Blogia

tamarix

A una amiga

Hace mucho que no soy capaz de escribir dos letras seguidas.

Hoy teniamos que escribir una felicitación que nos reuniese a todos y no tener que hacer varios escritos...

Ganó mi hijo mayor, osea el mediano. Un personage que siempre tiene los ojos en las manos y la cabeza en" sus aires", como corresponde a un personage de quince años.

Ha sido unánime la votación, entre otras porque no ha sido necesario rompernos el resto la cabeza.

creo que merece la pena y por eso lo exongo.

En nuestros corazones estas presente y en este día especial te deseamos lo mejor para ti y tus semejantes. Esperamos que todo te vaya de perlas y que recuerdes en tus pensamientos como personas que te quieren y que no te olvidan.

Los recuerdos que de ti guardamos los tenemos como tesoros que nunca se perderán y que en lo mas profundo de nuestros corazones guardamos.

 

LUCERO VA POR TÍ.                      fELIZ CUMPLEAÑOS   "NIÑA"

 

Ganas de todo

3.- Tenía veintiocho años, un negocio y por otra parte muchas ganas de divertirme. Recuerdo que estaba en una discoteca cuando le comenté a mi “amigo” de entonces que mi cuerpo no resistía más trabajar durante dieciséis horas y no poder disfrutar de la “magia” que podía tener aquel verano. Después de muchos años sólo dedicados al trabajo necesitaba pasarlo bien. No había sido fácil atender el negocio familiar que habíamos creado, he incluso consideraba que el esfuerzo que durante varios años me había motivado o estimulado no tenía ningún valor si mi vida solo iba a ser trabajo y un poco más de trabajo. Prácticamente de la nada había conseguido tener hasta tres restaurantes. Con grades sacrificios, mucha ilusión, grandes expectativas y también mucho cansancio. Si algo echaba de menos era un fin de semana. ¿Cómo?... Era indiferente… Salir y disfrutar de dos días de vacaciones se convertía para mí, un sueño difícil de cumplir. Aunque tenía buenas ideas y ganas de trabajar me faltó cabeza para otras cosas. Eso lo deduzco ahora, no es fácil escribir un pasado con la cabeza fría, pues cada letra que intento enlazar con otra e de reflexionarla y sobretodo recordarla lo que complica más las cosas. El otoño anterior la sociedad que formábamos por un lado mis padres y por otro yo decidimos deshacernos de uno de los tres negocios de restauración que regentábamos. El hecho es que aún teniendo algo más de respiro. Mi situación no había cambiado mucho. Confieso que para mis padres tampoco. ¿Cómo es posible que después de ejecutar un bar que trabajaba sólo...? No dejábamos de hacer horas y más horas Si que es cierto que podíamos comer sentados y con una mesa por delante, para sostener los platos y los cubiertos más que nada. Comer de pié detrás de un mostrador cuando la clientela daba su permiso se “había acabado”. Eso si fue verdad, sentados… y cuando la clientela daba su permiso. He de decir que los lunes… bueno durante una buena época fueron los martes… y en otra si no recuerdo mal los miércoles. Pero al final se quedó en lunes y así quedará. … He de decir que, los lunes teníamos “descanso”. Los aprovechábamos para hacer aquellas compras que necesitaríamos durante el resto de la semana, después, comer y la tarde libre. Una siesta de veinticuatro horas era, mi mayor deseo. Me identificaba con un Alfredo Landa intentando como fuere dormir y descansar, en una de sus divertidas películas. Eso es lo que hacía, pero allá a las diez de la noche, cansado de dormir necesitaba cenar algo, salir y comunicarme con más gente. Esta rutina traía como consecuencia volver a trasnochar y levantarte, vuelta de nuevo al trabajo con el mismo sueño que luego tendría durante toda la semana. Tampoco me quejaba, pues sabiendo que realmente solo disponía de una tarde para poder hacer lo que se me antojase, consideraba que no lo aprovechaba mal del todo, pues después de descansar un buen rato extra, salía cuando realmente había algo de ambiente… Sobre todo en invierno. Realmente lo duro no era trasnochar, lo peor era levantarme, centrar la cabeza, lavarme la cara y con un fuerte suspiro comenzar un día francamente agotador.

28-12-1997, Santos Inocentes

2.- No serian más tarde de las cinco de la mañana cuando dos personas con uniforme de hospital me preguntaron por un número de teléfono con el que pudiesen poner en contacto para explicar mi estado y en un momento dado dar su autorización para poder operar conmigo. La luz era tenue, posiblemente por eso no respondí. Pasaron varios minutos, eso creo, antes que pudiese clasificar la pregunta en el lugar correspondiente a respuestas adecuadas. No era fácil, me habían despertado en medio de un sueño de tranquilidad y reposo que hacía años que no había tenido. ¿Para que “pip” querrán estos “pip” que les dé un teléfono de contacto?... Tenía que situarme primero. ¿Dónde estaba? En un hospital, fue mi auto contestación. ¿Por qué? … Esa si que era una buena pregunta; había tenido un accidente de coche. ¿A causa de qué?... ¿Qué hora es?, Dentro de unos minutos serán las cinco de la mañana. Avisen a mi hermano, él se lo dirá a mis padres cuando lo crea oportuno. Me di la vuelta e intenté recuperar aquel estado de placer que tenia minutos antes.

Comienzo

1.- Comienzo. Lunes 21 de noviembre de 2005 Hace un año y meses después de unas circunstancias que si vienen a cuento, comencé a escribir una redacción. Con el paso del los días se convirtió en un relato, creo que corto pero relato. Cuando por primera vez me puse delante de “la maquina, de teclear y corregir todo aquello que yo… “escribía” No tenía un objetivo concreto. Es más, no pensaba que pudiera pasar de dos capítulos, (aclaro que para mi cada capítulo esta relacionado con las escenas mentales que tengo y con las cuales me permito el lujo de cambiar de escenarios y conductas… Como decía “golo” para eso lo escribes tú). Pero las cosas se complicaron, como todo lo que me ha pasado durante toda la vida. La “redacción” cada noche crecía y crecía hasta que tenia que dar a luz. Sí. Yo… que siempre he sido un padre frustrado, tenía que dar a luz. No tenía dolores, ni contracciones, ni antojos… y aunque si tenía necesidad de cariño, más que de amor. Tenía que parir, como siempre, “parirla”, y entonces pensé entre las ventajas de dar a conocer “mi historia” o, guardarla en un archivo que tarde o seguro que temprano lo enviaría a la papelera. Decidí pues… siempre con ese empujoncito que precisas o preciso para que todos mis proyectos se hagan, que, como no, me proporcionó mi gran amiga… Difundirlo por Internet. Agradecida experiencia. Pero… pasó lo que tenía que pasar, la vida cambia por momentos y creo que no es justo mezclarlos y después de muchas vueltas, decidí que no se podían unificar unas etapas tan diferentes. Y como he de reconocer que no podía continuar, di por finalizado un parto, casi con cesaria. No tengo un borrador escrito, pero si concebido. Aunque, en un par de capítulos o menos, si por mí fuese lo eliminaría. Creo que tengo un compromiso con la sociedad y aunque no todo lo que quiero escribir soy responsable, si puedo decir que quitando la posible fantasía que pueda recrear será bastante verídico. Tuve que buscar un título antes de concebir una idea clara y definida de este pequeño”ensayo”. El día en el que la oscuridad me iluminó, es el ganador de todos aquellos, que han recorrido mi cabeza. Tengo el nombre y sólo me faltan los apellidos. Día a día se los pondré, si las musas nos me abandonan, como canta el maestro Serrat…

