Del puerto al cuartel
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Los camiones militares nos esperaban a todos, fueron llamando por orden de cuarteles y formándolos delante de cada camión encargados de trasladarlos. Un cabo de artillería vociferó dos nombres; el de un gallego y el mío. A nosotros no nos esperaba un camión si no un "mil trescientos" como más tarde me enteré que se llamaba. Total para cuatro personas tampoco hacía falta más. El cabo enlace y el soldado conductor, sentados delante hablaban como confabulándose de algo, por dentro ya pensaba, seguro que nos hacen la primera novatada.
Pararon el coche delante de un bar que venía de camino. Vamos a parar y así nos libramos de retreta y a vosotros no os molestarán tanto pues enseguida tocarán silencio e igual os salváis de algún revolcón o putada. Entramos al bar tomamos unas cañas y charlamos sobre la vida en Melilla y sobre todo la vida en el cuartel, pasado un buen rato volvimos al coche directos al cuartel que sería nuestra residencia durante los próximos nueve meses.
El soldado enlace nos presentó en el cuerpo de guardia, salió el suboficial de guardia un sargento a recibirnos. Dió órdenes al cabo enlace que nos llevase a cocina para reponer fuerzas y después nos acompañasen a la batería nombre que se le da al barracón, en otros regimientos son compañías. Cenamos bien, además estábamos solos, bueno y un ranchero, cocinero, que nos acompañó durante la cena, después nos acompañó a la batería imaginaria y nos dijo dónde estaban nuestras camaretas. Una vez en la cama intentando conciliar el sueño cuando unos soldados vinieron a darnos la bienvenida, o sólo a matar el aburrimiento o simplemente hacer algo que saliese de lo normal.
El hecho es que se acercaron a mí con las bromas que luego serían típicas con todos los reemplazos que vendrían por detrás, ej: te vendo un camello" o bien "¿saben tus padres que estas en África?" etc., estas tonterías a las tres de la madrugada después de un día movido y sin dormir aseguro que es una faena de las gordas aunque suave. Luego me ofrecieron tomar brandy quisiera o no. Vosotros mismos les contesté. Desde los quince años en que cogí una borrachera con brandy y anís no puedo ni olerlo, pero si queréis no hay problema. Me hicieron beber y acto seguido un soldado quedó impregnado de mis vómitos que con aguda puntería no fallé, todo lo contrario acerté de pleno, después de unas palabras mal sonantes, nunca más me volvieron a molestar. Por lo menos en la plana mayor de mando donde me habían trasladado.
Los camiones militares nos esperaban a todos, fueron llamando por orden de cuarteles y formándolos delante de cada camión encargados de trasladarlos. Un cabo de artillería vociferó dos nombres; el de un gallego y el mío. A nosotros no nos esperaba un camión si no un "mil trescientos" como más tarde me enteré que se llamaba. Total para cuatro personas tampoco hacía falta más. El cabo enlace y el soldado conductor, sentados delante hablaban como confabulándose de algo, por dentro ya pensaba, seguro que nos hacen la primera novatada.
Pararon el coche delante de un bar que venía de camino. Vamos a parar y así nos libramos de retreta y a vosotros no os molestarán tanto pues enseguida tocarán silencio e igual os salváis de algún revolcón o putada. Entramos al bar tomamos unas cañas y charlamos sobre la vida en Melilla y sobre todo la vida en el cuartel, pasado un buen rato volvimos al coche directos al cuartel que sería nuestra residencia durante los próximos nueve meses.
El soldado enlace nos presentó en el cuerpo de guardia, salió el suboficial de guardia un sargento a recibirnos. Dió órdenes al cabo enlace que nos llevase a cocina para reponer fuerzas y después nos acompañasen a la batería nombre que se le da al barracón, en otros regimientos son compañías. Cenamos bien, además estábamos solos, bueno y un ranchero, cocinero, que nos acompañó durante la cena, después nos acompañó a la batería imaginaria y nos dijo dónde estaban nuestras camaretas. Una vez en la cama intentando conciliar el sueño cuando unos soldados vinieron a darnos la bienvenida, o sólo a matar el aburrimiento o simplemente hacer algo que saliese de lo normal.
El hecho es que se acercaron a mí con las bromas que luego serían típicas con todos los reemplazos que vendrían por detrás, ej: te vendo un camello" o bien "¿saben tus padres que estas en África?" etc., estas tonterías a las tres de la madrugada después de un día movido y sin dormir aseguro que es una faena de las gordas aunque suave. Luego me ofrecieron tomar brandy quisiera o no. Vosotros mismos les contesté. Desde los quince años en que cogí una borrachera con brandy y anís no puedo ni olerlo, pero si queréis no hay problema. Me hicieron beber y acto seguido un soldado quedó impregnado de mis vómitos que con aguda puntería no fallé, todo lo contrario acerté de pleno, después de unas palabras mal sonantes, nunca más me volvieron a molestar. Por lo menos en la plana mayor de mando donde me habían trasladado.
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