Casado y bien casado
3
El murmullo de la sala era considerable, y eso que ellos habían tomado un aperitivo para hacer más corta la espera.
Llegan los camareros presentándonos el primer plato y una vez dado el visto bueno, siempre como mandan las tradiciones, se sirvió a todos los invitados la comida y mágicamente el silencio invadió la sala, eso era porque todos comían con desesperación, yo los observaba mirando mi plato de reojo y llevando lentamente la comida a la boca para disimular más que nada . Y como siempre pasa en este país cuando comenzaron a llenar los vacíos los gritos típicos de viva los novios o que se besen etc. etc. y venga levanta dale un beso a la novia siéntate , levántate y así hasta que llegaron los segundos, otra vez silencio, y así hasta la tarta, en la que los estómagos llenos de sólidos y mucho líquido calmaron los ánimos de gritar pasando a la comunicación social con los compañeros de mesa. Mientras nosotros con el pastel aún en la boca a pasearnos por toda la sala preguntando las tonterías de siempre ,que si gustaba la boda, que la comida era buena, que si pasaros por casa cuándo queráis y cosas por el estilo.
Así uno con una caja de habanos y ella con una bandeja de cigarros pareja por pareja y mesa por mesa , un puro un cigarro y una foto. Realmente agotador, por eso la deben llamar la primera noche de luna de miel, pues cuando se acaba queda un gusto dulce que sabe a tranquilidad y silencio y sobretodo a cansancio.
Se acabó el convite ,los invitados bailando festivamente al sonido de un tocadiscos la música más vulgar de la época que se suponía la más divertida y adecuada para estos acontecimientos, parecía que se divertían, sobre todo bebían y no precisamente agua.
Mientras nosotros ,el recién matrimonio, hacíamos mutis por el foro. En complicidad con nuestros amigos. Nos escapábamos discretamente ,entre más aplausos y vivas, tampoco aunque aplaudieran o gritaran no creo que se diesen cuenta de nuestra ausencia, pues eran actos reflejos uno aplaudía y el resto también sin saber por que, pero eso sí colaborando.
Ángel y Lucía, Carolina y Yo, montados ya en el Ford Fiesta de mi padre, aunque siempre lo llevaba yo, nos dirigimos a casa de los padres de Carolina, tenía que cambiarse y cerrar definitivamente las maletas. Allá se quedaron Carolina y Lucía, mientras Ángel y Yo hacíamos lo propio, pues después del cambio íbamos a la discoteca y luego ya a solas Carolina y yo nos íbamos , eso sí ahora ella y yo solos hacia el hotel nupcial.
Recogimos las maletas, también a Carolina y Lucía y como he dicho antes nos fuimos hasta la discoteca, donde los amigos de nuestra edad nos esperaban para seguir la fiesta más a nuestra manera. No he comentado que entre los amigos aparte de los de Rubí , que eran mutuos de los dos, también venían de Gerona, que esos eran particulares míos. Los cuales nos servirían de escolta hasta el hotel, más que nada para que no se perdieran.
En la discoteca nos lo pasamos bien y después de las despedidas de rigor, cogimos rumbo hacia Gerona, seguidos de nuestro séquito, como no.
Llegados a Palafrugell la comitiva se separó cada una a su casa, supongo y Dios a la de todos.
Quince minutos de curvas nos separaban del hotel. La carretera la conocía bien pues era mi camino cotidiano al trabajo y la que más se utilizaba para salir de Begur. La conversación durante el trayecto fue banal dirigida sobre todo a como habían transcurrido los acontecimientos y cosa s de chismorreo, quizás para evitar sacar el tema de lo que pasaría aquella noche y así no tener que hablar claramente de todo. Este tipo de conversaciones de besugos fueron muy habituales durante todo el matrimonio, y no le echo la culpa a Carolina, tampoco toda yo, pero... de esta reflexiones ya relataré más adelante.
En una pendiente bastante pronunciada aparqué el coche, recuerdo que cuando bajé del coche una sensación fría, húmeda y solitaria, penetró en mí.