Notas del autor...Que soy yo

Cuando comencé a escribir mi relato, mis pretensiones eran muy diferentes de las que en la actualidad me motivan. Un año y medio que más o menos hace que tuve la necesidad de coger un papel y un lápiz y escribir lo que en aquellos momentos me pasaba y necesitaba plasmarlo para más adelante recordar los hechos con detalle. De esa libreta pasé a escribir un relato más extendido y para ello quise contar un poco mi vida, siempre rellanada con fantasía, pues la verdad sólo es de cada uno e igual los demás no lo entenderían. Las primeras letras me costaron un poco, pero conforme fue cogiendo forma mi idea, me fui enganchando, drogándome sanamente en cada frase. Para este último capítulo he tardado unos seis meses en verlo claro. Creo que ha llegado la hora de terminar esta historia, pues el resto podría componerse mejor en una trilogía, corta pero necesaria por el cambio que cada época supuso para mí. Quiero tratar temas que no son nada frívolos, vistos desde la recuperación y un optimismo algo negativo. Nunca he escrito este relato para los demás y me atrevería a decir que ni si quiera para mí. No niego que lo he necesitado, me he aprovechado de él, me he desquitado. Pero siempre con el máximo respeto de las personas mencionadas, que eran “ficticias”, y ocultando cosas que no venían a cuento. Para eso es mi relato, como siempre me he dicho. Agradezco a todos esos lectores que me han seguido, unos en el anonimato y otros con sus comentarios. Con unos días de paciencia volveréis a encontrar la segunda parte de esta historia que hoy decido finalizar. Gracias. Ser felices Txiki

Despedida y cierre

54 Cuando las cosas van bien como realmente iban, viene alguien y “lo jode”… Las jornadas no solo se alargaban, si no que también comenzaba a tener problemas con la mafia hostelera de Palamos que me denunciaron continuamente incluso teniendo el bar cerrado. Debía de ser triste comenzar a trabajar cuando yo cerraba… Trampeando problemas y cansancio llegó el verano, con él todo lo que conllevaba y fue cuando conocí a una amiga. Una amiga que convivió conmigo durante casi cuatro años y no me dejó por cierto un buen recuerdo, y es que quizás tengo mal ojo y no sé elegir bien. He de certificar que con esta relación fui yo totalmente culpable e irresponsable. El nombre de esta “amiga” es bastante común, por desgracia, en estos días. Su nombre y apellidos eran Coc-Aina. Creo que ese fue el día que perdí mi futuro…

Billar

53. Me hice con las reglas federativas de billar americano, como por acá se le denomina. Comenzó una etapa de campeonatos que resultó un éxito increíble y las partidas no paraban, así como los ingresos que producían. Tuve que aprender a tapizar el billar pues a causa del desgaste cada mes y medio había que cambiarlo. Cada vez que hacía el cambio también lo era el color de la tela, más que nada para que la gente se diese cuenta del cambio. Mantener el billar bien nivelado y cuidado era primordial para la propaganda, boca a boca. Aprovechando la fiebre me preocupé de vender también los palos y a demás también alquilaba casillas para guardarlos. Los casilleros me los construí yo mismo, pues los que estaban en el mercado me resultaban caros y como para hacer “paridas” soy el mejor… Entre campeonatos y entrenamientos el bar cada día se llenaba más y cada vez cerraba más tarde. Si por un lado era bueno, por el otro, el cansancio físico y mental comenzaba a hacerse notar. Los lunes, mi día de descanso, los aprovechaba al cien por cien. Intentaba dormir el mayor tiempo posible, pues cuando comenzase la semana era consciente que no tendría ese privilegio. Desconectaba el teléfono e intentaba moverme lo menos posible, en eso los videos ayudaban mucho. La situación no solo se mantuvo si no que fue en auge. Pensamos contratar más gente, pero los beneficios se iban a ir entre seguro sueldos y demás. La solución fue el cambio de nuestros horarios. Mis padres habrían el bar y yo lo cerraba, era como lo estábamos haciendo, la diferencia es que yo no madrugaba y comenzaba a trabajar sobre las once, aunque si lo dejaba barrido y fregado. El cambio fue notable, aunque no definitivo.

...Un poco más de lo mismo...

52 Fue un autentico mes de vacaciones, cada noche dormíamos en un pueblo o ciudad diferente. Un mes por aquellas maravillosas tierras pasa muy pero que muy rápido y como todos los meses pasó, sin pena pero sí con gloria. Después de unas sabrosas vacaciones el trabajo de nuevo nos reclamaba, a sí como los proveedores, el banco, seguridad social, hacienda, etc. Es curioso como nos auto engañamos cuando hemos de volver al trabajo, entre otros dichos está ese de que… ya me aburría, o… ya echaba de menos el trabajo etc. Todo mentira. Pero eso si, piadosa. Con todo y con eso se vuelve al trabajo con cara de buen humor y con un humor de perros, pero como la profesión se lleva por dentro a las nueve en punto los bares estaban abiertos, con genero y a punto de revista. Y como de costumbre los primeros cafés del día, los almuerzos, comidas, meriendas y cenas fueron la tónica de los meses siguientes. Igual que la relación con Carolina, total indiferencia y sin poder estar con mi hija. Es cierto que no solo el dinero te da la felicidad, pues, si los bares funcionaban mejor incluso de lo que podíamos haber previsto yo siempre sentía un vacío que no me permitía llevar una vida normal, ya que si los problema causados por el trabajo se resolvían con más o menos dificultad, pero… cuando los problemas los tienes metidos entre el corazón y la cabeza las cosa cambian y las soluciones ni si quiera las razonas lucidamente. Existían momentos, muy tristes, en los cuales me sentía inútil como padre e incluso hasta me arrepentía de serlo,… o no. Claro que pasado el proceso anímico, donde dije digo, digo Diego y todo volvía la esa normalidad entre comillas. Llegaron otras navidades, pero esta vez sin Anna. Me encargué de que los Reyes magos y Papa Noel entregasen sus regalos en el lugar y fecha convenidos, o sea en mi casa, más que nada por si un milagro hacía algunos cambios y nos podíamos reunir. Aunque siempre te queda algo de esperanza, en esa ocasión no fue así y aunque las pasé rodeado de la familia y amigos, siempre quedaba un vacío que me recordaba la crueldad de la vida. No fue mucho antes de Semana Santa cuando por favor de otra sentencia nueva, volví a estar con mi hija, poder cogerle la mano, darle muchos besos, jugar con ella, prepararle las comidas, acostarla y explicarle un cuento. De la misma manera que después de la tormenta sale el sol, era providencial como cambiaba mi estado de ánimo cuando mi pequeña estaba al lado. Recibió todos sus juguetes con tanta ilusión como si fuera el día de Reyes. Pasó todo el fin de semana jugando y peinando sus muñecas. No dejaba de mirarla y observarla, la veía feliz y tranquila, como si no nos hubiésemos separado ni un solo día y la vida no fuese capaz de tapar y de dejar al descubierto esas largas temporadas de ausencia y oscuridad. El único consuelo que me quedaba era que Anna crecía sana y fuerte, el colegio lo llevaba bien, y aparentemente estas idas y venidas, no parecían afectarle en demasía, aunque mi corazón crujía cada vez que llegaba el momento de la separación. Ha sido una situación a la que nunca me he podido acostumbrar. Aún y ahora siembre me despido con un “hasta luego” decir adiós me resultan palabras mayores. Con aparente armonía, (siempre con el miedo metido en el cuerpo), hicimos frente a otra Semana Santa. La Semana Santa para nosotros era una semana muy especial, comenzaba la temporada y nos servía para hace r una pequeña valoración previa de cara al ansiado y detestado verano. Era como un partido de entrenamiento, en el cual volvías a recordar tus carencias de todo un largo y monótono otoño. Tomábamos notas y al tiempo recogíamos nuevas ideas para aprovechar la temporada de vacaciones con los mayores beneficios posibles. Las cosas marchaban a las mil maravillas y la fiebre “del billar” iba en aumento, por suerte para nosotros. De recaudar una vez por semana a tener que hacerlo cada día nos hizo reflexionar sobre como sacarle partido a esa situación extraordinaria.

