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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2005. ADELANTEEscribió Machado; "Caminante no hay camino se hace camino al andar...". El resto no importa. Camina y no mires atras, Machado tambien puede equivocarse. Los primeros pasos de Anna40 Recuerdo como si fuera hoy cuando Anna dejó el “taca taca” y ella sola y sin ayuda daba sus primeros pasos. Estaba emocionado pues tenía la sensación que cuando eso sucediese, yo estaría fuera de casa. Pero por suerte no fue así y más a más fui el primero en verla andar y también su primer culatazo de su nueva aventura. Si alguna ilusión me quedaba por experimentar que me llenase de una infinita alegría fue esa, verla andar. También cuando la oí decir papá. A partir de aquel día todos los objetos de la casa se tuvieron que acomodar a una altura superior. Anna era pequeña pero sus manos eran rápidas y muy largas. Pero lo que a Carolina, de mano bastante fácil, le molestaba, a mí me daba risa, contenida eso sí. Llegaron de nuevo las navidades y para esas fechas sí nos repartimos los días de familia. Con las navidades volvieron las compras las comilonas y las alegrías, eso sí, con cierta tirantez y siempre con el temor de que alguien dijera algo inapropiado y comenzasen de nuevo las peleas. También llegaron los reyes magos. Ese día ha sido tan importante para mí que lo trasladaba a mi hija Anna. Disfrutaba viendo le la cara, entre miedo y asombro. Ella sabía que pasaba algo pero tampoco podía adivinar qué. Con todo no perdía detalle de todo lo que acontecía. Por la mañana con la entrega de los juguetes Anna estaba sorprendida de ver como de la noche a la mañana su cuarto aparecía lleno de paquetes y todos para ella. Su cuarto se lo había enmoquetado y a la cama le había recortado las patas de forma que solo levantaba diez centímetros de altura de forma que si se caía no teníamos miedo alguno. A de más Carolina le ponía siempre cojines por si acaso. Lo cierto es que por las mañanas tenias que buscarla entre cojines y juguetes. La idea funcionó pues sobre todo los domingos si nos quedábamos dormidos y ella no tenía hambre se ponía a jugar y nos daba cierta vidilla. Dejamos las navidades, nos metimos en Semana Santa y de corrida en verano. Como siempre el verano significaba más trabajo. Como siempre los que trabajábamos en la tienda nos poníamos los guantes, acortábamos los desayunos y como se dice, “a sacar el tajo”, así lo hacíamos. Era cansado, pero por otra parte subía la adrenalina y sin darte cuenta el ritmo y el rendimiento se acrecentaba hasta llegar a disfrutar de esa situación. Hay que tener en cuenta que el invierno era sumamente aburrido y ese cambio tanto de clima como de número de personas que se producía en verano estimulaba por si solo. Aquellos meses frenéticos no fueron muy diferentes al de años atrás en lo que se refería a lo cotidiano, en cambio si lo fue tratándose de mi estado familiar. Durante el mes que estuvieron mis suegros de vacaciones, yo no sabía ni donde tenía que ir a comer o a cenar, todo dependía si lo hacíamos en nuestro piso o bien en la casa de mis suegros. Realmente prefería más trabajar, que estar en compañía de los padres de Carolina. Al menos con Carlos nos reíamos casi todo el día y si habían cabreos eran sólo por la faena y cuando esta terminaba todo se olvidaba y a otra cosa. |