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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2005.

Una despedida y mi gran tristeza

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Esa tarde después de deambular todo el día me acerqué hasta el piso de los que habían sido nuestros vecinos con anterioridad. Allí estaba Anna con sus cuatro añitos y esperando a cumplir los cinco. No podía hablar y tampoco ver, tenía los ojos cubiertos de tristeza la voz ahogada por la amargura y la mente … diciéndome que las cosas cambiarían para toda mi vida y lo que estaba hecho ya estaba hecho... Si era justo o no… Yo no era en esos momentos quien podía juzgar, y ahora tampoco. Con esos pensamientos abracé a mi hija y como pude le dije que la quería y me despedí, ciertamente sabía que era una despedida.
Cogí el coche con una maleta de mano que había llenado con algo de ropa y esta vez sin proyectos ni ilusiones y aunque no recuerdo si fui o no directo a mi nueva casa, sé que allá llegué. Tampoco sé si me emborraché antes o después de coger el coche.
La primera noche como separado no pude pegar ojo. Pensaba sobre todo en Anna, y sentía que con mi ausencia nos distanciaríamos y perdería el cariño. No veía nada claro, en un solo día me había quedado sin mujer, sin subsidio, pues lo habíamos agotado para el bar y además sin trabajo, pues el bar era legalmente de Carolina.
También había perdido mis antiguas amistades de Bergur, pues durante los casi cinco años de casados no permitió nunca que visitásemos a mis amigos. Lo peor de todo es que yo se lo permití. Aquella noche sentí que mi pasado dejaba de existir y por la mañana comenzaría otra fase de mi vida totalmente diferente y desconocida.
03/10/2005 22:48 Enlace permanente. Tema: El día que perdí el Futuro No hay comentarios. Comentar.

Primera caída, primera puesta en pie

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Comenzaba una nueva vida sin algún tipo de expectativas. Me sentía vacío por primera vez. Me hacía preguntas y yo mismos me daba las respuestas,”como siempre”... Pensaba ¿por qué , por que no he podido conseguir mi sueño de tener una familia y ser feliz pese a todas las dificultades, aún hoy me hago la pregunta “dichosa”.
Aunque los primeros días fueron algo traumáticos, pronto comencé a buscar un trabajo nuevo.
Existía un bar muy pequeño en el centro de Palamos. Solía ir frecuentemente con mis padres y con Carolina pues tenia un buen repertorio de tapas de una muy buena calidad y una también muy buena atención al cliente. Una tarde nos habíamos acercado con mi padre a tomar unas tapitas, después de una larga charla nos comentaron que traspasaban el bar y se iban a Gerona para montar un restaurante. Seguimos hablando y a cada palabra yo me interesaba cada vez más por ese negocio. Tenía un precio más que interesante, además de una clientela selecta y una ubicación casi perfecta.
Sólo había un ligero problema: No tenía ni un duro.
De camino a casa mi padre me comentó que la idea de que me quedase con ese local no le desagradaba nada y sería cuestión de estudiarlo.
Después de unos días de visitas al bar para concretar detalles, estudiar un poco la clientela y sobre todo hacer cábalas y números, decidí arriesgarme y mover los hilos par obtener el dinero que necesitaba para quedarme con ese local.
Antes las casas de máquinas tragaperras estaban muy interesadas en hacer clientes y sobre todo no perderlos. Esa era la baza que debía de seguir y así lo hice. Con el dinero que me dieron abrí una cuenta justamente enfrente del bar. Pedí un préstamo y con él completé el dinero del traspaso. Sólo quedaba comprar las bebidas, tampoco hubo problema pues conocía las casas de reparto y no pusieron trabas a la hora de llenar el bar de bebidas con una primera compra a plazos.
Todo salió a pedir de boca y en cuestión de unos quince días abría mi bar, sólo quedaba esperar ver si funcionaba o por el contrario me había hipotecado hasta las pestañas
El hecho de que ya fuera cliente me daba una cierta ventaja a la hora de atender a esos clientes que se podían llamar fijos y además eran interesantes por el dinero que se dejaban, también me ayudó conocer bien la mecánica de aquel minúsculo, casi microscópico bar.
Habría a las ocho y treinta de la mañana y cerraba alrededor de las veintidós treinta. Al medio día venían mis padres con la comida, de esa forma podía descansar al menos media hora. Después ya me quedaba solo hasta la noche. Así casi cada día.
Estaba contento disfrutaba en aquel bar de solo unos doce metros cuadrados, contando los lavabos. Como es lógico no habían mesas, no cabrían, pero en la pared opuesta al mostrador, un metro de distancia, había una pequeña repisa de unos veinte centímetros de ancho, al menos cumplía con su función de barra.
Un día conté quince personas dentro y no cabía ni un dedal, pero no paraban de beber y comer. De hecho más que un bar estaba enfocado como una sidrería Asturiana. Traía los productos directamente de allí, lo más difícil era la sidra pues tenía que comprarse por camiones pues si no el precio era muy elevado.
Me junté con dos sidrerías más, una de Barcelona y otra de Gerona así fue como pudimos comprar un camión por un precio más que interesante y sin menester de una cantidad de cajas exagerada y un almacén donde guardarlas.
En poco tiempo estaba recuperado económicamente y todo marchaba de maravilla. Estaba dedicado exclusivamente al trabajo que era mi principal motivación y el resto quedaba en un segundo plano carente casi de importancia.
05/10/2005 21:15 Enlace permanente. Tema: El día que perdí el Futuro No hay comentarios. Comentar.

