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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2005. El correo20 Uno de los acontecimientos que esperaba con ansia toda la tropa era el correo. En esos momentos parecíamos conejos cuando se reparte el pienso, todos expectantes a cuanta comida tocaríamos o bien si nos quedábamos sin comer. Mi teoría era que la alegría se acrecentaba proporcionalmente con la cantidad de cartas que se recibían y claro también la frecuencia . El correo venía normalmente a medio día, eso significaba que cuando la tropa paraba de sus que haberes cotidianos y repetitivos para reponer fuerzas con la comida, la primera visita obligada era pararse en la mesa del cuartelero de puerta donde las cartas quedaban custodiadas al la espera de un destinatario siempre ansiosos tanto de noticias como de sentimientos . Como yo no era una excepción. A esa hora era cuando más trabajo tenía. Carecía de importancia pues rápidamente y a través de radio macuto sabía si tenía o no correspondencia. Uno de esos días alguien, podía ser cualquiera me anunciaron que tenía carta. Mi primera reacción era la de salir corriendo para recogerlo, pero no lo hice así y aunque por dentro tenía unas ganas mortales de ir en su búsqueda, preferí esperar a que fuese yo quien tuviese el merecido descanso para saborear, o no, de su interior. Tardé casi un mes en recibir un correo de Carolina junto con una foto de “la niña”, aunque la carta no era larga por llamarla de algún modo la foto llenaba cualquier carencia. Al recibir las cartas por lo general todos nos sentábamos en la camareta, como si de cabinas separadas se tratase y como si en ellas buscásemos el refugio para poder digerir con dignidad, de la poca que nos quedaba , cualquier tipo de noticias fueran buenas o malas. Tras unos minutos de un silencio asombroso solo roto por el “asfixiado” de turno que al no recibir carta intentaba romper esos mágicos y dolorosos momentos. Mágicos momentos, antes de abrir el correo, pues quedaba el juego de observarlas , rotarlas, incluso olerlas , después de ese inocente juego llegaba el momento del dolor. Abrirlas era estremecedor pensando si el contenido podía ser bueno o malo. La respuesta estaba, cercana después quedaba el gusto o por el contrario el mal gusto. Aquella tarde mientras miraba el retrato la alegría era desbordante igual que la pena, paradojas de esas a las que estoy acostumbrado. Después de remover el archivo de imágenes nítidas que quedaban en mi cerebro decidí colocar la foto en sitio bien visible y autorizado de la taquilla . A partir de ese día cada vez que me cambiaba veía esa foto de 13x 9cm.. Aún la recuerdo dentro de la bañera... . fue mi refugio a los momentos malos, solo mirarla una sonrisa florecía en mi rostro y las penas eran menos. Cuando la asfixia se apoderaba de ti , el tiempo se paralizaba y por más que deseases que pasase tenias la sensación totalmente contraria, como si el licenciamiento fuese inalcanzable y el transcurrido no contase para nada. La famosa asfixia no era buena amiga y quien más quien menos allá todos quedamos atrapados alguna vez entre sus brazos. FELICIDADES Quiero felicitar humildemente a todas las madres, que de una u otra forma escriben cada día la historia de la vida a través de blogia.Ante todo, cómo no, quiero felicitar a la mía FELICIDADES MAMÁ una buena noticia21 Pinto , el ranchero mayor y nuevo amigo de penurias, y yo, por las tardes nos sentábamos al borde de un antiguo refugio de ametralladoras antiaéreas y oteábamos el horizonte, haber si teníamos la suerte de ver tierra, y después gritar( “ la peny” he visto la” peny”)... . Pero nunca se dio el caso y mientras hablábamos de todo un poco y de nada en concreto. Nuestra compañera , una botella de vermouth, ayudaba a que nuestras fantasías y anhelos se recreasen en absurdas formas como la esperanza de unos papeles de traslado o qué caray! los definitivos, soñábamos y no evadíamos de aquella también absurda realidad. Pinto también estaba casado pero sin hijos, de todas forma existía una complicidad al compartir emociones y situaciones comunes. El sol poco a poco retiraba su luz y con ella nuestro rato de “relax”. Era entonces cuando nos levantábamos sin prisa alguna y con la misma tranquilidad nos acercábamos a la cocina y como dos atracadores dábamos cuenta de lo bueno de las cámaras. Al tiempo hacíamos