... Un poco más de lo mismo...

Vacaciones

51 En broma pero casi en serio decíamos que era un viaje de negocios pues visitábamos los más pintorescos restaurantes, recorríamos los mercados para ver sus productos, las panaderías para probar los diferentes productos que ofrecían a los gallegos de a pie, nos colábamos en los bares de las periferias y de el centro, para poder comparar comprender y conocer las diferentes tapas en las diferentes ubicaciones de Galicia entera. Por aquel entonces disponía de un buen estómago capaz de digerir aquellos manjares y sus acompañantes líquidos. Creo que Galicia debe de estar orgullosa de ser la capital mundial de ácido úrico y el colesterol y espero que así lo siga siendo pues no renuncio a hacer en otra ocasión una visita al centro de la corrupción gastromedicinal. He de decir que todas aquellas “mariconadas” que me servían estaban deliciosas, desde las quisquillas, las ostras de Vigo, el caldo de Ourense, los percebes de A Coruña y los potajes de legumbres que te ofrecían junto con las carnes por doquiera que fueses y degustases. Confieso que de Galicia me gusta hasta los andares, como dicen del cerdo, y es que no tiene desperdicio ni un milímetro de sus tierras ni sus gentes. Sigo sin mirar ni un mapa, pues no me apetece. Comenzamos entrando por Orense. “antigua y moderna Ourense”. Allí al poco de entrar por la carretera que venia de Ponferrada, nos paramos en un restaurante-mirador sobre un lago-rió que ni sé como se llama ni lo voy a buscar ahora, pero que si miramos un mapa de carreteras de aquella época seguro que os documentáis bien. Después de un suculento caldo gallego nos fuimos a la ciudad de las ostras, como yo la llamo, Vigo (en gallego Vigo). Que puedo decir de esa ciudad que no sea la exclamación de “¡ostras!” y… que buenas que estaban. Soy muy malo para los nombres, pero me acuerdo perfectamente de las paradas de piedra repletas de ostras de todos los tamaños y precios, de los bares que alternaban su cerveza y sus tapas con los platos exquisitos que las señoras de las paradas tan amablemente te servían en las mesas de los mismos. En un deambular de berberechos, quisquillas, cigalas, gambas y demás corrimos las rías, visitamos bodegas de ribeiro, albariños, trabajo que aunque no lo parezca puede ser agotador. Fuimos a parar en A Coruña (en gallego A Coruña), para probar levemente sus percebes. Por el interior llegamos a Asturias no sin antes probar los potajes que tan amablemente nos ofrecieron por aquellas aldeas gallegas. Nuestros objetivos vacacionales para Asturias eran diferentes que los que habíamos disfrutado en Galicia. El campamento base lo establecimos en Gijón, desde allí nos movimos en las diferentes excursiones por la zona. Primero por los picos de Europa, menudos paisajes y menudos quesos. Otro día nos fuimos de visita a la bodega que nos proveía de sidra. Nos sacaron jamos, quesos, pan y con la espicha tomamos sidra como siempre debería tomarse. Que puedo decir más, quedamos alegremente satisfechos. También fuimos a la caza de las fabes y como no a probarlas y disfrutarlas. Nuestro gastronómico viaje nos llevó hasta unas sardinas asadas en el puerto de Santander. Sabían a gloria, a demás ya estaba cansado de tanto marisco, carnes, potajes… Ahora le tocaba el turno al pescado. Se acababan las vacaciones y el coche olía que alimentaba, pues entre quesos, chorizos, judías, sidra… hasta pan llevábamos. Lo bueno termino.