Durante unos segundos reflexioné de lo que estaba pasando y en esta ocasión quedé temporalmente igualado en esas cábalas que mi cabeza debatía entre lo que está bien, lo que es correcto, lo que está mal si eso no es correcto etc... . La humedad, característica junto con su insigne viento L a Tramontana de aquella zona, no quería separarse de este mi cuerpo. Debido a ello y a las sin prisas pero sin pausas y que a Carolina tampoco le debía hacer mucha gracia esa meteorología, pues arreo rauda con los trastos y nos dirigimos a la puerta del hotel, que era lo más lógico ¿no?. Entramos no me acuerdo si llamando o no, pero entrar entramos, de eso estoy seguro. La habitación era amplia con cuarto de baño y dos camas de 90cm. Cada una, muy cómodas pero dos camas. Eso a mi no me hizo ninguna gracia, pues tenia idea que a la hora de dormir fuera cual fuera la hora , me sentiría con falta de espacio.
Pero ya estábamos solos y en silencio. El resto de la noche omito contarlo. Como con todas las relaciones que he tenido sobre este tema mi discreción ha sido y es absoluta.
La noche bien y no tuve falta de espacio y el cansancio ganó a todos los cm. que podían faltar.
No podíamos dormir hasta la saciedad pues como es sabido a las doce hay que dejar la habitación. Aunque no hubiéramos tenido horario en el hotel , tampoco hubiéramos podido pues más o menos a las dos de la tarde se celebraba un segundo banquete, no quieres caldo? Toma dos tazas, en honor de todos los amigos de mis padres que vivían en Bergur , hubiese salido la broma más cara llevándolos a Rubí.
Abandonamos el hotel a medio día. Fuimos a Palafrugell a desayunar.
Buscando una cafetería digna para la ocasión recorrimos todo el centro de la población, digna de visitar esa localidad. Nos metimos en una cafetería que al menos desde la puerta se podían ver aún algunos croasanes, y eso nos decidió para entrar y asegurarnos el alimento. Pues ya más tranquilo y relajado, teniendo en cuenta que el día anterior no había probado bocado, pude saciar mi apetito. Después de calmar la gana quedé absorto viendo terminar su desayuno a Carolina. Mi mente pensaba rápidamente tantas cosas a la vez que mis ideas se revolvían y de la pasta resultante no salía nada. Solo sensaciones, como... cuando reconoces que estas en primavera porque al pasar por un jardín reconoces el olor de las rosas y también reconoces una luz especial que te dice es primavera.
Una de esas sensaciones viendo a Carolina era de vergüenza. Quizás la edad me condicionaba mucho dado que ella con diecisiete y yo con veinte, resultábamos una pareja joven, muy joven y además como el tiempo rubricó, inmaduros. Me encontraba cohibido y asustado. Tenía la impresión que todos nos miraban, como si supiesen que éramos recién casados y no me gustaba, pensé que todo era cuestión de acostumbrase y así fue. De hecho se había abierto una puerta y no conocía que habría detrás , que sorpresas me deparaban. Todo junto era una incertidumbre que hasta ese momento nunca había experimentado y era la primera vez que tenía miedo por mi porvenir.
Se acercaba la hora del segundo banquete, con tranquilidad nos dirigimos al piso en el que vivía con mis padres en Palafrugell y que a partir de ese momento también era nuestra casa .
Cumplí también con el ritual de entrar a la novia en brazos y la llevé hasta nuestra habitación , donde todo lo lento que pude, la tendí en la cama y noté alivio, pues... ¿qué hubiese pasado si tropiezo, rompo algo etc...? . Pues sí, llegué triunfante hasta la habitación, (por suerte estas cosas se hacen una vez por matrimonio).
No pasarían ni diez minutos cuando aparecieron nuestros padres para todos juntos ir al restaurante. Venían muy contentos , como si se conociesen de toda la vida. Entre risas y risas , escándalo y más escándalo nos dirigimos al encuentro con los amigos. El restaurante se encontraba a unos cuarenta kilómetros de distancia, llegamos a la cita a la hora precisa, como debe de ser. Faltaban algunas familias pero no tardaron en llegar.
El restaurante era, bueno y aún debe de serlo, una masía adaptada para el trabajo, con una chimenea central, que en invierno los comensales podían asar ellos mismo la carne que habían escogido. Este no era el caso, menudas colas se abrían producido y más con un hambre que cortaba el ambiente.
