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tamarix

De un lado para otro

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Cuando llegó septiembre, comenzó la época de vacaciones, para todos los que trabajábamos en la costa, o sea de cara al turismo.
Desde la dirección de la empresa me dijeron que sustituyese al jefe de la tienda de San Feliu de G., una tienda algo más grade que la nuestra de Palafrugell y con una extensión de ventas superior. Durante ese mes que estuve logré superar las ventas y me sentía importante, pues superar a uno de los vendedores carismáticos de la empresa era todo un lujo. Visto que en San Feliu me fue bien probaron al mes siguiente con Gerona, donde el Sr. Marín también cogió sus vacaciones. No estuvo nada mal y si no se notó tanto la diferencia de ventas, pues al ser una tienda con más vendedores, el volumen de ventas dependía también de ellos, no como en Palafrugell o San Feliu. Claro está que mi Padre también aprovechó sus vacaciones y como no fui yo el sustituto otra vez. En esta ocasión mantuve el nivel, pero es que mi padre lo ponía muy alto. Mi reto era no bajar las ventas y también lo conseguí. Que más podía pedir, solo esperar un pequeño milagro y que algún encargado dejase su puesto y me ascendiesen. De hecho el de San Feliu estaba a punto de jubilarse y siempre comentaba que lo haría con prejubilación, pues decía que estaba hasta las narices de trabajar, cosa que a mí esa idea me encantaba y la de encargarme de una tienda como aquella todavía más. No me importaba ni las horas ni los kilómetros aunque si el resultado.
Así, sin comerlo ni beberlo llegamos a la campaña de invierno, y claro con ella la navidad y todas sus festividades.
En lo que se refiere al trabajo, seguimos con la misma tónica, mucho, mucho, casi hasta demasiado.
Después de saldar el turno de sustituto, me fueron alternando de tienda en tienda, según las necesidades de cada una.
A mediados de diciembre, fui reclamado por mi padre para toda la campaña de Navidad, y allí pasé las fiestas pues era en realidad donde más falta hacía otra persona.

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