Más cambios

50 Aquellas navidades incluso Carolina respeto las vacaciones y puede disfrutarla los días que me correspondían. La lastima fue que la noche de reyes no pude nunca más pasarla con ella, y eso si es una espina clavada de por vida. Todo iba a pedir de boca, los dos restaurantes ya se autofinanciaban solos, yo veía regularmente a mi hija y volvía a ser una persona casi feliz. Como en el bar de arriba para el invierno prácticamente no utilizábamos el comedor decidimos comprar un billar americano, Teníamos un instituto cerca y el billar estaba de moda. Fue una gran compra, en dos meses ya habíamos recaudado su importe y cada vez venía más gente para jugar. Para que fuese más rotativo y todo el mundo pudiese jugar, conforme llegaban ponían el dinero en el marco del billar, concretamente 100pesetas y eso marcaba el turno de juego. Algunas noches tenía que cerrar y sobre la mesa quedaban bastantes monedas esperando. No era fácil convencer al personal pero... Corría ya el año noventa cuando se nos ofreció otro bar también en zona céntrica y a un precio muy apetecible. Discutimos los tres la posibilidad de quedarnos lo, planeamos como podíamos llevarlo, que personal necesitaríamos, y como queríamos enfocarlo. Aunque el bar pequeño disfrutaba de una variedad de tapas considerables, la cocina que tenía era pequeña, una plancha con hornillo, eso limitaba bastante. ¿Quien dijo miedo?... La cuestión es que después de unos números casi innecesarios nos quedamos con otro local, ya eran tres. Más trabajo, más problemas, más empleados y menos tiempo para disfrutar de nuestra vida. Lo cierto es que el dinero entraba cada día más. Aunque también había que sudarlo también más. Entre tanto Carolina aburrida de aparentar ser buena persona, otra vez impidió que viese a la niña. Otra vez al abogado. Otra vez a pagar, otra vez a esperar sentencia y otra vez los meses volvían a pasar y también a desesperar. Cada noche cuando me acostaba recordaba el rostro de Anna y entre sudores de rabia, recuerdos y una buena dosis de alcohol me quedaba dormido un rato, pues la mañana me sorprendía y tenía que volver a luchar con otro nuevo día. Ese verano comenzó a ser insufrible, los tres locales requerían de mucha atención y prácticamente me pasaba toda la mañana pinchando pollos y reponiendo existencias en los bares. Era agobiante pues no tenias un solo momento de descanso los rostros de mis padres cada vez se dibujaban más y más agotados. Terminamos ese verano como pudimos y decidimos que teníamos que replantearnos la situación. Discutimos sobre desprendernos del pequeño, aunque a mí personalmente no era el que hubiese preferido. Tomada la decisión y con el dinero que nos dieron con la venta de los aparatos que eran de nuestra propiedad, nos pasamos todo el mes de septiembre de vacaciones por Galicia y Asturias. El hecho de desprendernos de ese pequeño bar produjo me un gran alivio, pensaba que al desprendernos de él todas las tensiones, nervios y malos humores pasarían a formar parte del pasado. No sé si realmente necesitábamos tanto vender el bar como coger unas merecidas vacaciones. El hecho es que ya no había marcha a tras y sin pensarlo más esa misma tarde salimos de vacaciones. Las primeras que tomaba desde que me había separado de Carolina, de hecho era también los primeros fines de semana y fiestas de “guardar” que me permitía el lujo de coger y digo coger como si fuera a un clavo ardiendo.