compañía al ranchero de guardia en ocasiones echábamos una mano y así entre tres, la comida y la charla se podía trasladar hasta las tantas de la noche y ya con el cuerpo cansado y anestesiado nos retirábamos a nuestras respectivas camaretas y conciliábamos el sueño en un cerrar de ojos. Por las mañanas las expectativas se veían de diferente forma que la noche anterior y nos arrepentíamos de corazón de nuestras aventuras o desventuras. Pasaron días , semanas y algunos meses... ,hasta que una mañana serían las diez o las once cuando un compañero dando saltos más que corriendo entró en la cocina me dijo que el teniente quería verme. ¿Pero que te pasa? , asombrado le pregunté, pues en esos precisos momentos en lo único que podía pensar era en el segundo plato que era mi responsabilidad. ¡Que te vas! que tus papeles dicen que están abajo en el regimiento. De momento el teniente quiere verte y eso es buena señal. Nunca desobedecía las ordenes y tal lo oído menos aún. Me faltó tiempo para ir en busca del famoso teniente. Después de dejar el mandil me giré y estaba allí, quiero decir que no fui yo si no que el propio oficial vino a mí. Era el mismo teniente que me colocó en cocina y por eso seguro que se adelantó para demostrar su “humanidad” delante del resto de mis compañeros. Le saludé muy militarmente , como siempre, respondió al saludo de una forma desenfadad e incluso amistosa. De pie delante del teniente solo esperaba que dijese que me podía ir, lo demás no me importaba para nada. Aguanté un pequeño discurso sobre como el ejercito resalta los valores más importantes del hombre, y que el trabajo de los mandos era duro y difícil pues aunque entendían las inquietudes de los soldados, ellos debían obedecer ordenes y eso no era tan fácil como nosotros podíamos pensar... . aguanté esa charla de moral y otras paridas que no vienen a cuento, con valiente estoicidad digna de un soldado del gran ejercito español. (Omito varias frases mal sonantes que pueden herir la sensibilidad de los lectores, referente a que yo pensaba del ejercito español). lo que piensoMUCHAS, MUHAS FELICIDADES.Y hoy ya a soportarlos que no es poco. petonet. ¿Civil o militar?22 El hecho es que desde ese preciso momento en el que me dijo que por la tarde vendrían los papeles “de libertad”, estaba rebajado de todo, hasta de la ropa militar. Ni lo dudé levanté la mano en forma de saludo y directo a la ducha. De allí a la taquilla a desenvolver la ropa de paisano que la tenía dentro de una bolsa de basura industrial, para que se ensuciase y arrugase lo menos posible. Que gozada “esto me recuerda a un anuncio de productos para adelgazar”, mi talla era la misma, aunque no me sorprendió en absoluto pues creo que siempre he llevado la misma talla, y no es por dar envidias a nadie. Con la ropa de civil todo se veía diferente hasta el hogar del soldado en el cual y sin tener que esperar a las horas de descanso, me tomé la mejor cerveza que había tomado desde el año pasado antes de incorporarme a la mili. No tenía prisa, sabía que el barco no salía hasta la noche o sea que me senté tranquilamente en una mesa con vistas a la cocina, donde mis compañeros en esos momentos debían ir como locos, pues yo me encargaba solo del segundo plato y seguro que me sustituiría “Pinto”, que para eso también estaba. No me importaba, me estaba dando el gustazo de tomarme la cerveza tranquilamente viendo como el resto, o, estaba en el cuerpo de guardia esperando la hora del relevo, o dándose “barridazos” contra el suelo a la voz de uno de eso pobre oficiales que comprendían a los soldados o de cuarteleros de puerta. No me gustaba lo que veía, pero tampoco me importaba. Sabía que ellos lo tenían que hacer tanto sí como no, y yo no, por eso disfrutaba sin remordimientos cada sorbo de esa maravillosa cerveza, primera en “libertad”. Lo malo es que hasta una cerveza se acaba y aquella lo hizo más rápido de lo esperado. Miré el reloj para saber cuanto faltaba para el descanso de la comida y como aún quedaba decidí pasear, total que otra cosa podía hacer si no tomar cervezas o pasear. Podía haber pedido un pase para bajar como civil a melilla, pero entre que tenía el dinero justo y que la caminada tampoco era de mi agrado, sobre todo el regreso, todo hacia arriba, no lo pedí. La calle principal estaba vacía así que me dirigí a la siguiente que era donde estaba mi batería, me