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tamarix

Tibulaciones

Hace tres años, a consecuencia de una revisón de la vista descubrí que para leer, tenía que ponerme gafas.
Así lo hice y una vez las tuve tenía que usarlas, si no ¿para que las había comprado?.Cogí un libro que formaba parte del decorado de la casa."la túnica azafrán" de Losang Rampa. Lo había leido cuando tenía quince años y francamente no había entendido nada e incluso no recuerdo si llegé a acabarlo.
En esta ocasión si que lo hice y despues otro y otro... , hasta la actualidad, !lastima que falte tiempo!.
Hace un año a raiz de una separación traumática para mí,decidí plasmar todo lo que sentía en esos momentos para ver por mi mismo el proceso de esa enfermedad tan "h.p." como es la depresión. He segido escribiendo desde entonces ese "memorándum" en libretas que poco a poco se acumulan en un cajón y de las cuales aún no he retrocedido una sola página para leer lo que escribí el día anterior.
¿Cuando lo haré?... . No lo sé, quizás nunca o posiblemente hoy mismo. (bueno hoy no).
Luego, cuando mi cabeza se fue poco a poco centrando, comencé a escribir " El día que perdí el futuro".
Desde la primera letra mi cabeza no ha dejado de proporcinarme palabras y las ideas brotan a tal velocidad queno soy capaz de recogerlas e ir guardandolas, para luego organizadas imprimirlas.
En estos momentos podría dedicarme a comenzar dos o tres relatos más. Quizas lo haga.
Hoy tenía que escribir, necesitaba escribir aunque no tuviera nada que decir, pues un maremoto de ideas me bombardean y no tengo la recepción adecuada para retenerlas.
Es posible que conforme pase el día, no muy estimulante por cierto, esa palabras, frases, puntos y comas se detengan en un orden lógico y pueda cazarlas, para mi propio beneficio. Demomento... seguiré esperando.

Del puerto al cuartel

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Los camiones militares nos esperaban a todos, fueron llamando por orden de cuarteles y formándolos delante de cada camión encargados de trasladarlos. Un cabo de artillería vociferó dos nombres; el de un gallego y el mío. A nosotros no nos esperaba un camión si no un "mil trescientos" como más tarde me enteré que se llamaba. Total para cuatro personas tampoco hacía falta más. El cabo enlace y el soldado conductor, sentados delante hablaban como confabulándose de algo, por dentro ya pensaba, seguro que nos hacen la primera novatada.

Pararon el coche delante de un bar que venía de camino. Vamos a parar y así nos libramos de retreta y a vosotros no os molestarán tanto pues enseguida tocarán silencio e igual os salváis de algún revolcón o putada. Entramos al bar tomamos unas cañas y charlamos sobre la vida en Melilla y sobre todo la vida en el cuartel, pasado un buen rato volvimos al coche directos al cuartel que sería nuestra residencia durante los próximos nueve meses.

El soldado enlace nos presentó en el cuerpo de guardia, salió el suboficial de guardia un sargento a recibirnos. Dió órdenes al cabo enlace que nos llevase a cocina para reponer fuerzas y después nos acompañasen a la batería nombre que se le da al barracón, en otros regimientos son compañías. Cenamos bien, además estábamos solos, bueno y un ranchero, “cocinero”, que nos acompañó durante la cena, después nos acompañó a la batería imaginaria y nos dijo dónde estaban nuestras camaretas. Una vez en la cama intentando conciliar el sueño cuando unos soldados vinieron a darnos la bienvenida, o sólo a matar el aburrimiento o simplemente hacer algo que saliese de lo normal.

El hecho es que se acercaron a mí con las bromas que luego serían típicas con todos los reemplazos que vendrían por detrás, ej: “te vendo un camello" o bien "¿saben tus padres que estas en África?" etc., estas tonterías a las tres de la madrugada después de un día movido y sin dormir aseguro que es una faena de las gordas aunque suave. Luego me ofrecieron tomar brandy quisiera o no. Vosotros mismos les contesté. Desde los quince años en que cogí una borrachera con brandy y anís no puedo ni olerlo, pero si queréis no hay problema. Me hicieron beber y acto seguido un soldado quedó impregnado de mis vómitos que con aguda puntería no fallé, todo lo contrario acerté de pleno, después de unas palabras mal sonantes, nunca más me volvieron a molestar. Por lo menos en la plana mayor de mando donde me habían trasladado.

De Málaga a Melilla

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Bien, nos habíamos librado de formar tanto en el muelle, para pasar lista y luego en cubierta, para un poco más de lo mismo, hasta que rompieron filas y llegamos nosotros apunto de quitar la pasarela.
El trayecto cruzando el estrecho duró unas ocho horas aproximadamente. La mar estaba razonablemente tranquila y el sol apretaba con ganas, para no perder la fama de esas tierras, en este caso, mar. Los delfines nos acompañaron las últimas millas de la travesía relajándonos y disfrutando con sus saltos y cabriolas. Dicen que salvan a los náufragos, me lo creo pues durante el tiempo que estuve observándolos, mi mente se alejó de los recuerdos que durante toda la noche y todo el ajetreado día. Viéndolos saltaba y jugaba con ellos y sobre todo los admiraba y envidiaba. Eran realmente libres, si no disimulaban muy bien. Alcé la vista y pude avistar tierra, África, Donde estaría Melilla me preguntaba, como era pregunta sin respuesta aparté de mi mente la posible ubicación para admirar o mejor dicho para comparar el paisaje y sobretodo el color de la tierra, Rojiza y anaranjada. Era bonita mi primera impresión, igual el viaje vale la pena aunque fura solo por el paisaje. El crepúsculo también se pavoneaba con su extensa cantidad de colores y formas aumentado la belleza de aquellos acantilados que nos recibían e indicaba nuestra próxima parada.
Anochecía cuando surgió ante nosotros la bocana del puerto de Melilla, las caras de los soldados fue cambiando con expresiones de desconcierto e incertidumbre.
Después de realizar todas las maniobra por los técnicos portuarios desembarcamos no muy ligeros , de echo no teníamos prisa alguna por saber que pasaría ahora o después.