Alegrías y tristezas

49 En el nuevo restaurante nos habían dejado una máquina de asar pollos (bueno pollos o lo que quisieras siempre que cupiese, claro), Como siempre en España estamos llenos de ingenieros dispuestos a asesorarte en la manera correcta de asar un pollo, la cuestión es que como yo siempre he sido muy autodidacta no tardé mucho en hacerlos a mi manera, en poco tiempo comencé a tener una cierta “fama” no solo con los pollos, también con los conejos, butifarras (salchichas típicas de Cataluña), churrascos, redondos de ternera etc. El nuevo restaurante comenzaba a dar sus frutos. Estábamos contentos, pero siempre con perspectivas de ampliar el negocio. Uno de nuestros clientes era propietario de unos campings de la zona, concretamente uno en el mismo centro y dos en el término municipal de Mont.-ras. El hecho es que aunque tenían servicio de restaurante, no hacían comida para llevar, cosa que aprovechamos para venderles nuestros productos. Ellos tenían una comisión y lo más importante, ofrecían un nuevo servicio a sus clientes. El sistema era muy sencillo y bastante práctico: En el camping del pueblo los encargos se tenían que hacer dos horas antes, mientras que los que estaban en Mont.-ras el pedido era único. Todo esto hacía que nuestro trabajo se simplificase aunque al mismo tiempo nos duplicaba el trabajo, pues éramos nosotros los que llevábamos los pedidos a cada establecimiento. No tardamos mucho en cuestionarnos la posibilidad de contratar a alguien para que nos ayudase como camarero sobre todo durante las horas punta. Contratamos a un chico marroquí en un tiempo en el que los inmigrantes aún no representaban una masificación notable. Nos venía de perlas pues aparte de hablar un perfecto castellano, entender e incluso hablar algo de catalán, también dominaba el inglés, alemán y francés. Era una persona muy educada y con un nivel cultural alto. Con el nuevo fichaje teníamos la plantilla completa para toda la temporada o al menos eso creíamos. Me había comprado un vespa que utilizaba para el transporte de los pedidos. A los pocos días los clientes ya habían puesto un mote al reparto “el pollo Express”, tan bien había suscitado algunas envidias, ya que uno de los campings era naturista. He de decir que a todo te acostumbras o casi. Pocos días pasaron cuando tuvimos que ampliar la plantilla, pues mi madre no podía hacer frente sola el bar pequeño. Definitivamente esta vez sí, quedó la plantilla completa y todos como pudimos pasamos la temporada estival. Entre tanto mi abogado aún no había dado señales de vida y yo me comenzaba a inquietar. Llegó septiembre y disponía de más tiempo para poder dedicarme a mis asuntos personales. Una tarde me acerqué para hablar con él personalmente. Todo lo que me dijo me sonaba más a excusas que a un trabajo correctamente hecho. Salí decepcionado y con un humor de perros. Decidí tomarme la justicia por mi cuenta y dejé de pasar la manutención que la ley me obligaba. Curiosamente en pocos días recibí una notificación judicial comunicándome que si no pagaba en el plazo de diez días se procedería al embargo de mis bienes. No lo entendía tres meses hacía que lo había puesto la deducía y aún no me habían comunicado nada, mientras que aún no había pasado ni un mes de retraso y ya me amenazaban con el embargo. La justicia en España no me parecía justa precisamente. Muchas cosas no entraban en mi cabeza respecto la legalidad incluso constitucional de nuestro sistema judicial. No entendía porqué la constitución dice que todos los españoles éramos iguales sin distinción de sexo, raza ideología políticas, de religión etc. Entonces ¿Por qué?... Por el hecho de ser mujer su madre, poesía la custodia automática de Anna. La ley me estaba diciendo que yo no estaba cualificado para educar a mi hija correctamente o sea tonto. No lo entendía entonces y no lo entiendo ahora. Si alguien me lo explica lo agradeceré. En esta ocasión no pasó mucho tiempo en llegar una sentencia por la cual estaba obligada a cumplir con el régimen de visitas. Esa vez lo respetó. Quedamos para el viernes por la tarde, tal y como dictaba la sentencia. El piso donde vivía Anna era un primero, es una mudanza que no he contado y que fue precisamente el detonante del principio serio de nuestra separación. Anna estaba esperando en el balcón mirando de un lado a otro, la conjunción de tres calles posibles para intentar verme. Precisamente bajaba yo por la calle central, la vi desde lejos aunque la reconocí sólo de cerca, apoyada en el balcón y estirando el cuello, como si de un telescopio se tratara, quedó parada un instante y como alma que lleva el diablo giró sobre si misma y desapareció en el interior del salón. No había dejado aparcado el coche justo frente el portal de la niña, cuando de él salió como un cohete mi preciosa hija. Corría como podía pero sus seis años aguantaban como podían las bolsas de sus mudas y demás pertenencias necesarias para pasar unas vacaciones, más que un fin de semana. La socorrí con el peso y nos dimos un abrazo que hizo difícil aguantar las lágrimas. Pasó en seguida, Carolina venía detrás, como si no hubiera pasado nada, yo por mi parte puse cara de póquer e igual que ella conversé con ella intentando siempre reprimir mi ira. Por fin después de recibir las instrucciones pertinentes como si ella fuera la propietaria de Anna y solo ella poseyese la razón indiscutible, nos quedamos solos en el coche. Salí de Palafrugell y paré en el primer bar que encontré dirección Palamos. Nada más salir del coche le di otro abrazo y un beso que me hizo recordar los muchos que le había dado, pero también los que no. Había crecido a lo alto pues a lo ancho salió a su padre que es mejor que no me ponga de perfil. Se había dejado el pelo largo y llevaba una cola de caballo, le daba un aspecto todavía más esterilizado, si cabe. No lo he dicho aún, pero lo voy a decir, ¡que guapa que estaba! Merendamos a lo grande, no en vano más que un bar como he dicho antes era una pastelería y cafetería. Lo cierto es que tienen cosas deliciosas y era uno de los sitios habituales para ir en familia a merendar o para quedar bien con cualquier compromiso. Sabía de ante mano que allí Anna no tendría problemas en elegir algo y además tenían un pequeño parque infantil que aprovechaba mientras yo me fumaba un cigarro. Pasado un largo rato y antes de que un camarero me sugiriese que llevase a mi hija a un parque de atracciones, cogí a Anna y aunque no muy convencida nos fuimos. Me he saltado dos mudanzas más estando separado, aunque no tenían importancia pues aparte de una televisión solo poseía una maleta de ropa, por si hay que salir corriendo comentaba. La tercera mudanza de Palamos fue a un primer piso situado frente al restaurante. Llegamos por fin a Palamos, primero pasamos por el bar pequeño a ver a mi madre, como en ese momento se había quedado sola decidí cerrar el bar, aunque aún era bastante pronto. Desde allí mismo llamé a mi padre para que el también comenzara a recoger el bar y por causa excepcional lo cerrase. No le debió parecer mala idea pues cuando llegamos al restaurante solo quedaba el Típico cliente que le gusta fastidiar un momento de alegría ajena. Soy bastante tranquilo en apariencias y Dios me ha dado una voz que en momentos puede ser bastante potente, además debo poner cara de muy mala leche, pues cuando le dije que por favor se marchase el antes de que yo le ayudase no dudó en hacer mutis por el foro disculpándose de yo que sé que cosas. Antes de ir a buscar a Anna fui al video y no sé cuantas películas infantiles dejé en el comercio, el resto me las llevé yo. No merecía la pena salir a comer a ningún sitio pues si la fiesta era para Anna, ella ya casi había cenado Nos preparamos una buena cena con todo lujo de detalles y como si de un catering se tratara, cogimos todo, cruzamos la calle y nos acomodamos en mi nueva vivienda, y también de Anna como no. Mientras nosotros comíamos la niña disfrutaba de los juguetes y de las benditas películas de la factoría Disney. El recuerdo de esa tarde y noche lo guardo con especial cariño en el puesto donde guardo lo que amo. Siempre se dice y es verdad que lo bueno pasa pronto y... Llegó el domingo por la tarde y también la hora en que nos teníamos que despedir. Primero de los abuelos, que la abrazaban como si ya no la volviesen a ver y en cierta forma posiblemente no iban muy desencaminados. Anna no se quería ir, pero así son las cosas y también las primeras injusticias que cometemos los padres cuando adultamente nos separamos. Después de muchos lloros por parte de ella y muchas promesas por mi parte, quedó más o menos convencida y pudimos dirigirnos de nuevo a Palafrugell. Intenté ser lo más breve posible y me despedí con dos besos y la promesa de ir a buscarla de nuevo al cabo de unos quince días. Llame al timbre y al poco bajó su madre a recogerla, Hola y a dios fueron mis únicas palabras y me fui. El coche me parecía enorme y silencioso, mis ánimos por los suelos y mis ojos llenos de rabia e impotencia. No me dirigí directamente al trabajo, pare en el bar de un conocido y cómplice de salidas nocturnas. Tenía ganas de emborracharme, de decir estupideces sin sentido, de hacer quijotadas arreglando el mundo y con suerte no pensar. Primero uno y después otro cayeron los dos combinados de ginebra y limón. Después de cerrar el bar y ya en mi casa fui tomando hasta que la luz de la mañana frenó mi alcohólica huida. Todo marchó más o menos bien durante bastante tiempo, aunque los regimenes de vistas era bastante sui géneris, mejor eso que nada, y algo más barato que los pleitos con abogados o al menos con el que desgraciadamente yo contraté. Parecía que todo se normalizaba y yo comenzaba a ver la luz de la felicidad, comencé a salir más a menudo con mis amigos y compañeros de profesión, nos lo pasábamos bien, teníamos temas comunes y a todos nos gustaba jugar a los chinos, o sea que llegar algo tocado a casa era de lo más normal. Hay que decir que eran las dos únicas horas del día que desconectabas del trabajo e incluso de los problemas. El hecho que todos fuésemos propietarios también nos venía bien pues durante el día no comentábamos ofertas del mercado o bien de los distribuidores etc.… Aunque lo mejor venía cuando ya en temporada baja nos reuníamos para comer algún que otro cabrito y pasar un día de campo y casi de libertad. En aquellas ocasiones la gente se iba por eliminación, i algunos casi antes incluso de comer. Eran ratos muy divertidos y sobre todo de muy buen ambiente.