acerqué otra vez a la camareta por pasar el rato. Abrí la taquilla varias veces comprobando siempre que no dejase nada que yo quisiese, lo mismo hacía con la bolsa de viaje que me dejó pinto. Como no había más que dos calles en ese destacamento volví a la principal. Allá estaba el comedor y mis compañeros, aunque quería entrar una sensación extraña me impedía abrir la puerta con normalidad. Me sentía culpable, y no por la cerveza que me había tomado. No, me sentía culpable por irme y dejarlos trabajando, obedeciendo órdenes y aguantando cabronadas, me sentía al tiempo impotente ante esa injusticia que era para mí el servicio militar obligatorio. Como tomando aire aceleré el paso, crucé el comedor, que por cierto estaba vacío y me adentré jovial en la cocina. Las bromas típicas, tanto sobre la ropa y otras tantas tonterías que aunque no las recuerdo, aún noto esa sensación de alegría, tristeza y también de protagonismo. Me quedé con ellos hasta que la comida como siempre a su hora estuvo lista, pero no les esperé a comer pues la noticia me había llegado a la hora del bocadillo y mi estómago no estaba para solidaridades. Después de una buena comida servida por mi mismo y algo diferente a la del resto de la tropa, me acerqué al hogar para disfrutar de un café y después y para no perder la costumbre una gratificante siesta. Serían sobre las siete de la tarde cuando el cabo enlace llegó con los papeles a por mí. Dichoso barco23 La despedida fue dolorosa, dejaba amigos que hombro a hombro habíamos dejado parte de nosotros en es minúsculo destacamento. Pero al tiempo la alegría era desmesurada, descomedida, descomunal y exagerada. Si, si, si, me iba a la peny, me iba a casa, me iba con mi familia. Entre sonrisas y lágrimas nos acercamos hasta el puerto y como quedaba aún hasta la hora de embarque aprovechamos la circunstancia para también despedirnos. Curiosamente el cabo enlace era el mismo que me recogió para llevarme en sentido contrario. Y si en aquella ocasión fue el quien dijo de parar y nos invitó a tomar algo, esta vez fui yo quien dio el alto y como no la invitación. Esperaron conmigo hasta que autorizaron subir a bordo. Desde la cubierta vi. Como se alejaban en aquel viejo mil trescientos que milagrosamente aguantaba. Busqué la butaca más adecuada para el viaje dejé mis pertenencias, prácticamente ropa sucia (sin el práctica) y algunos regalos que guardaba en la taquilla por si como así sucedió tenía que salir rápido. Subí en busca del bar para hacerme con algo de comer por si acaso por la noche me entraba hambre, de paso oteé posibles militares de permiso, para conversar durante el viaje. Me encontré con dos que casualmente se dirigían también a Barcelona, al menos no haría todo el viaje solo y sería algo más entretenido. Habían comentado que igual el barco no zarparía a causa del mal tiempo, y es que cuando el estrecho está revuelto contaban que era bastante violento, y por seguridad los barcos no salían. Este no fue el caso y al cabo de una hora más o menos, los prácticos comenzaron con las maniobras se salida. Con movimientos lentos pero bien estudiado le barco se fue encarando hacia la bocana del puerto. Una vez atravesada la bocana se notó enseguida pues de un suave balanceo casi inapreciable, se convirtió en una especie de bañera zarandeada al antojo del oleaje. ¿tenemos las repuestas?Nunca hubiese pensado que esos problemas que afectan a los demás, también podían afectarme a mi. Estoy separado y quiero con locura a mis hijos "putativos", tanto como si fueran mios biológicos o más. Anoche su madre me llamó a eso de las nueve de la noche, Se habian peleado madre e hija. Me preguntó si podía pasar la niña unos días conmigo, pues habían discutído. Yo no tuve ni tengo ningún inconveniente que estén en casa, todo lo contrario aunque en condiciones distintas, claro. A las once otra llamada, con escandalo de fondo y una voz llorosa , su madre, me pide que vaya inmediatamente a buscar a la cría, no lo dudé y me presenté rápidamente. El hecho es que se habían pegado mutuamente y la que empezó, no con la discusión, si no la pelea fue mi hija, (Pelea con golpes). Sé que ni puedo ni debo permitir que la niña levante la mano a su madre, tampoco puedo ni debo creer todo lo que la madre me comenta. ¿Tenemos autoridad para decidir que es lo correcto?. Paradójicamente estoy contento pues aunque sea en estas