Tortuoso camino de Melilla

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Con veinte años, recién casado, con muchas ganas de vivir pero claro, en casa, y otra vez la incertidumbre del destino.

Esta vez era un autobús y no un tren, el que lentamente abandonaba su parada, en él también mi lenta salida y con él, yo con mis dudas, con mi añoranza, con mis lágrimas del adiós y con mis primeras heridas en mi corazón, quizás mis primeras heridas de amor.

Algo me pasó durante ese permiso que realmente hiciese que me preocupase de algo, en este caso alguien, que no era yo mismo. Ahora me preocupaba de mi familia, pero en el exilio, con una paga de unas mil trescientas pesetas, unos ocho euros de los de ahora. Y eso porque iba a Melilla que se cobraba un poco más por peligrosidad o una cosa parecida... Tiene gracia... ahora que lo pienso debo de estar en deuda con el estado por pagarme más que en la península. Pues no! no tiene gracia y... qué narices... no les debo nada!

Como en el primer viaje, entre tribulaciones caí en manos de Morfeo, pero en esta ocasión demasiado profundamente lo que ocasionó que en un cambio de autobús que tenían que efectuar los viajeros que se dirigían a Málaga, pasó totalmente desapercibido para mí, bueno y a otro soldado que como yo se quedó dormido en los laureles. En nuestra ignorancia el viaje fue extraordinariamente tranquillo hasta Almería. Bajó todo el mundo menos los dos despistados soldados, que con cara de extraño ridículo y con la cabeza por encima de los asientos, como si de repente nos tuviésemos que esconder de algo. Serían las siete de la mañana el chofer estaba descargando los equipajes de los pasajeros, cuado quedó solo subió al autobús con aspecto preocupado, al vernos allá inmóviles y en un absoluto silencio. “¿que hacéis aún en el auto?", nos preguntó, más con tono de prever posibles problemas, que de extrañarse de nuestra presencia. Nos comentó que al poco de salir de Cornellá habían notificado el cambio de coche para los que dirigían para Málaga. Pues nosotros no lo hemos oído y si había traslado de autobús debían haberlo notificado en la agencia donde habíamos pagado los billetes de viaje.

El chofer tenía que ir a Motril y de ahí a un pueblo cerca de Málaga. Después nos acercaría a Málaga pues dejaba el auto en un hangar cerca del puerto, que era nuestro primer destino.

Legamos a Motril y viendo la hora que era y la hora que zarpaba el barco decidimos que no llegábamos a tiempo y podíamos tener problemas, pedimos permiso al conductor para acercarnos a la guardia civil y que desde allá se pusiesen en contacto con nuestros respectivos cuarteles. El conductor asentó con la cabeza advirtiendo que en unos treinta y cinco minutos el se iría.
Con unas simples señas corrimos en busca del cuartel de la benemérita. Sólo hicimos una manzana que, en una plaza de la cual tengo un vago recuerdo, posiblemente modificado. Entramos en el cuartel con aspecto cansado pero serios, formales e impecablemente limpios y arreglados. Nos atendió el Número que estaba de guardia. Le explicamos todo lo sucedido con infinita preocupación de que el estado se enfadase con nosotros y pudiera ejercer cualquier forma de represalias. "Eran otros tiempos" como ya he mencionado. El guardia adentró en una oficina después de haber pedido el obligatorio permiso. Salió después de unos dos o tres minutos, tiempo justo para comentar nuestro problema, nos dijo que esperásemos un momento. El tiempo se nos echaba en encima y nosotros seguíamos esperando a alguien que nos justificase. Por fin salió un sargento con aspecto semblante a todos los sargentos que pasean por España; bajo gordo y con bigote, además de cara de pocos amigos. Bueno chicos no os preocupéis, nos dijo, os haré un comprobante y si perdéis el barco cogéis el próximo barco, ya lo sabrán pues les telefonearé para que sepan lo sucedido. Por fin redactó con grandes dificultades, como todos los sargentos por entonces, dos reseñas para exculparnos de nuestro retraso. Cogimos el autocar por escasos segundos, ya que se disponía a poner el motor en marcha, aunque con las puertas aún abiertas. Dadas las prisas hasta es posible que llegásemos dentro de la hora establecida, o también que el pobre señor se apiadase de nosotros y nos esperase más de lo debido.

Algo más relajados emprendimos camino a ese pueblo donde terminaría la tercera parte del trayecto. De aquel pueblo si que no me acuerdo de nada, como tampoco de la cochera donde nos apeamos definitivamente en Málaga. Ciertamente estaba cerca del puerto. Con una breve indicación nuestro “nuevo amigo” se despidió de nosotros deseando que no tuviésemos problema alguno... Y corrimos otra vez pero en este caso en la búsqueda desesperada de un bar, no precisamente por sed aunque apeteciese, no, en este caso era una urgencia que no podíamos retener casi ya. Con la cantidad de bares que hay en España resulta que en plena zona portuaria no había ninguno visible, o es que tanta urgencia producía una ceguera que no nos permitía ver la palabra bar? En 1981 Dios apretaba pero no ahogaba, “ con el tiempo Él también cambiaría”. Milagro! pensé, un bar en la esquina, no pedimos más que donde estaba la puerta del lavabo, eso sí “por favor”, después de un intenso dolor y sin echar gota, sí, una primera presión hace que mi cara y mis sudores faciales se tornasen en un placer indescriptible pues creo que huelga hacerlo. Con enorme sonrisa y gran amabilidad pedimos una consumición, no en vano nos había salvado la vida, o casi. Después de pagar, que por cierto no era caro, pues aprovechamos a comer algo ya que creíamos que habíamos perdido el barco y a lo peor era nuestra última comida hasta quien sabe dónde o cuándo volveríamos a probar bocado. Sin grandes prisas nos dirigimos a preguntar a unos policías militares qué debíamos hacer. El barco no había salido aún pero no teníamos billete y sería el sobrecargo el encargado de aconsejarnos sobre los procedimientos de la compañía con el ejército. Subí el último cargado de un pesado petate cargado de cantidad de cosas inútiles, como la ropa de civil y otros objetos que no servirían para nada. Nos abordó es sobrecargo y muy amablemente nos cobró el trayecto y nos dio un billete que se suponía que nuestro cuartel nos abonaría. Bueno al fin y al cabo estábamos a bordo rumbo a Melilla, y además a la hora y como empezaba a ser costumbre por los pelos..."