Coas que te desaniman y desesperan

48
Mi madre solía abrir el bar pequeño y en pocos días se había ganado una clientela que ni mi padre ni yo hubiésemos tenido jamás. Todas las mañanas el bar se llenaba de mujeres y por lo que veía las veces que iba se lo pasaban muy bien. Este horario se extendió a las cuatro de la tarde, cuando muchas tenían que entrar a trabajar y aprovechaban para tomarse un café y cotillear un poco.
Mi vida profesional estaba más o menos encarrilada, con muchas horas de trabajo, pero bien encarrilada. Al menos ahora las horas que hacía trabajando eran para mi propio beneficio y como dice el refrán; “sarna con gusto no pica”.
En lo que se refería a mi vida personal empecé a tener los primeros problemas con Carolina. Sin venir a cuento un fin de semana que me correspondía tener a Anna, me presenté como de costumbre a recogerla. Como siempre iba contento, tener a Anna era lo que anhelaba durante toda la semana, o mejor dicho durante toda la quincena. Llamé al timbre, como de costumbre, la diferencia fue que en esa ocasión salió sólo carolina, pregunté por Anna y Carolina me dijo que no vendría conmigo aquel fin de semana ni otros. Quedé paralizado y sorprendido, no entendía la postura de Carolina, le pedí explicaciones como era lógico y natural. Su respuesta era que como vivía con mis padres no me la quería dejar y por eso la había mandado con sus padres a Rubí. No me cabía en la cabeza dicha posición de Carolina. ¿Qué tenían que ver mis padres ahora con que yo disfrutase con mi hija el fin de semana que por ley me correspondía?... No sé lo que me pasó por mi mente (bueno si), pero nada bonito como para escribirlo en este momento. Me fui reprimiendo mi rabia, estaba confuso y perdido. Era viernes y pasaban de las ocho de la tarde, hasta el lunes no podía hablar con mi abogado, me dirigí a la policía municipal para denunciar el hecho… Después de denunciar lo sucedido el policía que me atendió me dijo que ya me llamarían del juzgado y que en esos momentos no podía hacer nada más. En lo que más hincapié puso el agente era si yo pasaba la pensión de manutención a su madre, ¡pues claro que la paso!, y no solo eso, encima le pasaba más dinero del que “por ley” me correspondía. Salí de comisaría desolado y sobretodo enojado ante esa situación de impotencia que me habían creado.
El lunes como era lógico me puse en contacto con mi abogado para comentarle lo sucedido. En primer lugar me comentó que la denuncia que había puesto no servía para nada pues la policía municipal no tenía competencia para estos asuntos. Después me comentó que fuese a buscar a Anna el próximo fin de semana que me correspondiese y que llevase dos testigos, si me volvía a decir que no me la dejaba no tenía que decir ni hacer nada, pues el después pondría una denuncia para que así estuviese protegido por una sentencia judicial.
Así lo hice, al cabo de quince días me personé con dos amigos tal y como me había aconsejado mi abogado. Como respuesta de Carolina fue otro “no te la dejo”. Me fui sin decir nada, aunque es lo que se supone que tenía que hacer no era precisamente lo que yo hubiese hecho en aquel instante, así que me comí el orgullo y volví al bar con la cabeza baja y el alma rota. Por más que quería entender dicha situación no le encontraba ni pies ni cabeza. Soy una persona pacífica, pero aquella tarde pasaron mil y una ideas para hacer daño a Carolina, quería que sufriera más que yo, en realidad quería que desapareciese de este mundo, esa era la única manera de solucionar el problema que tan maléficamente Carolina había tramado. Aún años después me arrepentí de no haberlo hecho, sé que no suena bien, pero los pensamientos son de cada uno y los míos eran esos.
Por más que lo pensaba menos entendía que era lo que pretendía Carolina y sobre todo ¿por qué?
Siguiendo de nuevo las recomendaciones el lunes otra vez volví a visitar al abogado con mis dos amigos, tal y como me había dicho.
Tomo nota de todo lo que había sucedido, hizo un escrito y mis amigos lo firmaron siguiendo sus instrucciones, después de muchas palabras diciéndome que no me preocupase, que todo iría bien, que el juez resolvería rápido a mi favor etc.…
En mi interior algo me decía que no todo iría también como el abogado me había dicho y sin embargo tenía esperanzas que sus palabras fuesen ciertas.
Ahora solo faltaba esperar la famosa resolución, obligando a Carolina a respetar el régimen de visitas.
Los días fueron pasando y con ellos llegaba el verano y como siempre el aumento de trabajo.

Otro negocio

47
Mi padre por el contrario no estaba del todo bien en la empresa. Le convocaban continuamente a reuniones los lunes que era su día de fiesta y comenzó a decir que no podía asistir, a todo esto se le añadía la ausencia de una persona que le ayudase, pues desde que yo me fui no pusieron a nadie y sin embargo la tienda seguía con el mismo volumen de ventas. Eso le desanimaba cada día más hasta que poco a poco se fue creando una guerra personal contra la empresa.
De hecho la empresa había estado cambiando directores con bastante asiduidad desde que yo la dejé.
No tardaron mucho en proponerle el despido igual que habían hecho conmigo casi dos años antes.
Aceptó el despido y se le veía aliviado, había tenido durante muchos meses una gran presión. Aquel día estaba contento he incluso le vi con ganas de vivir y de trabajar.
Cerré el bar y nos fuimos a celebrarlo en un restaurante con una buena comilona. Pasamos horas hablando, sobre su futuro, que tenía pensado, en fin un poco de todo. Ese día hice fiesta después de dos años trabajando todos los días.
Después de unos días de merecido descanso mi padre vino a hablar conmigo, era temporada de angulas y quería que cenásemos los tres juntos. Acepté.
No se trataba sólo de una comida de familia, aunque ciertamente de familia se trataba. Me propuso que nos asociásemos con el bar y como el mío se estaba haciendo ciertamente pequeño, entre los tres podíamos hacernos con otro que sirviese de restaurante.
La idea no me pareció nada mal, al fin y al cabo ya habíamos trabajado juntos y no había ido nada mal, ¿por qué no?
Al día siguiente comenzamos con la búsqueda de un nuevo local, para ampliar el negocio.
Eran buenos tiempos para encontrar locales adecuados y a buen precio, así que no tuvimos inconvenientes en encontrar una que se ajustase a nuestras exigencias.
Utilizamos de nuevo la táctica de las máquinas tragaperras, mi padre que había recibido una buena cantidad también puso una parte y yo que ya tenía unos ahorros considerables puse la tercera parte. Todo salió perfecto y la nueva sociedad ya estaba en marcha.
El nuevo bar-restaurante estaba situado en la parte alta de el pueblo, tenía dos salas que podían utilizarse como comedor, una cocina no muy grande pero si bien equipada y una barra de unos nueve metros de largo, cosa que para el servicio de tapas nos venía de perlas.
También nos habían dejado una máquina de asar pollos y según nos contaron en verano tenían muy buena salida.
Con todo eso y muchas ilusiones comenzamos ha trabajarlo.
Mucha de la clientela que tenía yo en el bar pequeño, venían al nuevo, sobre todo cuando lo hacían con familia o amigos y en estos casos se notaba más los fines de semana.