Otro negocio

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Mi padre por el contrario no estaba del todo bien en la empresa. Le convocaban continuamente a reuniones los lunes que era su día de fiesta y comenzó a decir que no podía asistir, a todo esto se le añadía la ausencia de una persona que le ayudase, pues desde que yo me fui no pusieron a nadie y sin embargo la tienda seguía con el mismo volumen de ventas. Eso le desanimaba cada día más hasta que poco a poco se fue creando una guerra personal contra la empresa.
De hecho la empresa había estado cambiando directores con bastante asiduidad desde que yo la dejé.
No tardaron mucho en proponerle el despido igual que habían hecho conmigo casi dos años antes.
Aceptó el despido y se le veía aliviado, había tenido durante muchos meses una gran presión. Aquel día estaba contento he incluso le vi con ganas de vivir y de trabajar.
Cerré el bar y nos fuimos a celebrarlo en un restaurante con una buena comilona. Pasamos horas hablando, sobre su futuro, que tenía pensado, en fin un poco de todo. Ese día hice fiesta después de dos años trabajando todos los días.
Después de unos días de merecido descanso mi padre vino a hablar conmigo, era temporada de angulas y quería que cenásemos los tres juntos. Acepté.
No se trataba sólo de una comida de familia, aunque ciertamente de familia se trataba. Me propuso que nos asociásemos con el bar y como el mío se estaba haciendo ciertamente pequeño, entre los tres podíamos hacernos con otro que sirviese de restaurante.
La idea no me pareció nada mal, al fin y al cabo ya habíamos trabajado juntos y no había ido nada mal, ¿por qué no?
Al día siguiente comenzamos con la búsqueda de un nuevo local, para ampliar el negocio.
Eran buenos tiempos para encontrar locales adecuados y a buen precio, así que no tuvimos inconvenientes en encontrar una que se ajustase a nuestras exigencias.
Utilizamos de nuevo la táctica de las máquinas tragaperras, mi padre que había recibido una buena cantidad también puso una parte y yo que ya tenía unos ahorros considerables puse la tercera parte. Todo salió perfecto y la nueva sociedad ya estaba en marcha.
El nuevo bar-restaurante estaba situado en la parte alta de el pueblo, tenía dos salas que podían utilizarse como comedor, una cocina no muy grande pero si bien equipada y una barra de unos nueve metros de largo, cosa que para el servicio de tapas nos venía de perlas.
También nos habían dejado una máquina de asar pollos y según nos contaron en verano tenían muy buena salida.
Con todo eso y muchas ilusiones comenzamos ha trabajarlo.
Mucha de la clientela que tenía yo en el bar pequeño, venían al nuevo, sobre todo cuando lo hacían con familia o amigos y en estos casos se notaba más los fines de semana.
18/10/2005 21:31 Enlace permanente. Tema: El día que perdí el Futuro No hay comentarios. Comentar.