De Cádiz a Gerona y luego...

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Acabó, acabó el desfile, yo no había visto a mi familia, pero ellos sí por lo cual en vez de buscarlos yo, me encontraron ellos a mí. La alegría fue la misma muchos besos muchos llantos esta vez mi madre se llevó la palma. Yo sólo pensaba en salir de aquel campamento y como todo pasa, también salimos a una corta libertad de catorce días todo un lujo después de esas seis semanas fatídicas.

Una vez en el coche les llevé hasta El Puerto, como no para despedirme de la señora que nos daba cama por un precio realmente barato y además cocinaba muy bien. Me aproveché de su hospitalidad para cambiarme de ropa y ducharme pues la jura nos había calado de polvo. Después de la ducha con ajax pues no encontré otro jabón, como apenas tenía pelo después del corte que nos dieron no tenía mucho que perder, nos dirigimos hasta los cocederos, también para despedirme de esos percebes gambas y en general de aquel surtido extenso de ácido úrico que esta de muerte.
Como a todos nos gustaban esas "porquerías" disfrutamos de lo lindo; no paraba de hablar de los grandes sacrificios que estaba haciendo por la patria y si lo hacia era para seguir comiendo y no perder bocado mientras ellos me hablaban cada uno de su tema, mi mujer que si me había echado de menos, que si estaba muy bien con mis padres, que si el trabajo estupendo, mi madre un tanto de lo mismo y mi padre pues hablándome del trabajo, como siempre acabábamos hablando los dos de lo mismo: del trabajo, de hecho nos atraía y así tampoco discutíamos.

Después de tan suculentos manjares contrastó con el hostal de carretera de Córdoba en el cual pernoctamos, no sólo por la diferencia de comida si no también por las habitaciones que daban pena, pero, fue lo único que pudimos encontrar dadas horas que eran y el cansancio que arrastrábamos todos, ellos por el viaje, ya unos 1700km. y yo por ese duro mes de entrenamiento y por supuesto una mañana crematoria y agotadora. No recuerdo si llegamos directamente a Rubí o a Palamós, pero era igual estaba en casa fuere donde fuere, al fin y al cabo estaba con mi mujer que en aquellos momentos era lo que más me importaba.

Recuerdo que la sensación que recorría mi cuerpo solo con mirarla o simplemente notar su presencia, hacía que todo aquel mes y pico hubiese valido la pena. La miraba constantemente como si de una película se tratase, intentaba memorizar fotograma a fotograma cada segundo que estábamos juntos, para luego cuando no estuviese ella durante los ocho o nueve meses que estaríamos separados pudiera proyectarla mentalmente.

Diez o catorce días no dan para mucho y pasaron con exagerada rapidez. Cuando quise darme cuenta estaba otra vez dispuesto para el viaje. Que no para la separación.

Loco autorizado

Las ventas de ser un "loco" reconocido" aunque sea temporalmente, como todo en esta vida tiene sus ventajas e inconvenientes. Por ejemplo: Estás reunidos con los amigos y el tema es mortalmente aburrido, o bien no te interesa para nada, en el momento que te preguntan cualquier cosa, sólo he de poner cara de sorpresa y como si acabase de llegar contesto. Perdón pero no estaba aquí, y no pasa absolutamente nada y además te indultan de la conversación y a veces hasta la cambian.
Por otro lado cuando la conversación está interesante y soy yo quien realmente me he dedicado a viajar con mi mente fuera de esta nuestra querida tierra, la cosa cambia pues... no me entero de nada y eso ya no es tan bueno.

Otra ventaja es que si una cosa no te apetece, por ejemplo ir a ver una determinada película, pues... con decir, "es que no me encuentro muy fino" y sin ningún tipo de insistencia o cambian los planes o bien puedo hacer yo los míos sin que nadie se moleste o piense que quiero arrastrar al grupo a hacer otra cosa que a mi me apetezca.
Lo confieso "aunque algún amigo que siga este blog me matará lentamente, para su regocijo" Yo no estoy loco, aunque si sigo un tratamiento, para el "estres" y sí, he empleado esos truquillos alguna vez.

Y si alguen tiene alguna duda sobre mi cordura... Que venga y le enseñaré mi colección de instrumentos de tortura.

Dice un refrán: "Cuando el diablo no sabe qué hacer, mata moscas con el rabo"."

Entre el matrimonio y el ejército

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La luna de miel no fue muy destacada no sé si por la juventud o bien por estar escasos de dinero, o por qué no, a causa de mi actitud ante ocasiones. El hecho es que aunque no lo pasé mal no tengo un especial recuerdo de aquellos días. Y aclaro no es mal recuerdo.

Pero la realidad se acercaba y el tiempo apremiaba. ¿Por qué?. Pues... ... es sencillo y a la vez complicado, recién casados y además con una criatura que venía de camino. Pero no se acababa ahí la cosa pues en mayo mi menda cumpliendo con el deber patriótico debía partir nada más y nada menos dirección Cádiz y más concretamente en un pueblo agradable y acogedor como es San Fernando. De allí sería trasladado a Melilla “África” para terminar mi instrucción militar, para defender a la patria, que por imperiosas necesidades no podía permitir que un ciudadano honrado, y entonces lo era , pudiera cumplir con la patria cerca de su nueva familia y compaginar el servicio a la patria con una recién inaugurada vida familiar ...