Primera caída, primera puesta en pie

46
Comenzaba una nueva vida sin algún tipo de expectativas. Me sentía vacío por primera vez. Me hacía preguntas y yo mismos me daba las respuestas,”como siempre”... Pensaba ¿por qué , por que no he podido conseguir mi sueño de tener una familia y ser feliz pese a todas las dificultades, aún hoy me hago la pregunta “dichosa”.
Aunque los primeros días fueron algo traumáticos, pronto comencé a buscar un trabajo nuevo.
Existía un bar muy pequeño en el centro de Palamos. Solía ir frecuentemente con mis padres y con Carolina pues tenia un buen repertorio de tapas de una muy buena calidad y una también muy buena atención al cliente. Una tarde nos habíamos acercado con mi padre a tomar unas tapitas, después de una larga charla nos comentaron que traspasaban el bar y se iban a Gerona para montar un restaurante. Seguimos hablando y a cada palabra yo me interesaba cada vez más por ese negocio. Tenía un precio más que interesante, además de una clientela selecta y una ubicación casi perfecta.
Sólo había un ligero problema: No tenía ni un duro.
De camino a casa mi padre me comentó que la idea de que me quedase con ese local no le desagradaba nada y sería cuestión de estudiarlo.
Después de unos días de visitas al bar para concretar detalles, estudiar un poco la clientela y sobre todo hacer cábalas y números, decidí arriesgarme y mover los hilos par obtener el dinero que necesitaba para quedarme con ese local.
Antes las casas de máquinas tragaperras estaban muy interesadas en hacer clientes y sobre todo no perderlos. Esa era la baza que debía de seguir y así lo hice. Con el dinero que me dieron abrí una cuenta justamente enfrente del bar. Pedí un préstamo y con él completé el dinero del traspaso. Sólo quedaba comprar las bebidas, tampoco hubo problema pues conocía las casas de reparto y no pusieron trabas a la hora de llenar el bar de bebidas con una primera compra a plazos.
Todo salió a pedir de boca y en cuestión de unos quince días abría mi bar, sólo quedaba esperar ver si funcionaba o por el contrario me había hipotecado hasta las pestañas
El hecho de que ya fuera cliente me daba una cierta ventaja a la hora de atender a esos clientes que se podían llamar fijos y además eran interesantes por el dinero que se dejaban, también me ayudó conocer bien la mecánica de aquel minúsculo, casi microscópico bar.
Habría a las ocho y treinta de la mañana y cerraba alrededor de las veintidós treinta. Al medio día venían mis padres con la comida, de esa forma podía descansar al menos media hora. Después ya me quedaba solo hasta la noche. Así casi cada día.
Estaba contento disfrutaba en aquel bar de solo unos doce metros cuadrados, contando los lavabos. Como es lógico no habían mesas, no cabrían, pero en la pared opuesta al mostrador, un metro de distancia, había una pequeña repisa de unos veinte centímetros de ancho, al menos cumplía con su función de barra.
Un día conté quince personas dentro y no cabía ni un dedal, pero no paraban de beber y comer. De hecho más que un bar estaba enfocado como una sidrería Asturiana. Traía los productos directamente de allí, lo más difícil era la sidra pues tenía que comprarse por camiones pues si no el precio era muy elevado.
Me junté con dos sidrerías más, una de Barcelona y otra de Gerona así fue como pudimos comprar un camión por un precio más que interesante y sin menester de una cantidad de cajas exagerada y un almacén donde guardarlas.
En poco tiempo estaba recuperado económicamente y todo marchaba de maravilla. Estaba dedicado exclusivamente al trabajo que era mi principal motivación y el resto quedaba en un segundo plano carente casi de importancia.

Una despedida y mi gran tristeza

45
Esa tarde después de deambular todo el día me acerqué hasta el piso de los que habían sido nuestros vecinos con anterioridad. Allí estaba Anna con sus cuatro añitos y esperando a cumplir los cinco. No podía hablar y tampoco ver, tenía los ojos cubiertos de tristeza la voz ahogada por la amargura y la mente … diciéndome que las cosas cambiarían para toda mi vida y lo que estaba hecho ya estaba hecho... Si era justo o no… Yo no era en esos momentos quien podía juzgar, y ahora tampoco. Con esos pensamientos abracé a mi hija y como pude le dije que la quería y me despedí, ciertamente sabía que era una despedida.
Cogí el coche con una maleta de mano que había llenado con algo de ropa y esta vez sin proyectos ni ilusiones y aunque no recuerdo si fui o no directo a mi nueva casa, sé que allá llegué. Tampoco sé si me emborraché antes o después de coger el coche.
La primera noche como separado no pude pegar ojo. Pensaba sobre todo en Anna, y sentía que con mi ausencia nos distanciaríamos y perdería el cariño. No veía nada claro, en un solo día me había quedado sin mujer, sin subsidio, pues lo habíamos agotado para el bar y además sin trabajo, pues el bar era legalmente de Carolina.
También había perdido mis antiguas amistades de Bergur, pues durante los casi cinco años de casados no permitió nunca que visitásemos a mis amigos. Lo peor de todo es que yo se lo permití. Aquella noche sentí que mi pasado dejaba de existir y por la mañana comenzaría otra fase de mi vida totalmente diferente y desconocida.

El piso, el trabajo y el paro

44
En pocos días se cerró toda la operación y pase a formar parte de las listas del paro, cosa que en este país se estaba haciendo muy habitual. Por suerte no estuve mucho tiempo, en cuestión de pocas semanas me contrataron para llevar una tienda nueva de muebles de cocina. Tenía un buen sueldo y una línea de muebles de alta calidad, quizás demasiada calidad y también de unos precios también altos y nada competitivos.
Pasaron unos meses y la tienda no era lo rentable que se esperaba y poco a poco comencé a buscar una salida por si las cosas se ponían más serias y debía de abandonar el puesto.
A veces la vida hace que tu destino ruede de forma incontrolada y caprichosa. Mi padre se enteró que traspasaban un bar muy bien situado delante de una estación de autobuses que hacía la línea Barcelona - Costa Brava. El precio de traspaso estaba dentro de nuestras posibilidades, la situación era fantástica y la idea de tener un negocio rentable fue muy tentadora.
Nos quedamos con el bar. ¡Matizo! Carolina se quedó con un bar. Pues una de las condiciones que puso Carolina era que estuviese a su nombre, aunque el dinero hubiese salido de mi despido.
Yo creía que no tenía razones para no aceptar esa imposición, al fin y al cabo éramos matrimonio y con intereses comunes y compartidos.
El bar resultó ser rentable, incluso más de lo que nosotros habíamos calculado.
Carolina quería que nos comprásemos un piso y para ello contaba no solo con nuestro dinero, si no también con el de sus padres y los míos.
La idea ¡como no! Fue de sus padres. Habían vendido la casa de Calella y disponían de un dinero en esos momentos que podían prestárnoslo o regalarlo para el piso. Pero sólo si mis padres aportaban la misma cantidad.
Aunque mis padres vivían bien, pero… No disponían de esa suma para poder regalárnosla, por lo que la relación con mis padres se fue distanciando e incluso enfriando, prácticamente dejamos de hablarnos.
Tampoco mejoraba mi situación con Carolina. Cada día que pasaba nos perdíamos más y más el respeto, hasta que un día me salí de mis casillas y sin pensarlo le di una torta en la cara. No dormí en toda la noche y al día siguiente comuniqué a Carolina que yo no podía vivir más a su lado y nos separamos. Aun hoy me avergüenzo de aquella noche, pero a veces tenemos un límite y sin meditar lo suficiente sale de dentro una violencia que no distingue de sexos y tampoco permite controlar la fuerza física de cada uno. Aquella noche no pegué solo a Carolina, podía haber sido ella como a un hombre. Fue solo que ella supo tocarme la fibra y herirme.
Con gran pena, pues en el fondo yo aún creía que estaba enamorado de ella, me fui a vivir a casa de mis padres.
Otro traslado, aunque este cambiaría totalmente el resto mi vida, como pasa con todas aquellas decisiones que sabes que son importantes y a demás no tienen marcha a tras.