Coas que te desaniman y desesperan

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Mi madre solía abrir el bar pequeño y en pocos días se había ganado una clientela que ni mi padre ni yo hubiésemos tenido jamás. Todas las mañanas el bar se llenaba de mujeres y por lo que veía las veces que iba se lo pasaban muy bien. Este horario se extendió a las cuatro de la tarde, cuando muchas tenían que entrar a trabajar y aprovechaban para tomarse un café y cotillear un poco.
Mi vida profesional estaba más o menos encarrilada, con muchas horas de trabajo, pero bien encarrilada. Al menos ahora las horas que hacía trabajando eran para mi propio beneficio y como dice el refrán; “sarna con gusto no pica”.
En lo que se refería a mi vida personal empecé a tener los primeros problemas con Carolina. Sin venir a cuento un fin de semana que me correspondía tener a Anna, me presenté como de costumbre a recogerla. Como siempre iba contento, tener a Anna era lo que anhelaba durante toda la semana, o mejor dicho durante toda la quincena. Llamé al timbre, como de costumbre, la diferencia fue que en esa ocasión salió sólo carolina, pregunté por Anna y Carolina me dijo que no vendría conmigo aquel fin de semana ni otros. Quedé paralizado y sorprendido, no entendía la postura de Carolina, le pedí explicaciones como era lógico y natural. Su respuesta era que como vivía con mis padres no me la quería dejar y por eso la había mandado con sus padres a Rubí. No me cabía en la cabeza dicha posición de Carolina. ¿Qué tenían que ver mis padres ahora con que yo disfrutase con mi hija el fin de semana que por ley me correspondía?... No sé lo que me pasó por mi mente (bueno si), pero nada bonito como para escribirlo en este momento. Me fui reprimiendo mi rabia, estaba confuso y perdido. Era viernes y pasaban de las ocho de la tarde, hasta el lunes no podía hablar con mi abogado, me dirigí a la policía municipal para denunciar el hecho… Después de denunciar lo sucedido el policía que me atendió me dijo que ya me llamarían del juzgado y que en esos momentos no podía hacer nada más. En lo que más hincapié puso el agente era si yo pasaba la pensión de manutención a su madre, ¡pues claro que la paso!, y no solo eso, encima le pasaba más dinero del que “por ley” me correspondía. Salí de comisaría desolado y sobretodo enojado ante esa situación de impotencia que me habían creado.
El lunes como era lógico me puse en contacto con mi abogado para comentarle lo sucedido. En primer lugar me comentó que la denuncia que había puesto no servía para nada pues la policía municipal no tenía competencia para estos asuntos. Después me comentó que fuese a buscar a Anna el próximo fin de semana que me correspondiese y que llevase dos testigos, si me volvía a decir que no me la dejaba no tenía que decir ni hacer nada, pues el después pondría una denuncia para que así estuviese protegido por una sentencia judicial.
Así lo hice, al cabo de quince días me personé con dos amigos tal y como me había aconsejado mi abogado. Como respuesta de Carolina fue otro “no te la dejo”. Me fui sin decir nada, aunque es lo que se supone que tenía que hacer no era precisamente lo que yo hubiese hecho en aquel instante, así que me comí el orgullo y volví al bar con la cabeza baja y el alma rota. Por más que quería entender dicha situación no le encontraba ni pies ni cabeza. Soy una persona pacífica, pero aquella tarde pasaron mil y una ideas para hacer daño a Carolina, quería que sufriera más que yo, en realidad quería que desapareciese de este mundo, esa era la única manera de solucionar el problema que tan maléficamente Carolina había tramado. Aún años después me arrepentí de no haberlo hecho, sé que no suena bien, pero los pensamientos son de cada uno y los míos eran esos.
Por más que lo pensaba menos entendía que era lo que pretendía Carolina y sobre todo ¿por qué?
Siguiendo de nuevo las recomendaciones el lunes otra vez volví a visitar al abogado con mis dos amigos, tal y como me había dicho.
Tomo nota de todo lo que había sucedido, hizo un escrito y mis amigos lo firmaron siguiendo sus instrucciones, después de muchas palabras diciéndome que no me preocupase, que todo iría bien, que el juez resolvería rápido a mi favor etc.…
En mi interior algo me decía que no todo iría también como el abogado me había dicho y sin embargo tenía esperanzas que sus palabras fuesen ciertas.
Ahora solo faltaba esperar la famosa resolución, obligando a Carolina a respetar el régimen de visitas.
Los días fueron pasando y con ellos llegaba el verano y como siempre el aumento de trabajo.

