasta las cinco de la tarde en que tenía que tomar el tren, no eran otros que primero comer algo, para lo cual salí de la estación pues los precios son más baratos y se come algo mejor, y yo estaba harto de comer rancho cada puñetero día así que me di un capricho junto con dos soldados que tenían más hambre que sed y buscamos una casa de comidas baratas. ¡pero cómo comimos!. Comer un plato casero fue el mayor placer que sentía en muchos meses y que esperaba que durase al menos todo el mes de permiso.
Después de una tranquila sobremesa con un café de los de verdad, fuimos paseando por esa ciudad tan bonita hasta llegar nuevamente a la estación. Seguimos la misma táctica nos acercamos a la cantina y claro aún estaban, algo más cansados y ebrios, pero aguantando hasta que el cuerpo dijese no, o bien que llegase la hora de marchar, entre cervezas y más cervezas pasó el tiempo muy rápido, nos acomodamos como pudimos y no era por falta de sitio, si no por el estado lamentable que teníamos.
Una vez instalados salió el tren, poco a poco y uno a uno fuimos quedándonos dormidos, acompañados por el continuo movimiento del tren y su penetrante sonido. Con la borrachera y el cansancio, la tensión retenida durante esos meses... ni una bomba nos hubiese despertado. Después de unas tres o cuatro horas alguien que encontró la lucidez comentó que el vagón bar se cerraba en media hora y como si tocasen diana, nos levantamos a toda prisa dirección al vagón bar so pena de quedarnos sin algo para comer ni beber durante toda la noche y eso podía ser catastrófico pues si no logras dormir por la noche el trayecto se hace eterno, al menos si tienes algo para ir picando y poder echar un trago el tiempo no queda parado o eso es lo que perece.
Sería media noche cuando acabé con el bocadillo que había reservado y después intenté coger una postura que no me proporcionase dolores típicos de malas posiciones. Más menos que más encontré la forma de no amanecer como un ocho y dormí hasta las siete aproximadamente. Aún quedaban unas horas para llegar a la estación de Sants.
Compré billetes de avión hasta Málaga, creyendo que si iba en avión llegaría antes que en barco, pero me equivoqué, cuando mis compañeros salieron el día tres de diciembre en barco, yo dormí en mi camareta, no pasé diana, desayuné y después un conocido de Melilla (su hijo era guardia civil en Begur y además cliente nuestro pues compró los muebles de toda su casa) me esperaba en el cuerpo de guardia hablando con el coronel que según parece eran buenos amigos. Cuando me acerqué pensé ¡¿habrá algún problema?!. Me presenté como buen militar rápidamente el coronel hizo que bajase la mano y descansase, después de un breve diálogo de cómo me iba por el cuartel, si había algún problema, etc. , a lo que yo contestaba lo que él quería oír, al fin y al cabo no era amigo mío y los militares eran los militares.
Me dejó en el aeropuerto, otro soldado que como yo había optado por el avión estaba mirando los vuelos con destino Málaga, nos pusimos a hablar al menos para pasar el rato de espera hasta la partida. El avión salió a la hora, dirección a la península, "entre amigos" "la Peni", el vuelo muy movido y más con esas avionetas que parecen de papel e incluso dudas que eso vuele, al menos con relativa seguridad. Pero llegamos que era lo único que me importaba.
Otra vez en Málaga después de tres meses. Tres meses llenos de innovaciones en todos los aspectos. Mi compañero de viaje se lo montó mejor que yo, pues él hacía trasbordo dirección Barcelona. Como no podía permitirme ese lujo, salí del aeropuerto hasta la estación de tren, por si encontraba a algún compañero para hacer más entretenido el viaje a casa. Una vez en la estación de trenes no fue difícil encontrar colegas, sólo tuve que acercarme a la cantina y donde más jaleo se oía allá estaban, etílicamente felices, desahogándose de lo que supone la vida militar. Después de unos cinco meses sin tener prácticamente noticias de la familia y amigos, pues las cartas tardaban días y además desaparecían con facilidad, pues muchas se abrían accidentalmente por si casualidad contenían dinero. El teléfono salía caro, la economía de un soldado estaba normalmente bajo mínimos, pero muy bajos, todas esas cosa además de recibir órdenes, muchas estúpidas y sin ningún sentido e incluso contradictorias . Pero eso era el ejército catorce meses ilógicos y contradictorios que solo servían para alimentar el corazón patriótico en una gran farsa y una cruel pérdida de tiempo. Esa era la causa de aquel simpático y desordenado albedrío.
Mis objetivos hasta las cinco de la tarde en que tenía que tomar el tren, no eran otros que primero comer algo, para lo cual salí de la estación pues los precios son más baratos y se come algo mejor, y yo estaba harto de comer rancho cada puñetero día así que me di un capricho junto con dos soldados que tenían más hambre que sed y buscamos una casa de comidas baratas. ¡pero cómo comimos!. Comer un plato casero fue el mayor placer que sentía en muchos meses y que esperaba que durase al menos todo el mes de permiso.
Después de una tranquila sobremesa con un café de los de verdad, fuimos paseando por esa ciudad tan bonita hasta llegar nuevamente a la estación. Seguimos la misma táctica nos acercamos a la cantina y claro aún estaban, algo más cansados y ebrios, pero aguantando hasta que el cuerpo dijese no, o bien que llegase la hora de marchar, entre cervezas y más cervezas pasó el tiempo muy rápido, nos acomodamos como pudimos y no era por falta de sitio, si no por el estado lamentable que teníamos.
Una vez instalados salió el tren, poco a poco y uno a uno fuimos quedándonos dormidos, acompañados por el continuo movimiento del tren y su penetrante sonido. Con la borrachera y el cansancio, la tensión retenida durante esos meses... ni una bomba nos hubiese despertado. Después de unas tres o cuatro horas alguien que encontró la lucidez comentó que el vagón bar se cerraba en media hora y como si tocasen diana, nos levantamos a toda prisa dirección al vagón bar so pena de quedarnos sin algo para comer ni beber durante toda la noche y eso podía ser catastrófico pues si no logras dormir por la noche el trayecto se hace eterno, al menos si tienes algo para ir picando y poder echar un trago el tiempo no queda parado o eso es lo que perece.
Sería media noche cuando acabé con el bocadillo que había reservado y después intenté coger una postura que no me proporcionase dolores típicos de malas posiciones. Más menos que más encontré la forma de no amanecer como un ocho y dormí hasta las siete aproximadamente. Aún quedaban unas horas para llegar a la estación de Sants.
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