Un salón espacioso, con una decoración rustica y ventanales en dos de sus paredes nos aguardaba para el evento, recuerdo que tenía buena luz, incrementada quizás por un día soleado y sin viento.
Nos plantaron las mesas en forma de u. Y como ya venía siendo costumbre nuestros respectivos padres y nosotros, en la presidencia otra vez.
La comida transcurrió sin tanto algaravío como el día anterior, aunque los licores contribuyeron a algún que otro viva y demás.
Al no haber ni pastel ni fotos ni otras historias a las típicas de una comida normal, pudimos escabullirnos con más facilidad que la pasada tarde y viva Dios que no desaprovechamos la mínima oportunidad para desaparecer de la compañía.
Estaba deseando llegar a casa para continuar con algunos detalles que quedaron pendientes la madrugada pasada de los cuales entre risas íbamos comentando. Posiblemente la primera vez que hablábamos en serio aunque fuese entre risas.
Una vez en casa y después de una merecida ducha comenzábamos a no dejar cosas pendientes, cuando sonó el timbre del piso. ¡Que grata sorpresa! Todos mis amigos de Gerona empeñados en que saliésemos con ellos a tomar unas copas y pasar el rato, ¡como si esa tarde en concreto no tuviéramos idea alguna para pasar el rato!. Resignados aguantamos hasta la hora de la cena y con la excusa del cansancio y todo el trajín de comidas y viajes , pudimos regresar a casa y curiosamente hasta estábamos solos. Parecía imposible los dos solos y con pocas fuerzas.
Así acostándonos pronto termino nuestro primer y feliz día de casados.
La mañana amaneció también soleada y con un clima primaveral que animaba a realizar el viaje que oras más tardes emprenderíamos hacia Castilla la mancha. Viaje de novios lo llaman, aunque nuestro caso era un viaje económico ,pues se trataba de visitar a la familia y aprovechar la hospitalidad para no tener que gastar en hoteles y comidas . Creo que fue mi primera gran equivocación.
El murmullo de la sala era considerable, y eso que ellos habían tomado un aperitivo para hacer más corta la espera.
Llegan los camareros presentándonos el primer plato y una vez dado el visto bueno, siempre como mandan las tradiciones, se sirvió a todos los invitados la comida y mágicamente el silencio invadió la sala, eso era porque todos comían con desesperación, yo los observaba mirando mi plato de reojo y llevando lentamente la comida a la boca para disimular más que nada . Y como siempre pasa en este país cuando comenzaron a llenar los vacíos los gritos típicos de viva los novios o que se besen etc. etc. y venga levanta dale un beso a la novia siéntate , levántate y así hasta que llegaron los segundos, otra vez silencio, y así hasta la tarta, en la que los estómagos llenos de sólidos y mucho líquido calmaron los ánimos de gritar pasando a la comunicación social con los compañeros de mesa. Mientras nosotros con el pastel aún en la boca a pasearnos por toda la sala preguntando las tonterías de siempre ,que si gustaba la boda, que la comida era buena, que si pasaros por casa cuándo queráis y cosas por el estilo.
Así uno con una caja de habanos y ella con una bandeja de cigarros pareja por pareja y mesa por mesa , un puro un cigarro y una foto. Realmente agotador, por eso la deben llamar la primera noche de luna de miel, pues cuando se acaba queda un gusto dulce que sabe a tranquilidad y silencio y sobretodo a cansancio.
Se acabó el convite ,los invitados bailando festivamente al sonido de un tocadiscos la música más vulgar de la época que se suponía la más divertida y adecuada para estos acontecimientos, parecía que se divertían, sobre todo bebían y no precisamente agua.
Mientras nosotros ,el recién matrimonio, hacíamos mutis por el foro. En complicidad con nuestros amigos. Nos escapábamos discretamente ,entre más aplausos y vivas, tampoco aunque aplaudieran o gritaran no creo que se diesen cuenta de nuestra ausencia, pues eran actos reflejos uno aplaudía y el resto también sin saber por que, pero eso sí colaborando.
