De Cádiz a Gerona y luego...
8
Acabó, acabó el desfile, yo no había visto a mi familia, pero ellos sí por lo cual en vez de buscarlos yo, me encontraron ellos a mí. La alegría fue la misma muchos besos muchos llantos esta vez mi madre se llevó la palma. Yo sólo pensaba en salir de aquel campamento y como todo pasa, también salimos a una corta libertad de catorce días todo un lujo después de esas seis semanas fatídicas.
Una vez en el coche les llevé hasta El Puerto, como no para despedirme de la señora que nos daba cama por un precio realmente barato y además cocinaba muy bien. Me aproveché de su hospitalidad para cambiarme de ropa y ducharme pues la jura nos había calado de polvo. Después de la ducha con ajax pues no encontré otro jabón, como apenas tenía pelo después del corte que nos dieron no tenía mucho que perder, nos dirigimos hasta los cocederos, también para despedirme de esos percebes gambas y en general de aquel surtido extenso de ácido úrico que esta de muerte.
Como a todos nos gustaban esas "porquerías" disfrutamos de lo lindo; no paraba de hablar de los grandes sacrificios que estaba haciendo por la patria y si lo hacia era para seguir comiendo y no perder bocado mientras ellos me hablaban cada uno de su tema, mi mujer que si me había echado de menos, que si estaba muy bien con mis padres, que si el trabajo estupendo, mi madre un tanto de lo mismo y mi padre pues hablándome del trabajo, como siempre acabábamos hablando los dos de lo mismo: del trabajo, de hecho nos atraía y así tampoco discutíamos.
Después de tan suculentos manjares contrastó con el hostal de carretera de Córdoba en el cual pernoctamos, no sólo por la diferencia de comida si no también por las habitaciones que daban pena, pero, fue lo único que pudimos encontrar dadas horas que eran y el cansancio que arrastrábamos todos, ellos por el viaje, ya unos 1700km. y yo por ese duro mes de entrenamiento y por supuesto una mañana crematoria y agotadora. No recuerdo si llegamos directamente a Rubí o a Palamós, pero era igual estaba en casa fuere donde fuere, al fin y al cabo estaba con mi mujer que en aquellos momentos era lo que más me importaba.
Recuerdo que la sensación que recorría mi cuerpo solo con mirarla o simplemente notar su presencia, hacía que todo aquel mes y pico hubiese valido la pena. La miraba constantemente como si de una película se tratase, intentaba memorizar fotograma a fotograma cada segundo que estábamos juntos, para luego cuando no estuviese ella durante los ocho o nueve meses que estaríamos separados pudiera proyectarla mentalmente.
Diez o catorce días no dan para mucho y pasaron con exagerada rapidez. Cuando quise darme cuenta estaba otra vez dispuesto para el viaje. Que no para la separación.
Acabó, acabó el desfile, yo no había visto a mi familia, pero ellos sí por lo cual en vez de buscarlos yo, me encontraron ellos a mí. La alegría fue la misma muchos besos muchos llantos esta vez mi madre se llevó la palma. Yo sólo pensaba en salir de aquel campamento y como todo pasa, también salimos a una corta libertad de catorce días todo un lujo después de esas seis semanas fatídicas.
Una vez en el coche les llevé hasta El Puerto, como no para despedirme de la señora que nos daba cama por un precio realmente barato y además cocinaba muy bien. Me aproveché de su hospitalidad para cambiarme de ropa y ducharme pues la jura nos había calado de polvo. Después de la ducha con ajax pues no encontré otro jabón, como apenas tenía pelo después del corte que nos dieron no tenía mucho que perder, nos dirigimos hasta los cocederos, también para despedirme de esos percebes gambas y en general de aquel surtido extenso de ácido úrico que esta de muerte.
Como a todos nos gustaban esas "porquerías" disfrutamos de lo lindo; no paraba de hablar de los grandes sacrificios que estaba haciendo por la patria y si lo hacia era para seguir comiendo y no perder bocado mientras ellos me hablaban cada uno de su tema, mi mujer que si me había echado de menos, que si estaba muy bien con mis padres, que si el trabajo estupendo, mi madre un tanto de lo mismo y mi padre pues hablándome del trabajo, como siempre acabábamos hablando los dos de lo mismo: del trabajo, de hecho nos atraía y así tampoco discutíamos.
Después de tan suculentos manjares contrastó con el hostal de carretera de Córdoba en el cual pernoctamos, no sólo por la diferencia de comida si no también por las habitaciones que daban pena, pero, fue lo único que pudimos encontrar dadas horas que eran y el cansancio que arrastrábamos todos, ellos por el viaje, ya unos 1700km. y yo por ese duro mes de entrenamiento y por supuesto una mañana crematoria y agotadora. No recuerdo si llegamos directamente a Rubí o a Palamós, pero era igual estaba en casa fuere donde fuere, al fin y al cabo estaba con mi mujer que en aquellos momentos era lo que más me importaba.
Recuerdo que la sensación que recorría mi cuerpo solo con mirarla o simplemente notar su presencia, hacía que todo aquel mes y pico hubiese valido la pena. La miraba constantemente como si de una película se tratase, intentaba memorizar fotograma a fotograma cada segundo que estábamos juntos, para luego cuando no estuviese ella durante los ocho o nueve meses que estaríamos separados pudiera proyectarla mentalmente.
Diez o catorce días no dan para mucho y pasaron con exagerada rapidez. Cuando quise darme cuenta estaba otra vez dispuesto para el viaje. Que no para la separación.
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