Pues la cuestión es que con las esperanzas de que un gobierno socialista podía
entrar a gobernar una España democrática que después del intento golpe de estado había recogido numerosos simpatizantes. Y el ejército. Del ejército español no tenía ni puñetera idea. Eso sí con esperanzas, de una reforma de los reemplazos, de la situación de los casados que era lo que realmente me importaba y de muchísimos rumores que circulaban por aquella época de estrenada democracia.

Después de rellenar una cantidad de papeles: Certificado de residencia, de pobreza , penales, matrimonio, de convivencia, etc. etc. . Era ridículo ... señor funcionario puede usted hacerme un certificado de que soy pobre... Será un certificado de pobreza ¿no?, pues será!!... contestaba yo... Aunque después pensaba, ¿será lo mismo?...

Con el ejército comenzó toda la movida y la realidad. ... y ... hasta creo que mi futuro.

A causa de mi esqueleto, que me recuerda a veces la radiografía de Don Quijote, tengo una desviación ligera de columna y... como era la única manera de intentar retrasar la entrada en nuestro glorioso ejército, me agarré a un clavo ardiendo y alegué mi desviación, para suerte mía aceptaron a realizarme unas pruebas para comprobar si era o no apto para el servicio. La noticia fue muy bien acogida por parte de las dos familias, bueno de las tres, pues claro yo tenía la misma aunque no sé si con aquel espacio de tiempo era consciente de mi situación. Los mozos estábamos convocados frente a cuartel de intendencia de Barcelona. Con un megáfono en mano un suboficial, lo supe después, iba llamando uno por uno para recoger los papeles de embarque cada cual a su punto de destino. Estaba nervioso, a la hora de recoger el embarque, yo debía alegar incapacidad para el servicio militar . Si ¿Pero luego? ¿qué?... Sería aceptada mi súplica o por el contrario me darían los billetes como al resto de los mozos aptos y tuviese que incorporarme esa tarde o al día siguiente según los trayectos y horarios a filas.

Haciendo cábalas estaba cuándo oí mi nombre, me acerqué a una mesa de madera vieja, como toda la fachada del cuartel. Después de contestar a las preguntas de rutina: Nombre, dirección, etc., escuché las palabras que estaba deseando oír toda la puñetera mañana. Tiene algo que alegar? Me preguntó un soldado con cara de “a ver cuándo se acaba esto”. Pues sí contesté de manera ingenua como esperando una respuesta de broma como.... “y a mí qué me importa” o algo parecido. Pero no, el pobre soldado no creo que estuviese para muchas bromas después de repetir la pregunta unas quinientas o seiscientas veces. Me dijo que esperase en una fila apartada donde otros mozos en la misma situación que yo aguardaban sin saber qué pasaría más tarde y con la incertidumbre de saber si que pasaría cuando acabasen con los últimos mozos y esas preguntas sistemáticas.

Después de unas dos largas horas de espera, y sin más “quintos” que preguntar, nos hicieron formar en fila de a uno y por orden de lista. Fuimos pasando todos, exponiendo cada cual su problema de la forma más exagerada posible, como si aquellos soldados fuesen médicos experimentados. Lo cierto es que se limitaban a escribir las dolencias de forma simplificada, como dolor de espalda, brazo roto, pies planos y así con todos. Por lo cual cuando me tocó a mí disertar mi problema la explicación fue sencilla, dolor de espalda. El soldado me miró con gesto de... ¿me está tomando el pelo? Y es que en este país las cosas funcionan así, si explicas, qué pesado y si eres escueto es que les tomas el pelo. Después de esa mirada de admiración o confusión según se mire, anotó “ dolor de espalda”, me dio un papel diciendo que el lunes por la mañana a las 8 am., como un reloj me presentase en ese mismo cuartel para comenzar el proceso de visitas médicas etc...

Me dirigía al coche con sensación de inseguridad e incertidumbre, pensando qué “leches” harían el lunes con nosotros. Una vez dentro del coche la cosa cambió, aquel habitáculo para mí era como estar en casa protegido de cualquier peligro y mi mente se puso a pensar en ese fin de semana que tenía por delante y no sabría si sería el último de esa primavera que pasase con mi recién inaugurada familia.
Me dirigí directo a Girona con alto grado de satisfacción y con extremas ganas de contar mi pequeña “aventura”. La hora y media que duró el viaje pasó asombrosamente larga, como si a cada kilómetro que recorría le añadiesen otros más, (de hecho en la carretera había una señalización que marcaba más kilómetro que otra posterior, lo cual no sabías si ibas o venías).

Ya en Palafrugell mi estrenada mujer y mis padres saltaban de alegría por el acontecimiento. No era para menos pues mientras otros ya estaban camino de sus respectivos destinos, yo disfrutaba del fin de semana en casita.
Pero como la vida no se detiene y menos por mí, llegó el domingo noche con las despedidas, por si acaso. Regresé a Rubí para pasar esa noche previa a la intrigante presentación.

Hospital Militar

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No eran las ocho cuando aparcaba el coche en sitio seguro por si acaso tenía que venir alguien a buscarlo, en el caso de que por ejemplo quedase interno en un hospital militar hasta la finalización de las pruebas.
Todo eran dudas y preguntas sin respuesta. Me dirigí lentamente hacia el gran portón de entrada, que en aquel momento no sabía si también sería de salida. No tenía prisa pues aunque las dudas me dominaban, tampoco me urgía saber que me depararía el interior de ese ruinoso cuartel. Dirigía la mirada a diestra y siniestra, como fotografiando las imágenes que veía y las que quería guardar a modo de despedida.

Frente a la entrada un grupo de jóvenes de mi edad aguardaba con cierto nerviosismo a que esa gran puerta se abriese. Pasaron unos treinta minutos de la hora establecida cuándo una pequeña puerta que pertenecía a ese gran portón se abrió, un suboficial y un soldado con un papel en mano salieron al umbral. Con voz de pocos amigos y alto grado de chulería el suboficial gritó, pónganse en fila de a uno conforme les valya nombrado y pasen la puerta sin perder esa formación. También dijo cosas como "presten atención pues no pienso repetir nombres" y cosas como esas que te hacían poner la piel de gallina.

