De vuelta al trabajo
36
Llegó el día de vuelta al trabajo, estaba pletórico, contento e impaciente. Había pasado un año, y lo único que pretendía era dar carpetazo a ese tiempo mal vivido, y que mejor para comenzar que la vuelta al trabajo.
Ese día era para mí especial y de estreno. Sí de estreno pues aunque el trabajo no era nuevo para mí, si lo era el nombre de la empresa, estrenaba casa y pueblo, también traje, había que estar un poco a la moda ¿no? Y como no, se podía decir que estrenaba familia aunque ya llevásemos un año de casados.
En cuestión de una hora estaba al corriente de las nuevas normas de la empresa y de como estaba la tarea del día y casi de la semana.
Esa mañana fue muy distraída y pegado al teléfono, desde el jefe, el director de personal, y directores de otras tiendas que sabiendo que estaba de vuelta llamaban para desearme un buen regreso.
Volvía a sentirme persona y no un títere movido por los hilos de las órdenes y las apresuraciones de la vida militar.
La mañana fue tranquila, realicé el sueño de estrenarme con una venta y es que estaba al acecho de atender al primer cliente que entrase por la puerta, así lo hice y quedé contento, le vendí todo el mobiliario para una casa grade en la playa de Pals en una urbanización repleta de alemanes, casi todos clientes nuestros, y es que el boca a boca es la mejor publicidad que existe. ¡Que narices, trabajábamos muy bien y teníamos pocas reclamaciones, y las que surgían se solucionaban con la máxima rapidez.
La luz; la luz y el color es lo que en estos momentos viene a mi mente de aquellos primeros días de trabajo. No es un recuerdo tanto como una sensación, aunque como recuerdo, diría de una tarde cuando terminé el trabajo aprovechamos la bonanza del tiempo y en vez de ir en coche, nos dirigimos Carolina a casa andando, más que andando, paseando. Entonces éramos unos auténticos enamorados, o por lo menos yo si que estaba enamorado de ella.
Pasamos todo el camino tomados de la mano, cuando no persiguiéndonos y jugando, como dos niños que éramos y no me cansaré de repetirlo. También retengo la sensación de paz que me producían cuando paseaba a esas horas por los alrededores de la urbanización.
Mis suegros habían comprado una casa en Calella de P. y como durante la semana estaban en Barcelona, nosotros aprovechamos para trasladarnos temporalmente y así disfrutar no solo de la casa, también de la piscina, que era lo que más apetecía. La idea era buena y como al medio día disfrutaba de tres horas de descanso allí disfrutaríamos más del verano
Llegó el día de vuelta al trabajo, estaba pletórico, contento e impaciente. Había pasado un año, y lo único que pretendía era dar carpetazo a ese tiempo mal vivido, y que mejor para comenzar que la vuelta al trabajo.
Ese día era para mí especial y de estreno. Sí de estreno pues aunque el trabajo no era nuevo para mí, si lo era el nombre de la empresa, estrenaba casa y pueblo, también traje, había que estar un poco a la moda ¿no? Y como no, se podía decir que estrenaba familia aunque ya llevásemos un año de casados.
En cuestión de una hora estaba al corriente de las nuevas normas de la empresa y de como estaba la tarea del día y casi de la semana.
Esa mañana fue muy distraída y pegado al teléfono, desde el jefe, el director de personal, y directores de otras tiendas que sabiendo que estaba de vuelta llamaban para desearme un buen regreso.
Volvía a sentirme persona y no un títere movido por los hilos de las órdenes y las apresuraciones de la vida militar.
La mañana fue tranquila, realicé el sueño de estrenarme con una venta y es que estaba al acecho de atender al primer cliente que entrase por la puerta, así lo hice y quedé contento, le vendí todo el mobiliario para una casa grade en la playa de Pals en una urbanización repleta de alemanes, casi todos clientes nuestros, y es que el boca a boca es la mejor publicidad que existe. ¡Que narices, trabajábamos muy bien y teníamos pocas reclamaciones, y las que surgían se solucionaban con la máxima rapidez.
La luz; la luz y el color es lo que en estos momentos viene a mi mente de aquellos primeros días de trabajo. No es un recuerdo tanto como una sensación, aunque como recuerdo, diría de una tarde cuando terminé el trabajo aprovechamos la bonanza del tiempo y en vez de ir en coche, nos dirigimos Carolina a casa andando, más que andando, paseando. Entonces éramos unos auténticos enamorados, o por lo menos yo si que estaba enamorado de ella.
Pasamos todo el camino tomados de la mano, cuando no persiguiéndonos y jugando, como dos niños que éramos y no me cansaré de repetirlo. También retengo la sensación de paz que me producían cuando paseaba a esas horas por los alrededores de la urbanización.
Mis suegros habían comprado una casa en Calella de P. y como durante la semana estaban en Barcelona, nosotros aprovechamos para trasladarnos temporalmente y así disfrutar no solo de la casa, también de la piscina, que era lo que más apetecía. La idea era buena y como al medio día disfrutaba de tres horas de descanso allí disfrutaríamos más del verano
0 comentarios