Primera noche
31
Para cenar, tortilla de patatas ¡que delicia! No es que mi madre sea adivina, no, es que pregunta siempre y a ser posible después de comer, cuando no tienes hambre y además no te apetece nada. Aquel día no tuve problema en decirle que era lo que deseaba, lo tenía más que pensado y si no lo hubiese preguntado ella, se lo habría dicho yo.
Hay cosas que solo las hechas en falta cuando no las tienes y para mí una de ellas era después de comer hacer un poco de sobremesa sentado en el sofá, viendo la televisión y charlando un poco de nada, pero en familia. Era la hora de acostarse, preparamos los utensilios nocturnos de Anna y fuimos a la cama. Una noche entera en mi cama y además con mi mujer, casi no lo podía creer, de hecho todo lo sucedido en aquella jornada era prácticamente inverosímil para mí.
Tanta gloria no podía ser cierta, y a las tres, sin ningún tipo de compasión Anna desplegó su potente bocina y como si de una tercera imaginaria se tratara me levanté, por puro instinto, una vez situado recordé que Anna no perdonaba y comida es comida, lo de más son historias. Como la experiencia supone un grado, Carolina estaba preparada y en un periquete Anna daba fin a su segunda cena, y nosotros reanudábamos nuestro segundo sueño. Por suerte Anna pronto descubrió que si cenaba más, luego no despertaba y así descansaba mejor. O por lo menos es lo que yo quería pensar.
El hecho es que dormía toda la noche como un ángel, un auténtico cielo. No me cansaba de mirarla como tampoco me canso de escribirlo.
Para cenar, tortilla de patatas ¡que delicia! No es que mi madre sea adivina, no, es que pregunta siempre y a ser posible después de comer, cuando no tienes hambre y además no te apetece nada. Aquel día no tuve problema en decirle que era lo que deseaba, lo tenía más que pensado y si no lo hubiese preguntado ella, se lo habría dicho yo.
Hay cosas que solo las hechas en falta cuando no las tienes y para mí una de ellas era después de comer hacer un poco de sobremesa sentado en el sofá, viendo la televisión y charlando un poco de nada, pero en familia. Era la hora de acostarse, preparamos los utensilios nocturnos de Anna y fuimos a la cama. Una noche entera en mi cama y además con mi mujer, casi no lo podía creer, de hecho todo lo sucedido en aquella jornada era prácticamente inverosímil para mí.
Tanta gloria no podía ser cierta, y a las tres, sin ningún tipo de compasión Anna desplegó su potente bocina y como si de una tercera imaginaria se tratara me levanté, por puro instinto, una vez situado recordé que Anna no perdonaba y comida es comida, lo de más son historias. Como la experiencia supone un grado, Carolina estaba preparada y en un periquete Anna daba fin a su segunda cena, y nosotros reanudábamos nuestro segundo sueño. Por suerte Anna pronto descubrió que si cenaba más, luego no despertaba y así descansaba mejor. O por lo menos es lo que yo quería pensar.
El hecho es que dormía toda la noche como un ángel, un auténtico cielo. No me cansaba de mirarla como tampoco me canso de escribirlo.
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