Como todos yo también fui reclamado. Crucé la puerta, que por cierto solo se podía pasar de uno en uno dada la estrechez de la misma. Un patio de armas fue lo primero que vi, sin perder la fila nos fueron colocando en medio del patio. El “simpático” suboficial después de un carraspeo y con voz de cazalla empezó a exponernos el plan “de trabajo” que diariamente debíamos seguir escrupulosamente, so pena de ser desertores y cosas por el estilo. Teníamos que presentarnos cada día antes de las nueve y firmar en la lista que tenían preparada en un pequeño y cutre despacho, creo que ni la pintura quería estar allá pues en forma de grandes placas se desprendían de las paredes en forma de protesta. Pero antes de estampar la firma había que cumplir con la patria barriendo el famoso patio de adoquines, tierra y hiervas las cuales se suponía que debíamos quitar cada día. Y así comencé con mi servicio a la patria, con una escoba que era por supuesto mejor que agacharse a recoger las malditas hiervas.

Después de una hora aproximadamente, el tipo de "mala leche" como siempre gritando nos comunica que podemos ir firmando, para lo cual y como empezaba a ser habitual nos volvieron a formar y por una escalera que quedaba justo enfrente de la puerta de entrada comenzamos a desfilar o mejor a escalar aquellos altos e irregulares escalones que como todo el cuartel pedía a gritos una jubilación honrosa o sea la demolición de ese edificio con techos interminables barandas de hierro corroído por los años y el paso de tantas y tantas manos. Llegamos al primer piso casi con la lengua fuera, pues en vez de un piso parecían tres. Allí conocimos el despacho y a los dos soldados que un poco más amables nos esperaban con la lista y ese pequeño apartado para poder rubricar. Después de que nos dieran una hoja para presentarnos a los reconocimientos(hora y lugar de las pruebas), cada uno con cara de gran satisfacción fuimos saliendo y esta vez sin formar.

En mi hoja decía que tenía que presentarme al día siguiente en el hospital militar para visita médica. Tuve que retornar pues tenía hora a las nueve treinta de la mañana y claro no podía estar en dos sitios a la vez. Me contestaron que no había problema, en el hospital me darían un justificante que entregaría en esa oficina cuando acabase la visita, aunque sólo por las mañanas, si no al próximo día.
Más tranquilo salí de ese ya maldito cuartel, recogí mi coche y me dirigí a Rubí. No tenía prisa y además una de mis facultades es perderme con extraordinaria facilidad, o sea que me tomé la cosa con calma para intentar memorizar bien el camino.

Como siempre, en aquella época, a las nueve y treinta minutos estaba no sólo el hospital, si no que también había podido descubrir la planta y puerta donde sería visitado. Quedé sorprendido de la cantidad de gente que dice tiene problemas de espalda. Un pasillo largo y como no alto, empezaba a pensar que todos los edificios militares eran cochambrosos y de techo exageradamente altos, acogía a una multitud de personas que como yo teníamos cita a la misma hora. A las diez y media la puerta a la que todo el mundo miraba de reojo, no se había abierto para nada. Sin haber prácticamente desayunado mi estómago comenzaba a tocar esa música característica con sonido hueco muy hueco. Por fin sobre las once llegó un militar que debía de ser importante, pues todos los soldados que con él se cruzaban saludaban de forma automatizada y solemne, acompañado de una enfermera abrieron la esperada puerta, media hora después salió la enfermera, comenzó a llamar por orden alfabético, por lo cual teniendo en cuenta que tenía de tiempo hasta la letra M, salí raudo en busca de un bocadillo de lo que fuera. Tuve suerte y encontré rápidamente un bar, fue mi salvación pues mis tripas no perdonaban mi abandono.

Una vez satisfecha mis ansias volví al hospital para ver si me nombraban. Eran aproximadamente la una y media de la tarde cuándo después de nombrar a alguien con la letra J, dijo que nos esperaba a todos mañana a la misma hora y que nos podíamos marchar. Algunos de nosotros pedimos el justificante y nos contestó que no hacía falta y si nos decían algo entonces ella lo justificaría. Se dio la vuelta, abrió la puerta y desapareció.

Como no daba tiempo para acercarme hasta el cuartel, llamé por teléfono, tardaron en descolgar el auricular, expuse mi problema y me comentaron que no había de temer represalias. Bueno si no hay problema y ese es el control que llevan, esto puede tardar muchos días, antes que pudiera ir al tribunal médico y fallara mis resultados. Eso lo pensaba después de enterarme que el oficial médico era de medicina general y comentaron que él sólo decía a que especialista mandarte .
Otra vez, sin prisas cogí la carretera de la” arrabasada” dirección, otra vez para el pueblo. La carretera aunque llena de curvas y alguna corta recta, me infundía sensación de tranquilidad espiritual que intentaba conservar a toda costa. La primavera siempre ha sido mi estación favorita y esos olores que despierta, colores que alimentan el alma, pero no el estómago y tuve que empezar a acelerar antes que tuviese serios problemas conmigo.

Al día siguiente me presenté en el hospital pero, esta vez serían como las diez más que menos, la acumulación de gente continuaba igual que el día anterior. En esta ocasión el oficial estaba ya visitando, pregunté por qué letra iba, la mima de ayer me contestaron. Bueno por suerte llevé un bocadillo para amenizar la espera que prometía ser igual que el día anterior. No me equivoqué y sobre la una de la tarde escuché mi nombre. El oficial médico, capitán según oí, estaba sentado detrás de un despacho de hierro y formica, a tónica con el consultorio, de muebles antiguos y mal pintados y con el resto del hospital. Todo estaba a juego hasta con el capitán que si sería oficial, pero no caballero. Me hizo sentar, después de un espacio indeterminado de tiempo en absoluto silencio, comenzó con el interrogatorio: Nombre y apellidos, dirección y que me pasaba. Tengo desviación de espalda y me duele. Me miró por primera vez y acto seguido me entregó un papel. Puede retirarse, fueron las únicas palabras que pude escucharle. Y como no me fuí con el papel en mano y con terribles ganas de salir de ese hospital.