Alegrías y tristezas

49 En el nuevo restaurante nos habían dejado una máquina de asar pollos (bueno pollos o lo que quisieras siempre que cupiese, claro), Como siempre en España estamos llenos de ingenieros dispuestos a asesorarte en la manera correcta de asar un pollo, la cuestión es que como yo siempre he sido muy autodidacta no tardé mucho en hacerlos a mi manera, en poco tiempo comencé a tener una cierta “fama” no solo con los pollos, también con los conejos, butifarras (salchichas típicas de Cataluña), churrascos, redondos de ternera etc. El nuevo restaurante comenzaba a dar sus frutos. Estábamos contentos, pero siempre con perspectivas de ampliar el negocio. Uno de nuestros clientes era propietario de unos campings de la zona, concretamente uno en el mismo centro y dos en el término municipal de Mont.-ras. El hecho es que aunque tenían servicio de restaurante, no hacían comida para llevar, cosa que aprovechamos para venderles nuestros productos. Ellos tenían una comisión y lo más importante, ofrecían un nuevo servicio a sus clientes. El sistema era muy sencillo y bastante práctico: En el camping del pueblo los encargos se tenían que hacer dos horas antes, mientras que los que estaban en Mont.-ras el pedido era único. Todo esto hacía que nuestro trabajo se simplificase aunque al mismo tiempo nos duplicaba el trabajo, pues éramos nosotros los que llevábamos los pedidos a cada establecimiento. No tardamos mucho en cuestionarnos la posibilidad de contratar a alguien para que nos ayudase como camarero sobre todo durante las horas punta. Contratamos a un chico marroquí en un tiempo en el que los inmigrantes aún no representaban una masificación notable. Nos venía de perlas pues aparte de hablar un perfecto castellano, entender e incluso hablar algo de catalán, también dominaba el inglés, alemán y francés. Era una persona muy educada y con un nivel cultural alto. Con el nuevo fichaje teníamos la plantilla completa para toda la temporada o al menos eso creíamos. Me había comprado un vespa que utilizaba para el transporte de los pedidos. A los pocos días los clientes ya habían puesto un mote al reparto “el pollo Express”, tan bien había suscitado algunas envidias, ya que uno de los campings era naturista. He de decir que a todo te acostumbras o casi. Pocos días pasaron cuando tuvimos que ampliar la plantilla, pues mi madre no podía hacer frente sola el bar pequeño. Definitivamente esta vez sí, quedó la plantilla completa y todos como pudimos pasamos la temporada estival. Entre tanto mi abogado aún no había dado señales de vida y yo me comenzaba a inquietar. Llegó septiembre y disponía de más tiempo para poder dedicarme a mis asuntos personales. Una tarde me acerqué para hablar con él personalmente. Todo lo que me dijo me sonaba más a excusas que a un trabajo correctamente hecho. Salí decepcionado y con un humor de perros. Decidí tomarme la justicia por mi cuenta y dejé de pasar la manutención que la ley me obligaba. Curiosamente en pocos días recibí una notificación judicial comunicándome que si no pagaba en el plazo de diez días se procedería al embargo de mis bienes. No lo entendía tres meses hacía que lo había puesto la deducía y aún no me habían comunicado nada, mientras que aún no había pasado ni un mes de retraso y ya me amenazaban con el embargo. La justicia en España no me parecía justa precisamente. Muchas cosas no entraban en mi cabeza respecto la legalidad incluso constitucional de nuestro sistema judicial. No entendía porqué la constitución dice que todos los españoles