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tamarix

Coas que te desaniman y desesperan

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Mi madre solía abrir el bar pequeño y en pocos días se había ganado una clientela que ni mi padre ni yo hubiésemos tenido jamás. Todas las mañanas el bar se llenaba de mujeres y por lo que veía las veces que iba se lo pasaban muy bien. Este horario se extendió a las cuatro de la tarde, cuando muchas tenían que entrar a trabajar y aprovechaban para tomarse un café y cotillear un poco.
Mi vida profesional estaba más o menos encarrilada, con muchas horas de trabajo, pero bien encarrilada. Al menos ahora las horas que hacía trabajando eran para mi propio beneficio y como dice el refrán; “sarna con gusto no pica”.
En lo que se refería a mi vida personal empecé a tener los primeros problemas con Carolina. Sin venir a cuento un fin de semana que me correspondía tener a Anna, me presenté como de costumbre a recogerla. Como siempre iba contento, tener a Anna era lo que anhelaba durante toda la semana, o mejor dicho durante toda la quincena. Llamé al timbre, como de costumbre, la diferencia fue que en esa ocasión salió sólo carolina, pregunté por Anna y Carolina me dijo que no vendría conmigo aquel fin de semana ni otros. Quedé paralizado y sorprendido, no entendía la postura de Carolina, le pedí explicaciones como era lógico y natural. Su respuesta era que como vivía con mis padres no me la quería dejar y por eso la había mandado con sus padres a Rubí. No me cabía en la cabeza dicha posición de Carolina. ¿Qué tenían que ver mis padres ahora con que yo disfrutase con mi hija el fin de semana que por ley me correspondía?... No sé lo que me pasó por mi mente (bueno si), pero nada bonito como para escribirlo en este momento. Me fui reprimiendo mi rabia, estaba confuso y perdido. Era viernes y pasaban de las ocho de la tarde, hasta el lunes no podía hablar con mi abogado, me dirigí a la policía municipal para denunciar el hecho… Después de denunciar lo sucedido el policía que me atendió me dijo que ya me llamarían del juzgado y que en esos momentos no podía hacer nada más. En lo que más hincapié puso el agente era si yo pasaba la pensión de manutención a su madre, ¡pues claro que la paso!, y no solo eso, encima le pasaba más dinero del que “por ley” me correspondía. Salí de comisaría desolado y sobretodo enojado ante esa situación de impotencia que me habían creado.
El lunes como era lógico me puse en contacto con mi abogado para comentarle lo sucedido. En primer lugar me comentó que la denuncia que había puesto no servía para nada pues la policía municipal no tenía competencia para estos asuntos. Después me comentó que fuese a buscar a Anna el próximo fin de semana que me correspondiese y que llevase dos testigos, si me volvía a decir que no me la dejaba no tenía que decir ni hacer nada, pues el después pondría una denuncia para que así estuviese protegido por una sentencia judicial.
Así lo hice, al cabo de quince días me personé con dos amigos tal y como me había aconsejado mi abogado. Como respuesta de Carolina fue otro “no te la dejo”. Me fui sin decir nada, aunque es lo que se supone que tenía que hacer no era precisamente lo que yo hubiese hecho en aquel instante, así que me comí el orgullo y volví al bar con la cabeza baja y el alma rota. Por más que quería entender dicha situación no le encontraba ni pies ni cabeza. Soy una persona pacífica, pero aquella tarde pasaron mil y una ideas para hacer daño a Carolina, quería que sufriera más que yo, en realidad quería que desapareciese de este mundo, esa era la única manera de solucionar el problema que tan maléficamente Carolina había tramado. Aún años después me arrepentí de no haberlo hecho, sé que no suena bien, pero los pensamientos son de cada uno y los míos eran esos.
Por más que lo pensaba menos entendía que era lo que pretendía Carolina y sobre todo ¿por qué?
Siguiendo de nuevo las recomendaciones el lunes otra vez volví a visitar al abogado con mis dos amigos, tal y como me había dicho.
Tomo nota de todo lo que había sucedido, hizo un escrito y mis amigos lo firmaron siguiendo sus instrucciones, después de muchas palabras diciéndome que no me preocupase, que todo iría bien, que el juez resolvería rápido a mi favor etc.…
En mi interior algo me decía que no todo iría también como el abogado me había dicho y sin embargo tenía esperanzas que sus palabras fuesen ciertas.
Ahora solo faltaba esperar la famosa resolución, obligando a Carolina a respetar el régimen de visitas.
Los días fueron pasando y con ellos llegaba el verano y como siempre el aumento de trabajo.

1 comentario

Mandarina -

Te leo y me angustio... no se como hay personas asi.
Un beso, ya ves que sigo aqui.