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tamarix

Esperando una buena noticia

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Todos los días comenzaron a ser iguales durante el primer mes, osea muy aburrido pues estábamos rebajados de servicios y personalmente mi trabajo para todo el día era barrer la batería y limpiar las letrinas, (si estaban muy sucios los arrestaba, y después venían los de mantenimiento y los limpiaban), trabajo muy agotador y de mucha dificultad y responsabilidad. También acompañaba al cabo enlace para ayudarle en las compras para los oficiales, coger el correo, llevar documentos de uno a otro cuartel etc. . Esos días me lo pasaba bien pues veía una Melilla diferente a la que veíamos durante el paseo, eso cambiaba la rutina y acortaba el día que era lo que más importaba, pasar el tiempo lo más rápido fuera como fuera.

Pasado un mes, más o menos, en la plana mayor necesitaban alguien con conocimientos de delineante y qué mala suerte! me trasladaron a la décima batería. Allí las cosas eran diferentes, me hicieron trabajar de jardinero y tampoco hacía nada, miento ya tenia guardias, retenes y poca cosa más. Conforme pasaron los días me destituyeron pues ni habían plantas que cuidar ni que plantar, por lo cual era ilógico tener un jardinero sin jardín, así que como el resto... hacer instrucción, gimnasia y a mover "los rusos", que eran unos cañones muy grandes y pesaban mucho, aunque el teniente decía que durante la segunda guerra mundial (je, me parezco a Forest, Forest Gump), los cuales habían participado y sobrevivido, los manejaban entre diez soldados. Pues nosotros éramos quince y si encontrábamos una pequeña piedra no habían narices a moverlo. Un día un compañero fue atrapado por una de las dos ruedas y le partió el empeine del pie y casi ni lo tocó.

Sería en octubre o noviembre cuando se jubiló un reemplazo y quedó libre un puesto de ranchero, me apunté con la ventaja que estaba casado y el puesto de ranchero estaba rebajado de rancho y se cobraban unas seis mil pesetas, unos treinta y seis euros. En cocina se trabajaba más pero quedabas rebajado de todos los servicios y por otro lado el dinero venía muy bien. Fui elegido, por mi situación, y comenzó mi época de cocinero en la mili. Así, me levantaba cuándo me correspondía para preparar el desayuno una media hora antes que los demás, si no me levantaba sobre las diez, que no estaba mal, comíamos antes que los demás por si acaso no había la suficiente comida para todos, y como estábamos rebajados nos podíamos quedar sin probar bocado.
Así llegué hasta finales de noviembre cuando Carolina salía de cuentas, no paraba de acercarme a “teléfonos” para preguntar si me habían llamado o no, ya me llamaban pesado, era igual yo pasaba cada hora y desde dentro me señalaban negativamente y así casi dos semanas. Hasta un domingo que además libraba de cocina, después del desayuno y antes del paseo de las doce, o iba a misa o bien tocaba limpiar la batería o bien la calle del regimiento, es curioso pero en esa época casi todos éramos católicos y practicantes, pues para limpiar no quedaba nadie. Aquella mañana cuando salí de misa uno de la cantina corriendo me gritaba como loco. !!!que eres padre, que eres padre!!!... Apenas lo oía, pero sentí un aire caliente, un tembleque y un nerviosismo parecido al que tiene un niño cuando espera los Reyes Magos. Cuando estuvo a mi alcance pudo comunicarme con respiración entre cortada, pues venía corriendo, la buena noticia. En ese momento no sabía qué hacer ni qué decir, hasta que por megafonía escuché “ el artillero Moreno que venga que llevan una hora llamando”; sólo faltaba que dijesen “! Imbécil que te están llamando!". El patio de armas comenzó a gritar y silbar pues creo que a todos les había dicho que me avisasen, no faltaron ni las palmas.

Hablé con mi padre, “todo ha salido estupendamente, tienes una niña preciosa”. ¡Niña! Exclamé, ¿no había dicho el ginecólogo que sería un niño, que le había visto los testículos y no tenía duda alguna?. Pues no, era una niña que tendría por nombre Anna. Ya lo teníamos pensado, e hicimos bien, pues como para fiarse. Junto a muchos amigos nos fuímos todos a la cantina, hasta que me desperté al día siguiente en la cama y no me pregunté nadie cómo llegué hasta allá.

Nació el veintinueve de noviembre de mil novecientos ochenta y uno. Yo cogía el permiso de un mes al cabo de cinco días.

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