Aunque me daba mas o menos tiempo de llegar a intendencia, decidí no correr por si acaso o sea me fui al bar del otro día y me tomé, una cerveza que me supo a gloria pues el bocadillo de la mañana me reclamaba líquidos. Como el día anterior llamé por teléfono y comente la misma historia del día anterior, con idéntica contestación. Termine la cerveza y me fuí. Como le iba cogiendo el tranquillo al asunto militar, me presente sobre las doce del día siguiente y efectivamente no pasó nada. Nunca más barrí, pues antes de las doce no me presente ningún día. Y así entre visitas al hospital y visitas a intendencia pasé aproximadamente un mes y algo. Hasta que un día que fui a firmar, me comunicaron que la semana siguiente tendría tribunal médico.
Se acabó lo bueno pensé. Y... No me equivoqué.

Después de esperar, como siempre en el ejército, me hicieron pasar. Un grupo de militares sentados y en fila de tras de una mesa larga. Uno de ellos que estaba sentado en el centro y que debía ser de mayor graduación que el resto, me preguntó el nombre y seguidamente comenzaron a mirar expedientes, radiografías y a hablar entre ellos. Pasaron diez minutos angustiosos, sentado en una silla delante de todos aquellos galones, mirando las expresiones de cada uno haber si podía adivinar lo que pensaba cada uno, sobretodo el del medio. El presidente como en un juicio, por eso se llamaría tribunal médico, me ordenó levantar y después de decir mi nombre en voz alta me comunicó el resultado del “juicio”. “Culpable”, o sea apto para el servicio militar. En intendencia después de unos días me dieron los papeles para recoger el billete de tren hasta San Fernando, provincia de Cádiz.

Un mal día

En estos primeros días de primavera, en los que la vida se renueva... Mi corazón está afligido a causa de "los fantasmas del pasado" y como si de una nube negra se tratara mi mente se nubla hasta adquirir la oscuridad total. Esta tormenta que desencadeno en mi interior aún enturbia mi vida. Y ... aunque intento cambiar el rumbo para salir de la tormenta, los mandos no responden y mi corazón acusa que acusa ya la falta de combustible, va perdiendo altura.

Espero que el tiempo amáine y otra vez el sol caliente mis sentimientos.

Primera despedida e instrucción

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Claro está que el día de la despedida ... mejor dicho la jornada anterior la pasé con los amigos y algunos nuevos familiares, esas cosas que tanto me gustan... cuando realmente estaba en la estación de “Sans” para la auténtica separación sólo estaban mis Padres y Carolina, tampoco necesitaba nada ni a nadie más. Fue dura pero que muy dura, hasta ese momento, en el andén de la estación, no había reflexionado sobre mi partida y mucho menos hacia dónde me dirigía y no me refiero ni al nombre del pueblo ni del “C.I.R.” como se conocía al centro de instrucción de reclutas, si no precisamente en el tiempo que pasaría hasta que los volviese ver y que realmente estaba en filas estaba incorporado al ejército.

Cuando partió el tren , las lágrimas nos invadieron y las palabras se ahogaron en un tenso silencio entre miradas tristes... Fue duro muy duro. Desaparecidos de vista cuando una vez ya sentados y casi acomodados comenzaron a venirme imágenes del anden y sobre todo de la cara de Carolina quien tampoco pudo mantener el llanto. Sólo la veía a ella llorando, hasta que mis párpados venidos a bajo me proporcionaron el descanso que en esos momentos necesitaba.

Un par de horas de siesta fueron suficientes para relajarme y conseguir pensar en el trayecto tanto del tren, como de mi futura vida como militar. Como todas las madres la mía para no ser menos, preparó una bolsa con comida, con abundante comida y hasta una botellita con vino y otra de agua para poder pasar las viandas. De todas formas había coche bar, eso significaba que para estirar los pies tenías la excusa perfecta para caminar hasta allá. Entre paseo y paseo pasábamos el tiempo, los compañeros de viaje que también iban a Camposoto –Cádiz, y claro yo. Después de unas veinte horas de ferrocarril incluído un transbordo en Sevilla, llegamos a Cádiz y después al campamento de instrucción. Nos había venido a recibir dos soldados, éstos al menos eran simpáticos, subimos al camión y nos dejaron en la entrada del cuerpo de guardia. Un suboficial nos acompañó a nuestras respectivas compañías. Los de Ceuta a unos barracones de ladrillo nuevos y bien acondicionados, para los de Melilla grupo en el que me encontraba, nos reservaban unos muy encalados y con techo de “uralita”. Empecé a pensar que todo lo del ejército era viejo, además de alto. Unas grandes vigas de madera servían de corredores para que las ratas pudieran desplazarse con inmune libertad.

Como no llegué con mi reemplazo que ya había marchado a su destino final y antes del reemplazo siguiente, no hacía nada durante todo el día pues en mi compañía estaba sólo, bueno con unos seis soldados que ejercían de instructores, cuando habían reclutas claro. Una semana pasé vestido de paisano, matando el tiempo como podía. Hablaba con los soldados y en realidad me vino muy bien esa semana, pues cuando llegó el reemplazo con el que tenía que hacer la instrucción tuve algunas prioridades a la hora de hacer trabajos tales como limpieza de cocina o barrer cualquier cosa, tenían mucha manía con eso de que se barriese, aunque no de un corte de pelo al uno. Normalmente el cabo furrier me reclamaba como ayudante y pasaba el rato con él, jugando a las cartas o simplemente hablando y tomando algún que otro refresco. Los viernes a la hora del paseo salíamos de fin de semana, unas veces íbamos a Cádiz, otras al Puerto de Santa Maria donde por cierto tenían unos cocederos de marisco que quitaban el sueño bueno y el dinero, pero no se podía resistir.