circustáncias tengo a mi hija, y aunque solo sea por una temporada va a esatr aquí conmigo, eso a mi ego le hace felíz. Esperando para zarpar24 No habrían pasado ni treinta minutos cuando a causa del aire frío que dominaba la noche hizo que dejase la cubierta para pasar al interior a recobrar un poco de calor y acomodarme en la butaca para pasar una noche que se preveía bastante movida. Cuando llegué agarrándome donde podía a causa de la agitación que estábamos sufriendo. La sala estaba casi completa y nadie era capaz de moverse del su asiento. El olor comenzaba a ser bastante desagradable a causa de los mareos generalizados del pasaje. Intenté coger una postura lo más cómoda posible y sobre todo con los pies en alto, pues el suelo comenzaba a ser una pasta mal oliente y asquerosamente desagradable. No podía pensar nada solo que ese maldito barco que días antes tantas ganas tenían de coger, esa noche quería que llegase lo antes posible a puerto y poner los pies en tierra firme que para mí es el estado natural de las personas. El tiempo no transcurría y tampoco podía conciliar el sueño pues los golpes que daba el barco contra las olas eran escalofriantes. En cada golpe la sensación que el casco se pudiera partir estaba presente, creo que en todas las cabezas de los que allí mal estábamos. Por suerte entre el mareo, el cansancio y las emociones del día pudieron con el zarandeo continuo a que estábamos sometidos. Cuando abrí los ojos la calma era casi absoluta, Apercibí otra vez el hedor de aquella sala y decidí levantarme con todo el cuidado del mundo para no pisar líquidos desagradables. Por fin salí a cubierta, la brisa fresca abrió los pulmones y logró que la sensación de mareo que me quedaba lentamente fuera desapareciendo. Hice un barrido con la vista aún legañosa y comprobé con agrado que se estaban realizando ya las maniobras de entrada al puerto de Almería. Aunque la noche había sido desagradable mi estómago no me dio mucha tregua y como pude volví a adentrarme en aquella sala infesta, recogí mis cosas y me dirigí hasta la cafetería. Un camarero solo y una pareja sentada era el único personal que estaba adentro. Pedí un café con leche y me senté a dar cuenta del bocadillo que me había agenciado en Melilla. Cuando acabé ya habían lanzado amarras y solo quedaba por sacar las pasarelas y bajar. ¡Que ganas tenía de pisar tierra! Localicé a los dos compañeros que se habían quedado en sus butacas cuando yo salí a respirar. Bajamos la rampa y nos dirigimos a pasar aduana, llevaba una chaqueta de piel que por la parte interior el forro se había descosido y astuto de mí metí un walkman pues pensaba que me harían pagar por ese aparato que en aquella época era una novedad. Dejé la bolsa en la mesa que me indicó un agente abrí la bolsa y la registraron por completo empecé a ponerme nervioso por si me cacheaban y encontraban el walkman. No fue así y los tres salimos a la calle en busca de la estación de ferrocarriles. reflexión¡Bueno! otra vez las aguas vuelven a su curso que se supone natural. ¿Se han acabado los problemas? No lo sé. Pero la vida inexoráblemente sigue y aunque aparentemente el mar pueda estar en calma no hay que perderlo de vista. Estos días he buscado tiempo para meditar. He buscado tanto las culpas como las disculpas, he buscado soluciones, he observado y escuchado como jamás lo había hecho en la vida. He...descubierto: Una niña con un corazón grande, una mujer responsable tanto del presente como de su futuro, he visto una niña con el corazón destrozado, destrozado por conocer la cruel realidad de la vida, he visto una mujer que pese a las circustáncias no ha abandonado alguna de sus obligaciones,he visto una niña llorar y rendirse a un amor más poderoso que ella misma, he visto una mujer reflexionar sobre lo sucedido. Ahora la veo diferente, a hace tan solo, quince días. Ahora la veo y valoro como lo que es y debe de ser, una adolescente. Con todo lo que ello con lleva, bueno y malo, responsable pero descabezada. Personalmente, para comprenderlos mejor ahora, es intentar recordarme en la edad de cada uno de ellos. Intentar que entiendan las postura de un viejo, que es como yo veía a los que tenían la edad que tengo yo, eso es más dificil, pero no imposible, y voy a seguir intentandolo, pues de lo que si estoy seguro, es que no poseemos la verdad absoluta y ésta puede ser muy ambígua. |