Ángel y Lucía, Carolina y Yo, montados ya en el Ford Fiesta de mi padre, aunque siempre lo llevaba yo, nos dirigimos a casa de los padres de Carolina, tenía que cambiarse y cerrar definitivamente las maletas. Allá se quedaron Carolina y Lucía, mientras Ángel y Yo hacíamos lo propio, pues después del cambio íbamos a la discoteca y luego ya a solas Carolina y yo nos íbamos , eso sí ahora ella y yo solos hacia el hotel nupcial.
Recogimos las maletas, también a Carolina y Lucía y como he dicho antes nos fuimos hasta la discoteca, donde los amigos de nuestra edad nos esperaban para seguir la fiesta más a nuestra manera. No he comentado que entre los amigos aparte de los de Rubí , que eran mutuos de los dos, también venían de Gerona, que esos eran particulares míos. Los cuales nos servirían de escolta hasta el hotel, más que nada para que no se perdieran.
En la discoteca nos lo pasamos bien y después de las despedidas de rigor, cogimos rumbo hacia Gerona, seguidos de nuestro séquito, como no.
Llegados a Palafrugell la comitiva se separó cada una a su casa, supongo y Dios a la de todos.
Quince minutos de curvas nos separaban del hotel. La carretera la conocía bien pues era mi camino cotidiano al trabajo y la que más se utilizaba para salir de Begur. La conversación durante el trayecto fue banal dirigida sobre todo a como habían transcurrido los acontecimientos y cosa s de chismorreo, quizás para evitar sacar el tema de lo que pasaría aquella noche y así no tener que hablar claramente de todo. Este tipo de conversaciones de besugos fueron muy habituales durante todo el matrimonio, y no le echo la culpa a Carolina, tampoco toda yo, pero... de esta reflexiones ya relataré más adelante.
En una pendiente bastante pronunciada aparqué el coche, recuerdo que cuando bajé del coche una sensación fría, húmeda y solitaria, penetró en mí.
Durante unos segundos reflexioné de lo que estaba pasando y en esta ocasión quedé temporalmente igualado en esas cábalas que mi cabeza debatía entre lo que está bien, lo que es correcto, lo que está mal si eso no es correcto etc... . La humedad, característica junto con su insigne viento L a Tramontana de aquella zona, no quería separarse de este mi cuerpo. Debido a ello y a las sin prisas pero sin pausas y que a Carolina tampoco le debía hacer mucha gracia esa meteorología, pues arreo rauda con los trastos y nos dirigimos a la puerta del hotel, que era lo más lógico ¿no?. Entramos no me acuerdo si llamando o no, pero entrar entramos, de eso estoy seguro. La habitación era amplia con cuarto de baño y dos camas de 90cm. Cada una, muy cómodas pero dos camas. Eso a mi no me hizo ninguna gracia, pues tenia idea que a la hora de dormir fuera cual fuera la hora , me sentiría con falta de espacio.
Pero ya estábamos solos y en silencio. El resto de la noche omito contarlo. Como con todas las relaciones que he tenido sobre este tema mi discreción ha sido y es absoluta.
La noche bien y no tuve falta de espacio y el cansancio ganó a todos los cm. que podían faltar.
No podíamos dormir hasta la saciedad pues como es sabido a las doce hay que dejar la habitación. Aunque no hubiéramos tenido horario en el hotel , tampoco hubiéramos podido pues más o menos a las dos de la tarde se celebraba un segundo banquete, no quieres caldo? Toma dos tazas, en honor de todos los amigos de mis padres que vivían en Bergur , hubiese salido la broma más cara llevándolos a Rubí.
Abandonamos el hotel a medio día. Fuimos a Palafrugell a desayunar.
Buscando una cafetería digna para la ocasión recorrimos todo el centro de la población, digna de visitar esa localidad. Nos metimos en una cafetería que al menos desde la puerta se podían ver aún algunos croasanes, y eso nos decidió para entrar y asegurarnos el alimento. Pues ya más tranquilo y relajado, teniendo en cuenta que el día anterior no había probado bocado, pude saciar mi apetito. Después de calmar la gana quedé absorto viendo terminar su desayuno a Carolina. Mi mente pensaba rápidamente tantas cosas a la vez que mis ideas se revolvían y de la pasta resultante no salía nada. Solo sensaciones, como... cuando reconoces que estas en primavera porque al pasar por un jardín reconoces el olor de las rosas y también reconoces una luz especial que te dice es primavera.