Le la esperanza a la resignación

43

Fue pasando el tiempo y las discusiones entre Carolina y yo era cada vez más frecuentes y con ellas también la falta de respeto y los insultos personales y familiares. Con todo quedaban ratos en los que predominaba la paz y aún mantenía la esperanza que la situación cambiase, también era consciente que los valores que unen a una familia se estaban desmoronando y yo no podía reparar ese derribo.
Un día fui llamado por mi jefe superior.
Iba para la reunión en Barcelona contento, alegre y emocionado. Pensaba que todos aquellos años de trabajo habían merecido la pena y mi ascenso por fin había llegado. Si me lo concedían posiblemente la situación se podía arreglar. Ahora estoy seguro que el dinero arregla muchas cosas y por entonces lo sospechaba.

Como siempre no me compliqué la vida para estacionar el coche, fui directo a un parking que estaba dos portales más allá de mi punto de destino, al fin y al cabo tanto la gasolina como la autopista y el resto de gastos los pagaba la empresa.
Llegué a la hora a mi cita, estaba nervioso e intrigado, pues no podía adivinar que tienda me sería otorgada o bien para qué leches me habían llamado.
Después de unos minutos de espera me recibió el manda más de la empresa. Pasé a su despacho, nos sentamos y sin perder tiempo mi jefe comenzó su charla.
Su primera oferta era si suponía para mí algún inconveniente de trabajar todo el año en Gerona. Por mi parte estaba encantado, hasta que me propuso su segunda y definitiva condición.
Me trasladaba a Gerona de administrativo con algo más de sueldo, pero tenía que renunciar a mi antigüedad y hacer un contrato nuevo renovable cada año…
De repente se me cayó el mundo encima y la sangre se heló. La sensación que me había acompañado todo el viaje es esfumó en cuestión de segundos. No solo no me ascendían de categoría si no que prácticamente me despedían de la empresa sin derecho a nada.
Mi respuesta quedó en el aire, pues necesitaba reflexionar y sopesar los proos y los contras. A demás no sólo me afectaba a mí, también a Carolina pues de una u otra forma nos iba a cambiar la vida fuera cual fuera la respuesta.
El jefe de personal me había preparado un borrador de mi despido en el caso que yo no aceptase el cambio, de esa manera sabría mejor cual era mi situación y atenerme a las consecuencias.
Tras horas de meditación y discusiones llegamos a la conclusión de no aceptar. El dinero que la empresa me ofrecía estaba perfectamente de acuerdo con la ley, y la cantidad nos era ciertamente tentadora en aquella época, además de tener las espaldas cubiertas durante dieciocho meses para encontrar un trabajo digno para mis expectativas. Carolina fue la primera en decir que aceptase el dinero.
Todo fue muy rápido, aunque personalmente me sentía traicionado por una empresa en la que había trabajado como si hubiese sido propia.

Otoño

42
En noviembre Carolina y sobre todo su madre habían hecho acopio de todo tipo de catálogos, de las más disparatadas tiendas donde hubiese o bien juguetes para pequeños monstruos de un año, o… todo tipo de ropa o accesorios para el deleite más de niñas mayores que de Anna. La cuestión es que el “chofer” era yo, al tiempo que mozo de maletas, canguro de Anna, que por cierto estaba en esa edad en la que todo lo que ve está automáticamente el la boca o en el suelo, además de no querer el carrito más que para que yo guardase al tiempo las chaquetas el bolso y el maletín de emergencias de Anna.
Como loco esperaba que fuese el domingo por la tarde para ir a mirar tiendas en Playa de Aro los tres solitos, y el lunes también por la tarde, aunque en Barcelona y con su madre. Yo, de mirar, mirar, miraba poco, el trabajo que tenía asignado reclamaba mi atención continuamente y Anna encima tenía “culo de mal asiento” (con mis respetos a México pues sé que, culo, es obsceno, pero como diría Eugenio (q.e.p.d.), “genio” de humor: Un culo es un culo se mire como se mire, y en la ayuda que tengo de sinónimos en la computadora leo que no tiene, aunque sé que no es cierto.
A lo que iba Anna estaba en esa encantadora edad en que te la hubieses comido y que luego de mayor te arrepientes de no haberlo hecho.
Había estado ahorrando el dinero de las propinas de cuando hacía reparto y comenzó la búsqueda de un regalo que fuese digno de Carolina. Estoy intentando recordar que la regalé, pero después de tanto tiempo, lo que no se olvida por una cosa se olvida por otra, y más cuando uno mismo a querido borrar esa época de la mente, sobre todo y casi diría únicamente lo relacionado con Carolina. ¡Y…! digo yo, mis razones tendría para decidir un día borrar todo lo relacionado con Carolina, exceptuando a Anna.
Las navidades también empezaron a ser monótonas y exceptuando la noche y mañana de Reyes esas fiestas estaban perdiendo encanto para mí. Por primera vez tenía que comprar regalos a personas a las que personalmente no me hacía ninguna gracia darles algún obsequio.

De un lado para otro

41
Cuando llegó septiembre, comenzó la época de vacaciones, para todos los que trabajábamos en la costa, o sea de cara al turismo.
Desde la dirección de la empresa me dijeron que sustituyese al jefe de la tienda de San Feliu de G., una tienda algo más grade que la nuestra de Palafrugell y con una extensión de ventas superior. Durante ese mes que estuve logré superar las ventas y me sentía importante, pues superar a uno de los vendedores carismáticos de la empresa era todo un lujo. Visto que en San Feliu me fue bien probaron al mes siguiente con Gerona, donde el Sr. Marín también cogió sus vacaciones. No estuvo nada mal y si no se notó tanto la diferencia de ventas, pues al ser una tienda con más vendedores, el volumen de ventas dependía también de ellos, no como en Palafrugell o San Feliu. Claro está que mi Padre también aprovechó sus vacaciones y como no fui yo el sustituto otra vez. En esta ocasión mantuve el nivel, pero es que mi padre lo ponía muy alto. Mi reto era no bajar las ventas y también lo conseguí. Que más podía pedir, solo esperar un pequeño milagro y que algún encargado dejase su puesto y me ascendiesen. De hecho el de San Feliu estaba a punto de jubilarse y siempre comentaba que lo haría con prejubilación, pues decía que estaba hasta las narices de trabajar, cosa que a mí esa idea me encantaba y la de encargarme de una tienda como aquella todavía más. No me importaba ni las horas ni los kilómetros aunque si el resultado.
Así, sin comerlo ni beberlo llegamos a la campaña de invierno, y claro con ella la navidad y todas sus festividades.
En lo que se refiere al trabajo, seguimos con la misma tónica, mucho, mucho, casi hasta demasiado.
Después de saldar el turno de sustituto, me fueron alternando de tienda en tienda, según las necesidades de cada una.
A mediados de diciembre, fui reclamado por mi padre para toda la campaña de Navidad, y allí pasé las fiestas pues era en realidad donde más falta hacía otra persona.