Pasó el mes y medio de instrucción con muchos sudores y menos agua, pues estaba racionada. La noche anterior a la jura de bandera, me costó mucho coger el sueño pensando que por la mañana me reuniría con mi mujer y también con mis padres. Según mis cálculos estarían en algún hotel de Cádiz o rodalías. Y yo sobre un colchón lleno de chinches esperando la actuación del día siguiente. Al toque de diana la estampida fue general: lavarte, pasar lista y corriendo a preparar los petates y a desayunar que haría falta pues nos quedaba una mañana agotadora, además de un suculento desayuno que nos habían prometido por la noche durante la retreta . No nos mintieron croïsans de verdad y café con leche también autentico .Después de dos horas de estar formados en pleno mes de agosto con una temperatura ciertamente elevada. Los reclutas caían como moscas a causa de lipotimias, eran recogidos por los mismos soldados que nos dieron la instrucción y llevados a una tienda convertida en hospital de campaña, allí jurarían bandera y dejaban de sufrir. Después de una larguísima misa militar con el arma para arriba luego de rodillas después otra vez de pie y el sol que no dejaba de calentar y deshidratar. Pensaba sólo en tres cosas, la primera localizar a mi familia fue imposible y desistí, la segunda en que yo también me desmayase y así solidarizarme con mis compañeros, pero tampoco hubo suerte, y la tercera en una fuente, que tuviera agua pues no todas tenían.

Acabó la misa , los discursos de los altos mandos a los que no habíamos visto en la vida. Desfilamos jurando bandera nos volvimos a reagrupar y a la voz del capitán, ya conocía los galones, salimos a paso ligero hasta el fondo de la pista donde debíamos desfilar delante de la bandera, después de un corto sermón dio la orden del desfile, la pista era más larga de lo que creía y además las ganas de salir eran infinitas y no sólo por la familia era porque teníamos catorce días de permiso y eso si que importaba.

Anna la mayor

Anna la mayor

Hace algunos años nació una rosa en mi jardín (como dijo Antonio Flores).
La rosa se convirtió en mujer. Te quiero Anna.

Quien me entieda que me compre

Ayer tenía un día realmente funerario.
Pero....... hoy me he levantado no con más ganas que ayer. Como cada mañana siguiendo el ritual después del toque del despertador he levantado la persiana y la luz del día hoy me ha resultado especial, no sé explicarlo pero hoy me parecía especial. Luego he abierto el correo, también como cada mañana y unas simples palabras escritas todavía han levantado más esa sensación de "felicidad" que ya sentía. " Gracias Joana".
Hay veces que soy muy fácil de contentar y hoy es el día.
La formula Sol y unas frases apropiadas

Dedicatoria a mis Hijos

Dedicatoria a mis Hijos

“A mi hija Anna: Pequeña y preciosa naciste, con genio pacífico te abriste a la vida.
Anna mi pequeña ausente. Pequeña Anna pagaste la infancia, por la inmadurez.
Si por la inmadurez del egoísmo. La inmadurez de la falsa verdad. La inmadurez de quien creía que por el hecho de quererte ... tenía el derecho del Amor. Por la inmadurez de la propia vida... .
Hija Anna mi pequeña usente.
Con tus veintitrés primaveras y tus veiticuatro inviernos duros... Me quisiste de verdad, constancia tengo. Pero la vida no es justa y contigo no lo ha sido.
Hija Anna; ni mis pensamientos diarios, ni mis pobres oraciones, ni mi buenas intenciones... llenas de impotencia y frustración, ni ese Amor marchito de cariño, ni esa pena que ataca sin compasión mi alma, puede hacer que Tú, mi pequeña Anna no seas mi gran ausente.
Tus llantos de infancia reclamando tus derechos, tu juvenil sonrisa repleta de cariño e incluso paciencia,”ante la inmadurez”. Tu mirada adolescente deslumbrante de curiosidad, Tu fortaleza de mujer han hecho que mi amor por ti no pueda extinguirlo ni siquiera yo... .
Perdona mi inmadurez , mi egoísmo, mis falsas verdades, mis frustraciones. Perdona por pagar de niña los actos de los mayores... Perdón.
Hija Anna , mi pequeña Anna, si tu corazón se abriera .
Uniría el mío por siempre y te acompañaría por esta vida injusta tratando de llenar de flores el camino de tu destino. Y... No, no serías ya más mi gran ausente, hija Anna . Mi pequeña Anna.
Te Amo y te querré durante toda mi existencia . Hija Anna... Mi gran ausente.”

Txiki

“Bebe un sorbo de la copa que te ofrezco,
En ella encontrarás el néctar de la alegría
Que une las almas en un diálogo de amor.
En ésta, ni una sola gota
Es derramada inútilmente
Porque ello ratifica el pacto de unión,
La amistad eterna con la Vida”.
(Forelock)

“Existen momentos de dolor en los que tus sufrimientos necesita unas respuesta que nadie logra satisfacer. En estas circunstancias no hay ninguna palabra ni ningún gesto que puedan consolarte porque en el sufrimiento que experimentas está la intranquilidad del alma que se busca a sí misma”. (...)

“El sufrimiento significa separación y el la única soledad que existe y en la cual nos exiliamos, a veces de forma voluntaria ,... hasta que no nos es posible resistir. Pero, mientras siga existiendo esa separación, no experimentaremos ningún alivio”. (...)

