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tamarix

De Málaga a Melilla

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Bien, nos habíamos librado de formar tanto en el muelle, para pasar lista y luego en cubierta, para un poco más de lo mismo, hasta que rompieron filas y llegamos nosotros apunto de quitar la pasarela.
El trayecto cruzando el estrecho duró unas ocho horas aproximadamente. La mar estaba razonablemente tranquila y el sol apretaba con ganas, para no perder la fama de esas tierras, en este caso, mar. Los delfines nos acompañaron las últimas millas de la travesía relajándonos y disfrutando con sus saltos y cabriolas. Dicen que salvan a los náufragos, me lo creo pues durante el tiempo que estuve observándolos, mi mente se alejó de los recuerdos que durante toda la noche y todo el ajetreado día. Viéndolos saltaba y jugaba con ellos y sobre todo los admiraba y envidiaba. Eran realmente libres, si no disimulaban muy bien. Alcé la vista y pude avistar tierra, África, Donde estaría Melilla me preguntaba, como era pregunta sin respuesta aparté de mi mente la posible ubicación para admirar o mejor dicho para comparar el paisaje y sobretodo el color de la tierra, Rojiza y anaranjada. Era bonita mi primera impresión, igual el viaje vale la pena aunque fura solo por el paisaje. El crepúsculo también se pavoneaba con su extensa cantidad de colores y formas aumentado la belleza de aquellos acantilados que nos recibían e indicaba nuestra próxima parada.
Anochecía cuando surgió ante nosotros la bocana del puerto de Melilla, las caras de los soldados fue cambiando con expresiones de desconcierto e incertidumbre.
Después de realizar todas las maniobra por los técnicos portuarios desembarcamos no muy ligeros , de echo no teníamos prisa alguna por saber que pasaría ahora o después.

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