éramos iguales sin distinción de sexo, raza ideología políticas, de religión etc. Entonces ¿Por qué?... Por el hecho de ser mujer su madre, poesía la custodia automática de Anna. La ley me estaba diciendo que yo no estaba cualificado para educar a mi hija correctamente o sea tonto. No lo entendía entonces y no lo entiendo ahora. Si alguien me lo explica lo agradeceré. En esta ocasión no pasó mucho tiempo en llegar una sentencia por la cual estaba obligada a cumplir con el régimen de visitas. Esa vez lo respetó. Quedamos para el viernes por la tarde, tal y como dictaba la sentencia. El piso donde vivía Anna era un primero, es una mudanza que no he contado y que fue precisamente el detonante del principio serio de nuestra separación. Anna estaba esperando en el balcón mirando de un lado a otro, la conjunción de tres calles posibles para intentar verme. Precisamente bajaba yo por la calle central, la vi desde lejos aunque la reconocí sólo de cerca, apoyada en el balcón y estirando el cuello, como si de un telescopio se tratara, quedó parada un instante y como alma que lleva el diablo giró sobre si misma y desapareció en el interior del salón. No había dejado aparcado el coche justo frente el portal de la niña, cuando de él salió como un cohete mi preciosa hija. Corría como podía pero sus seis años aguantaban como podían las bolsas de sus mudas y demás pertenencias necesarias para pasar unas vacaciones, más que un fin de semana. La socorrí con el peso y nos dimos un abrazo que hizo difícil aguantar las lágrimas. Pasó en seguida, Carolina venía detrás, como si no hubiera pasado nada, yo por mi parte puse cara de póquer e igual que ella conversé con ella intentando siempre reprimir mi ira. Por fin después de recibir las instrucciones pertinentes como si ella fuera la propietaria de Anna y solo ella poseyese la razón indiscutible, nos quedamos solos en el coche. Salí de Palafrugell y paré en el primer bar que encontré dirección Palamos. Nada más salir del coche le di otro abrazo y un beso que me hizo recordar los muchos que le había dado, pero también los que no. Había crecido a lo alto pues a lo ancho salió a su padre que es mejor que no me ponga de perfil. Se había dejado el pelo largo y llevaba una cola de caballo, le daba un aspecto todavía más esterilizado, si cabe. No lo he dicho aún, pero lo voy a decir, ¡que guapa que estaba! Merendamos a lo grande, no en vano más que un bar como he dicho antes era una pastelería y cafetería. Lo cierto es que tienen cosas deliciosas y era uno de los sitios habituales para ir en familia a merendar o para quedar bien con cualquier compromiso. Sabía de ante mano que allí Anna no tendría problemas en elegir algo y además tenían un pequeño parque infantil que aprovechaba mientras yo me fumaba un cigarro. Pasado un largo rato y antes de que un camarero me sugiriese que llevase a mi hija a un parque de atracciones, cogí a Anna y aunque no muy convencida nos fuimos. Me he saltado dos mudanzas más estando separado, aunque no tenían importancia pues aparte de una televisión solo poseía una maleta de ropa, por si hay que salir corriendo comentaba. La tercera mudanza de Palamos fue a un primer piso situado frente al restaurante. Llegamos por fin a Palamos, primero pasamos por el bar pequeño a ver a mi madre, como en ese momento se había quedado sola decidí cerrar el bar, aunque aún era bastante pronto. Desde allí mismo llamé a mi padre para que el también comenzara a recoger el bar y por causa excepcional lo cerrase. No le debió parecer mala idea pues cuando