Comienzan los problemas
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Si fuese el capítulo de un libro lo titularía Ahora empiezan los problemas.
El primero vino sin querer queriendo, Carolina trabajaba por las tardes los lunes miércoles y viernes. Propuse que esos tres días llevásemos a Anna a casa de mis padres y después del trabajo pasábamos a buscarla y nos íbamos los tres a casa. Mi sorpresa fue cuando me dijo que para esos días había inscrito a Anna en una guardería que estaba cerca de su trabajo.
No sé si será lógico o no, pero esa tarde de casi verano fue testigo de mi primera disputa conyugal. No estaba enfadado porque la niña fuera o no a una guardería, entraba dentro de nuestros planes, pero para cuando comenzase el curso más o menos, estaba cabreado porque ni siquiera me había comentado nada tratándose de quien se traba, que era nuestra hija, además estaba irritado por ese alejamiento que día a día tenía Carolina procurando que mi madre no estuviese mucho en contacto con la niña. No concebía por qué esa actitud hacia ella y tampoco encontraba motivos para que existiese.
El hecho es que quisiera o no quisiera yo estaba en medio de todo este asunto que no me gustaba nada. Pensé que mi madre entendería que Anna fuese a la guardería y a mi padre enfocándole de alguna manera el tema, al menos se resignaría.
También creía que al estar solos durante unos días, pues los suegros venían los viernes por la noche, todo se calmaría y si había algún mal entendido poco a poco se solucionaría.
Pasó todo como yo había calculado, resignación primero y luego recibir algunas críticas o malas caras por parte de mis padres.
¿Cómo podía contentar a uno sin molestar al otro? Ese dilema aún no lo tengo resuelto.
Me encontraba frente a la espada de Damocles y además sabía que no sería la última vez.
Si fuese el capítulo de un libro lo titularía Ahora empiezan los problemas.
El primero vino sin querer queriendo, Carolina trabajaba por las tardes los lunes miércoles y viernes. Propuse que esos tres días llevásemos a Anna a casa de mis padres y después del trabajo pasábamos a buscarla y nos íbamos los tres a casa. Mi sorpresa fue cuando me dijo que para esos días había inscrito a Anna en una guardería que estaba cerca de su trabajo.
No sé si será lógico o no, pero esa tarde de casi verano fue testigo de mi primera disputa conyugal. No estaba enfadado porque la niña fuera o no a una guardería, entraba dentro de nuestros planes, pero para cuando comenzase el curso más o menos, estaba cabreado porque ni siquiera me había comentado nada tratándose de quien se traba, que era nuestra hija, además estaba irritado por ese alejamiento que día a día tenía Carolina procurando que mi madre no estuviese mucho en contacto con la niña. No concebía por qué esa actitud hacia ella y tampoco encontraba motivos para que existiese.
El hecho es que quisiera o no quisiera yo estaba en medio de todo este asunto que no me gustaba nada. Pensé que mi madre entendería que Anna fuese a la guardería y a mi padre enfocándole de alguna manera el tema, al menos se resignaría.
También creía que al estar solos durante unos días, pues los suegros venían los viernes por la noche, todo se calmaría y si había algún mal entendido poco a poco se solucionaría.
Pasó todo como yo había calculado, resignación primero y luego recibir algunas críticas o malas caras por parte de mis padres.
¿Cómo podía contentar a uno sin molestar al otro? Ese dilema aún no lo tengo resuelto.
Me encontraba frente a la espada de Damocles y además sabía que no sería la última vez.
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