Comida en familia, tarde de paseo.
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El restaurante en el centro de Calella estaba decorado con motivos y útiles marinos y de pesca. Pudimos escoger mesa, si hubiese sido en verano habría que haber reservado con unos días de antelación. La mesa tenía vistas a la cala donde las pequeñas barcas estaban varadas esperando a otro día de trabajo. El paisaje, el restaurante y sobre todo la compañía eran deliciosos e inolvidables. Después de una suprema comida, un buen postre para rebajar, un café, una copa y un habano para rematar la faena, como pudimos nos levantamos en busca del coche y con dirección a casa con la intención, al menos yo de reposar mis huesos en una cama decente y promocionar la siesta, y si encima si no dormía solo pues... mucho mejor. Así fue, dormí un par de horas, (me reservo si solo o acompañado), que me sentaron a gloria pues el viaje me había pasado factura.
Después de una buena merienda, mi madre y Carolina comentaban que traía hambre atrasada y bien lo podían decir pues así estuve una semana comiendo y no saciando mi apetito.
Anna que no se quedaba atrás también tomó su merienda, que como no, se la di yo. Otra vez me sentía orgulloso de ser el padre de una criatura tan hermosa y perfecta. Se hacía un poco de rogar pero luego cuando abría la boca no dejaba rastro alguno en la cuchara, entre volar la cuchara hacerle gestos que más que cómicos era ridículos, después de hacerle creer que la cuchara era un avión, aunque ella no tenía ni remota idea que era un avión o que ruido podía hacer, daba igual yo le ponía el máximo empeño y así debió de ser pues acabó con todo el plato en poco tiempo, lo que pensase Anna de mi es otra historia. Carolina cuando acabé, la cambió y los tres dimos el que creo que fue el primer paseo familiar. En las vacaciones de Navidad pasear, pasear, no pudimos, pues Carolina no se encontraba bien para caminar y además hacía bastante frío. Aquella tarde la aprovechamos bien, invitaba a recorrer las calles del casco antiguo de Palafrugell, parar en los escaparates, admirar sus casas, respirar primavera y transpirar felicidad. Dimos vueltas y vueltas, después nos paramos en la plaza a descansar un poco y reponer fuerzas con unos aperitivos y unas cañitas. Luego, serían sobre las siete más o menos cuando nos dirigimos a la tienda de muebles, no solo para ver a mi padre y a mi antiguo compañero, Carlos. También quería meter la cabeza en los papeles, en los nuevos catálogos, ver las nuevas tendencias y sus precios, quería saber que cosas a nivel trabajo habían cambiado, necesitaba sentirme persona, ansiaba volver a tener responsabilidades, en definitiva quería volver a mi trabajo.
Poco rato estuve pues a las ocho si no había nadie como un reloj cerrábamos la tienda, de hecho esos días eran escasos. Aquella tarde mi padre tuvo suerte y cerró a su hora. Los cuatros después de hacer la parada de rigor en el bar de Beni, seguimos paseando hacia casa y sin parar de hablar, mi padre iba poniéndome al corriente de las novedades y cotilleos que radio macuto, que Como en toda España funcionaba y funciona a las mil maravillas, sobre todo, cuando la noticia era autentica.
El restaurante en el centro de Calella estaba decorado con motivos y útiles marinos y de pesca. Pudimos escoger mesa, si hubiese sido en verano habría que haber reservado con unos días de antelación. La mesa tenía vistas a la cala donde las pequeñas barcas estaban varadas esperando a otro día de trabajo. El paisaje, el restaurante y sobre todo la compañía eran deliciosos e inolvidables. Después de una suprema comida, un buen postre para rebajar, un café, una copa y un habano para rematar la faena, como pudimos nos levantamos en busca del coche y con dirección a casa con la intención, al menos yo de reposar mis huesos en una cama decente y promocionar la siesta, y si encima si no dormía solo pues... mucho mejor. Así fue, dormí un par de horas, (me reservo si solo o acompañado), que me sentaron a gloria pues el viaje me había pasado factura.
Después de una buena merienda, mi madre y Carolina comentaban que traía hambre atrasada y bien lo podían decir pues así estuve una semana comiendo y no saciando mi apetito.
Anna que no se quedaba atrás también tomó su merienda, que como no, se la di yo. Otra vez me sentía orgulloso de ser el padre de una criatura tan hermosa y perfecta. Se hacía un poco de rogar pero luego cuando abría la boca no dejaba rastro alguno en la cuchara, entre volar la cuchara hacerle gestos que más que cómicos era ridículos, después de hacerle creer que la cuchara era un avión, aunque ella no tenía ni remota idea que era un avión o que ruido podía hacer, daba igual yo le ponía el máximo empeño y así debió de ser pues acabó con todo el plato en poco tiempo, lo que pensase Anna de mi es otra historia. Carolina cuando acabé, la cambió y los tres dimos el que creo que fue el primer paseo familiar. En las vacaciones de Navidad pasear, pasear, no pudimos, pues Carolina no se encontraba bien para caminar y además hacía bastante frío. Aquella tarde la aprovechamos bien, invitaba a recorrer las calles del casco antiguo de Palafrugell, parar en los escaparates, admirar sus casas, respirar primavera y transpirar felicidad. Dimos vueltas y vueltas, después nos paramos en la plaza a descansar un poco y reponer fuerzas con unos aperitivos y unas cañitas. Luego, serían sobre las siete más o menos cuando nos dirigimos a la tienda de muebles, no solo para ver a mi padre y a mi antiguo compañero, Carlos. También quería meter la cabeza en los papeles, en los nuevos catálogos, ver las nuevas tendencias y sus precios, quería saber que cosas a nivel trabajo habían cambiado, necesitaba sentirme persona, ansiaba volver a tener responsabilidades, en definitiva quería volver a mi trabajo.
Poco rato estuve pues a las ocho si no había nadie como un reloj cerrábamos la tienda, de hecho esos días eran escasos. Aquella tarde mi padre tuvo suerte y cerró a su hora. Los cuatros después de hacer la parada de rigor en el bar de Beni, seguimos paseando hacia casa y sin parar de hablar, mi padre iba poniéndome al corriente de las novedades y cotilleos que radio macuto, que Como en toda España funcionaba y funciona a las mil maravillas, sobre todo, cuando la noticia era autentica.
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