Una de esas sensaciones viendo a Carolina era de vergüenza. Quizás la edad me condicionaba mucho dado que ella con diecisiete y yo con veinte, resultábamos una pareja joven, muy joven y además como el tiempo rubricó, inmaduros. Me encontraba cohibido y asustado. Tenía la impresión que todos nos miraban, como si supiesen que éramos recién casados y no me gustaba, pensé que todo era cuestión de acostumbrase y así fue. De hecho se había abierto una puerta y no conocía que habría detrás , que sorpresas me deparaban. Todo junto era una incertidumbre que hasta ese momento nunca había experimentado y era la primera vez que tenía miedo por mi porvenir.
Se acercaba la hora del segundo banquete, con tranquilidad nos dirigimos al piso en el que vivía con mis padres en Palafrugell y que a partir de ese momento también era nuestra casa .
Cumplí también con el ritual de entrar a la novia en brazos y la llevé hasta nuestra habitación , donde todo lo lento que pude, la tendí en la cama y noté alivio, pues... ¿qué hubiese pasado si tropiezo, rompo algo etc...? . Pues sí, llegué triunfante hasta la habitación, (por suerte estas cosas se hacen una vez por matrimonio).
No pasarían ni diez minutos cuando aparecieron nuestros padres para todos juntos ir al restaurante. Venían muy contentos , como si se conociesen de toda la vida. Entre risas y risas , escándalo y más escándalo nos dirigimos al encuentro con los amigos. El restaurante se encontraba a unos cuarenta kilómetros de distancia, llegamos a la cita a la hora precisa, como debe de ser. Faltaban algunas familias pero no tardaron en llegar.
El restaurante era, bueno y aún debe de serlo, una masía adaptada para el trabajo, con una chimenea central, que en invierno los comensales podían asar ellos mismo la carne que habían escogido. Este no era el caso, menudas colas se abrían producido y más con un hambre que cortaba el ambiente.
Un salón espacioso, con una decoración rustica y ventanales en dos de sus paredes nos aguardaba para el evento, recuerdo que tenía buena luz, incrementada quizás por un día soleado y sin viento.
Nos plantaron las mesas en forma de u. Y como ya venía siendo costumbre nuestros respectivos padres y nosotros, en la presidencia otra vez.
La comida transcurrió sin tanto algaravío como el día anterior, aunque los licores contribuyeron a algún que otro viva y demás.
Al no haber ni pastel ni fotos ni otras historias a las típicas de una comida normal, pudimos escabullirnos con más facilidad que la pasada tarde y viva Dios que no desaprovechamos la mínima oportunidad para desaparecer de la compañía.
Estaba deseando llegar a casa para continuar con algunos detalles que quedaron pendientes la madrugada pasada de los cuales entre risas íbamos comentando. Posiblemente la primera vez que hablábamos en serio aunque fuese entre risas.
Una vez en casa y después de una merecida ducha comenzábamos a no dejar cosas pendientes, cuando sonó el timbre del piso. ¡Que grata sorpresa! Todos mis amigos de Gerona empeñados en que saliésemos con ellos a tomar unas copas y pasar el rato, ¡como si esa tarde en concreto no tuviéramos idea alguna para pasar el rato!. Resignados aguantamos hasta la hora de la cena y con la excusa del cansancio y todo el trajín de comidas y viajes , pudimos regresar a casa y curiosamente hasta estábamos solos. Parecía imposible los dos solos y con pocas fuerzas.
Así acostándonos pronto termino nuestro primer y feliz día de casados.
La mañana amaneció también soleada y con un clima primaveral que animaba a realizar el viaje que oras más tardes emprenderíamos hacia Castilla la mancha. Viaje de novios lo llaman, aunque nuestro caso era un viaje económico ,pues se trataba de visitar a la familia y aprovechar la hospitalidad para no tener que gastar en hoteles y comidas . Creo que fue mi primera gran equivocación.
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