llegamos al restaurante solo quedaba el Típico cliente que le gusta fastidiar un momento de alegría ajena. Soy bastante tranquilo en apariencias y Dios me ha dado una voz que en momentos puede ser bastante potente, además debo poner cara de muy mala leche, pues cuando le dije que por favor se marchase el antes de que yo le ayudase no dudó en hacer mutis por el foro disculpándose de yo que sé que cosas. Antes de ir a buscar a Anna fui al video y no sé cuantas películas infantiles dejé en el comercio, el resto me las llevé yo. No merecía la pena salir a comer a ningún sitio pues si la fiesta era para Anna, ella ya casi había cenado Nos preparamos una buena cena con todo lujo de detalles y como si de un catering se tratara, cogimos todo, cruzamos la calle y nos acomodamos en mi nueva vivienda, y también de Anna como no. Mientras nosotros comíamos la niña disfrutaba de los juguetes y de las benditas películas de la factoría Disney. El recuerdo de esa tarde y noche lo guardo con especial cariño en el puesto donde guardo lo que amo. Siempre se dice y es verdad que lo bueno pasa pronto y... Llegó el domingo por la tarde y también la hora en que nos teníamos que despedir. Primero de los abuelos, que la abrazaban como si ya no la volviesen a ver y en cierta forma posiblemente no iban muy desencaminados. Anna no se quería ir, pero así son las cosas y también las primeras injusticias que cometemos los padres cuando adultamente nos separamos. Después de muchos lloros por parte de ella y muchas promesas por mi parte, quedó más o menos convencida y pudimos dirigirnos de nuevo a Palafrugell. Intenté ser lo más breve posible y me despedí con dos besos y la promesa de ir a buscarla de nuevo al cabo de unos quince días. Llame al timbre y al poco bajó su madre a recogerla, Hola y a dios fueron mis únicas palabras y me fui. El coche me parecía enorme y silencioso, mis ánimos por los suelos y mis ojos llenos de rabia e impotencia. No me dirigí directamente al trabajo, pare en el bar de un conocido y cómplice de salidas nocturnas. Tenía ganas de emborracharme, de decir estupideces sin sentido, de hacer quijotadas arreglando el mundo y con suerte no pensar. Primero uno y después otro cayeron los dos combinados de ginebra y limón. Después de cerrar el bar y ya en mi casa fui tomando hasta que la luz de la mañana frenó mi alcohólica huida. Todo marchó más o menos bien durante bastante tiempo, aunque los regimenes de vistas era bastante sui géneris, mejor eso que nada, y algo más barato que los pleitos con abogados o al menos con el que desgraciadamente yo contraté. Parecía que todo se normalizaba y yo comenzaba a ver la luz de la felicidad, comencé a salir más a menudo con mis amigos y compañeros de profesión, nos lo pasábamos bien, teníamos temas comunes y a todos nos gustaba jugar a los chinos, o sea que llegar algo tocado a casa era de lo más normal. Hay que decir que eran las dos únicas horas del día que desconectabas del trabajo e incluso de los problemas. El hecho que todos fuésemos propietarios también nos venía bien pues durante el día no comentábamos ofertas del mercado o bien de los distribuidores etc.… Aunque lo mejor venía cuando ya en temporada baja nos reuníamos para comer algún que otro cabrito y pasar un día de campo y casi de libertad. En aquellas ocasiones la gente se iba por eliminación, i algunos casi antes incluso de comer. Eran ratos muy divertidos y sobre todo de muy buen ambiente.
26/10/2005 23:16 Enlace permanente. Tema: El día que perdí el Futuro No hay comentarios. Comentar.

