Una despedida y mi gran tristeza
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Esa tarde después de deambular todo el día me acerqué hasta el piso de los que habían sido nuestros vecinos con anterioridad. Allí estaba Anna con sus cuatro añitos y esperando a cumplir los cinco. No podía hablar y tampoco ver, tenía los ojos cubiertos de tristeza la voz ahogada por la amargura y la mente diciéndome que las cosas cambiarían para toda mi vida y lo que estaba hecho ya estaba hecho... Si era justo o no Yo no era en esos momentos quien podía juzgar, y ahora tampoco. Con esos pensamientos abracé a mi hija y como pude le dije que la quería y me despedí, ciertamente sabía que era una despedida.
Cogí el coche con una maleta de mano que había llenado con algo de ropa y esta vez sin proyectos ni ilusiones y aunque no recuerdo si fui o no directo a mi nueva casa, sé que allá llegué. Tampoco sé si me emborraché antes o después de coger el coche.
La primera noche como separado no pude pegar ojo. Pensaba sobre todo en Anna, y sentía que con mi ausencia nos distanciaríamos y perdería el cariño. No veía nada claro, en un solo día me había quedado sin mujer, sin subsidio, pues lo habíamos agotado para el bar y además sin trabajo, pues el bar era legalmente de Carolina.
También había perdido mis antiguas amistades de Bergur, pues durante los casi cinco años de casados no permitió nunca que visitásemos a mis amigos. Lo peor de todo es que yo se lo permití. Aquella noche sentí que mi pasado dejaba de existir y por la mañana comenzaría otra fase de mi vida totalmente diferente y desconocida.
Esa tarde después de deambular todo el día me acerqué hasta el piso de los que habían sido nuestros vecinos con anterioridad. Allí estaba Anna con sus cuatro añitos y esperando a cumplir los cinco. No podía hablar y tampoco ver, tenía los ojos cubiertos de tristeza la voz ahogada por la amargura y la mente diciéndome que las cosas cambiarían para toda mi vida y lo que estaba hecho ya estaba hecho... Si era justo o no Yo no era en esos momentos quien podía juzgar, y ahora tampoco. Con esos pensamientos abracé a mi hija y como pude le dije que la quería y me despedí, ciertamente sabía que era una despedida.
Cogí el coche con una maleta de mano que había llenado con algo de ropa y esta vez sin proyectos ni ilusiones y aunque no recuerdo si fui o no directo a mi nueva casa, sé que allá llegué. Tampoco sé si me emborraché antes o después de coger el coche.
La primera noche como separado no pude pegar ojo. Pensaba sobre todo en Anna, y sentía que con mi ausencia nos distanciaríamos y perdería el cariño. No veía nada claro, en un solo día me había quedado sin mujer, sin subsidio, pues lo habíamos agotado para el bar y además sin trabajo, pues el bar era legalmente de Carolina.
También había perdido mis antiguas amistades de Bergur, pues durante los casi cinco años de casados no permitió nunca que visitásemos a mis amigos. Lo peor de todo es que yo se lo permití. Aquella noche sentí que mi pasado dejaba de existir y por la mañana comenzaría otra fase de mi vida totalmente diferente y desconocida.
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