Las Cartas de los Elfos, las Hadas y los Duendes. Tiziana Mattera
Título original: Le carte degli Elfi

Ediciones Obelisco. Pags. 118 y 119 Carta nº 30

Antes fué Anna, ahora Zara

Antes fué Anna, ahora Zara

A mi hija Zara: Mujercita donde las haya, dieciséis años de felicidad que derrocha por doquier.
Mujercita para la alegría, mujer para la sensatez. Niña para jugar; mujer para vivir el día a día.
Con su amplia sonrisa rellena los vacíos de mi existencia. Con sus ojos de cielo, ilumina la oscuridad de mi alma. Con la espontaneidad de sus gestos, estimula el movimiento de mi corazón. Con su despreocupación natural de afrontar la vida, estimula la mía .Con su futuro claro y confuso, me enseña que la vida tiene dos caras que cohabitan en mi interior y que forman parte de la vida, y de la muerte. Con su ilimitado cariño, hace que mi amor por ella parezca minúsculo ante tanta abundancia.
Mujercita para los sentimientos, niña para el amor. Mujercita para los demás, niña para mis ojos
Mujercita para los actos, niña para las acciones.
Mujercita y niña para una larga vida, mujercita y niña para el futuro, “tan lejano para ella como tardío para mí.”. Mujer con sus hermanos, niña para mí.
No es posible ser parcial con los sentimientos. Yo no lo soy... Cada día , cada momento, cada espacio, cada gesto, cada mirada ,cada acción, cada latido de su enorme corazón, cada sonrisa desinteresada, cada mueca de desacuerdo y de acuerdo. Hacen de ella un Ser maravilloso, feliz y comprometido. Me ilustra sobre la vida , el futuro y también... la muerte.
De ella aprendo; alegría, sensatez “inmadura”, jugar, vivir, sonreír y provocar que mis ojos busquen la luz, espontaneidad ,despreocupación, cariño, sentimientos, actos y acciones, vida y futuro , felicidad mucha felicidad y por encima de todo... Vida y futuro...Hombre y niño.
Gracias Mujer Mujercita.

Txiki

“Más allá de las puertas de los sentidos, Tú espíritu te observa.
Libre y magnífico, piafa como un jinete
Con un cándido manto luminoso como la luz de la luna.
Sobre su pecho brilla una alhaja de esmeralda
Y sobre la frente arde fúlgido el diamante.
Posee alas para llevarte muy lejos
A través de las puertas de los sentidos... tu Espíritu te llama”

( whiffle)

Las Cartas de los Elfos, las Hadas y los Duendes
Título original “le carte degli Elfi”
Tiziana Mattera
Ediciones obelisco Pag. 68 (Carta nº 15)

Ahora le toca a Robert

Ahora le toca a Robert

Robert, mi pequeña deuda. No por falta de cariño o amor, No por falta de interés , ni por mí ni por ti.
Robert, hijo tu corazón es más amplio que el horizonte, tú nobleza digna de las mejores pieza de orfebrería, tú hacer y deshacer personaliza tu Ser, tú energía capaz de mover todo y a todos, tu inmenso amor solo superable por tu bondad e inocencia... Adolescente inocencia, tu inteligencia, sé que serás “inteligente” para andar el camino de la vida, tu libertad tu más poderoso Don.
Robert hijo mi corazón está abierto y deseoso para compartir contigo esas dudas que te puedan conquistar. Mi casa está abierta pues no se puede cerrar la puerta a tu propio corazón. Mi mente como un reloj de precisión marca los segundos de tu existencia y me recuerda que formas parte de mí y que estas tanto en mi presente como en mi futuro. Todo Yó está abierto a ti... Porque te QUIERO.
No solo quiero ser “un padre”, quiero tener el privilegio de ser tu amigo... .
txiki

“ padre mío, he sentido tu Amor
descender del cielo en las gotas de lluvia.
Esa lluvia ha purificado la desconfianza
Que había tejido alrededor de mi cuerpo
Al igual que una telaraña.
Esa lluvia se ha convertido en un río
Que sigue su curso, dispuesto a sumergirse en el mar.
Esa lluvia... se ha convertido en el eco de tu voz
Que me llama: “Ven, pequeña gota”...” .

( Baum)

“Las cartas de los Elfos .Las hadas y los Duendes”
Titulo originar: Le Carte degli Elfi
Tiziana Mattera Ediciones obelisco
Pag. :34 carta n º 5

Será el más pequeño, pero Josep se hace notar

Será el más pequeño, pero Josep se hace notar

A hijo Josep.: Ese pequeño gran hombre de siete años ; que con sus risas y su inocencia llena mi corazón de todos los vacíos. A ese pequeño gran hombre que con sus risas y sonrisas libres de cualquier pecado alegra esos momentos de tristeza y egoísmo. A ese pequeño gran hombre que con su particular sinceridad, propia de los ángeles , alimenta mi vida y me demuestra con su ejemplo, la humildad . Sí... A ese pequeño gran hombre que diariamente me proporciona su desinteresado amor sin pedir nada a cambio, y me enseña que la vida está compuesta de cariño, sonrisas, sinceridad, inocencia, humildad, altruismo y sobre todo amor, amor desinteresado.
Es para tí hijo mío, para tí que me enseñas cada día que merece la pena vivir ,aunque sólo sea para corresponder tu amor.
txiki

“ Del silencio de tu corazón
durante tanto tiempo inmóvil y pensativo
ahora brotan los colores
y, de estos, los sonidos
que se derramarán bailando en el Universo...
y tu fábula tendrá su inicio...
si así lo deseas...
No debes hacer otra cosa
tan maravillosa como vivir”
( Allow)

Las cartas de los elfos, las hadas y los duendes

Título original “Le carte degli Elfi”

Tiziana Mattera

Ediciones Obelisco Pag. 121 ( Carta nº 31)

Palomas volando

Palomas volando

Mi comentario lo puse antes

Palomas volando

Palomas volando

Estamos tan acostumbrado a ver las palómas, que ni nos fijamos en ellas.El otro día las capté en el objetivo, y aohra viendolas sí me he fijado y hasta su vuelo es bonito, además de sus colores su figuras sus plumas... .
Aveces parado las cosas se ven diferentes.

Verticalidad

Verticalidad

Alineación marítima

Calle Gótica

Calle Gótica

Tanto el tiempo: como el calor o el frío sonrelativos en esta calle