Más cambios

50 Aquellas navidades incluso Carolina respeto las vacaciones y puede disfrutarla los días que me correspondían. La lastima fue que la noche de reyes no pude nunca más pasarla con ella, y eso si es una espina clavada de por vida. Todo iba a pedir de boca, los dos restaurantes ya se autofinanciaban solos, yo veía regularmente a mi hija y volvía a ser una persona casi feliz. Como en el bar de arriba para el invierno prácticamente no utilizábamos el comedor decidimos comprar un billar americano, Teníamos un instituto cerca y el billar estaba de moda. Fue una gran compra, en dos meses ya habíamos recaudado su importe y cada vez venía más gente para jugar. Para que fuese más rotativo y todo el mundo pudiese jugar, conforme llegaban ponían el dinero en el marco del billar, concretamente 100pesetas y eso marcaba el turno de juego. Algunas noches tenía que cerrar y sobre la mesa quedaban bastantes monedas esperando. No era fácil convencer al personal pero... Corría ya el año noventa cuando se nos ofreció otro bar también en zona céntrica y a un precio muy apetecible. Discutimos los tres la posibilidad de quedarnos lo, planeamos como podíamos llevarlo, que personal necesitaríamos, y como queríamos enfocarlo. Aunque el bar pequeño disfrutaba de una variedad de tapas considerables, la cocina que tenía era pequeña, una plancha con hornillo, eso limitaba bastante. ¿Quien dijo miedo?... La cuestión es que después de unos números casi innecesarios nos quedamos con otro local, ya eran tres. Más trabajo, más problemas, más empleados y menos tiempo para disfrutar de nuestra vida. Lo cierto es que el dinero entraba cada día más. Aunque también había que sudarlo también más. Entre tanto Carolina aburrida de aparentar ser buena persona, otra vez impidió que viese a la niña. Otra vez al abogado. Otra vez a pagar, otra vez a esperar sentencia y otra vez los meses volvían a pasar y también a desesperar. Cada noche cuando me acostaba recordaba el rostro de Anna y entre sudores de rabia, recuerdos y una buena dosis de alcohol me quedaba dormido un rato, pues la mañana me sorprendía y tenía que volver a luchar con otro nuevo día. Ese verano comenzó a ser insufrible, los tres locales requerían de mucha atención y prácticamente me pasaba toda la mañana pinchando pollos y reponiendo existencias en los bares. Era agobiante pues no tenias un solo momento de descanso los rostros de mis padres cada vez se dibujaban más y más agotados. Terminamos ese verano como pudimos y decidimos que teníamos que replantearnos la situación. Discutimos sobre desprendernos del pequeño, aunque a mí personalmente no era el que hubiese preferido. Tomada la decisión y con el dinero que nos dieron con la venta de los aparatos que eran de nuestra propiedad, nos pasamos todo el mes de septiembre de vacaciones por Galicia y Asturias. El hecho de desprendernos de ese pequeño bar produjo me un gran alivio, pensaba que al desprendernos de él todas las tensiones, nervios y malos humores pasarían a formar parte del pasado. No sé si realmente necesitábamos tanto vender el bar como coger unas merecidas vacaciones. El hecho es que ya no había marcha a tras y sin pensarlo más esa misma tarde salimos de vacaciones. Las primeras que tomaba desde que me había separado de Carolina, de hecho era también los primeros fines de semana y fiestas de “guardar” que me permitía el lujo de coger y digo coger como si fuera a un clavo ardiendo.

27/10/2005 20:50 Enlace permanente. Tema: El día que perdí el Futuro No hay comentarios. Comentar.


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